7 de enero de 2013

El llanto de Jacob



Todos los días, siempre a la misma hora, en todos los rincones de la Mansión podía escucharse el furibundo llanto de Jacob, así fue al menos durante sus primeros seis meses de vida, cuando aún vivía su madre, la frágil Danielle. Cada noche, a las diez en punto, toda la Mansión se estremecía bajo el llanto urgente y hambriento del recién nacido, aunque su madre empalideciera un punto tras cada nueva toma, aunque Jacob nunca acabara satisfecho, aunque su padre aún no hubiese regresado de la guerra, aunque el personal de la Mansión la fuese abandonando día a día…

El llanto de Jacob se incrustaba en los oídos, era capaz de atravesar puertas, paredes y cancelas, calaba hasta los huesos… se siguió escuchando el día que llegó la misiva que anunciaba el fallecimiento de su padre, el día en el que las lágrimas de Danielle se mezclaron con la escasa leche que apenas alimentaba a su bebé, el día en el que hasta el mayordomo más servicial abandonaba la Mansión para no regresar jamás…

Y aún hoy, siempre a la misma hora, todos los días se puede escuchar el llanto rabioso de Jacob, aunque hayan pasado casi dos siglos de su nacimiento, aunque su madre terminara falleciendo extenuada y hambrienta cuando le daba de mamar una de esas noches a las diez en punto, aunque no pudiese cumplir más de seis meses de vida…