31 de enero de 2013

La ramita de tomillo


José apretó la ramita con fuerza, tanta que se clavó una protuberancia en la palma, provocándose una herida. Notó una mano en el hombro, tranquilizadora y apremiante al mismo tiempo, y supo que había llegado la hora, tenían que marcharse. Cerró los ojos, tragándose las lágrimas agolpadas en su garganta y en su pecho…

Cuando ya estaba sobre el puente de piedra alguien dio la orden, José supuso que era la voz del alcalde la que resonó en la noche, aunque jamás llegó a saberlo. Varias antorchas rompieron la oscuridad e iniciaron el incendio. Durante años nadie osó regresar, por temor a contagiarse de la Peste, ni siquiera José, un pequeño de cinco años, el único superviviente de la última familia masacrada por la plaga, que llevaría para siempre el recuerdo de aquella noche regada con fuego, cenizas y lágrimas.

Cuando ya estaba sobre el puente de piedra alguien dio la orden, José supuso que era la voz del alcalde la que resonó en la noche, aunque jamás llegó a saberlo. Varias antorchas rompieron la oscuridad e iniciaron el incendio. Durante años nadie osó regresar, por temor a contagiarse de la Peste, ni siquiera José, un pequeño de cinco años, el único superviviente de la última familia masacrada por la plaga, que llevaría para siempre el recuerdo de aquella noche regada con fuego, cenizas y lágrimas.