3 de marzo de 2013

Un día feliz


Ordenando unas cajas en el trastero me encontré con mi vieja Nintendo, acompañada de mi juego favorito, el Super Mario Bros 3. Recordaba aquella ocasión en la que mi hermano y yo nos habíamos propuesto pasárnoslo de una vez y estuvimos jugando durante doce horas seguidas... ya por la noche, con los ojos rojos y abiertos como platos, la consola ardiendo y nuestros padres muy, muy cabreados, finalmente nos dimos por vencidos frente a Koopa en el Castillo final del temible Mundo 8 y nos fuimos a la cama malhumorados, con la sensación de haber fracasado en nuestro intento...

No lo pensé dos veces. Con el recuerdo de aquel día y con la sensación de haber dejado la misión incompleta, olvidé todos mis problemas, mi casa destartalada, la crisis… y me decidí a completar aquella labor inconclusa. Me costó muchísimo recordar cómo se conectaba aquella videoconsola vieja a la televisión y por un instante temí que no pudiese conectarse con mi televisión último modelo, pero lo logré, cogí aquel mando rudimentario y empecé a jugar, intentando rememorar todos los trucos y habilidades que me habían convertido en un jugador experto. En más de una ocasión me sorprendí moviendo el mando al unísono con el salto del bueno del fontanero con bigotes, como mi madre hacía siempre que jugaba y con lo que tanto nos reíamos mi hermano y yo…

Fue un día estupendo. Poco a poco conseguí hacerme con los mandos de la situación, me olvidé por unas horas del trabajo, las redes sociales, mis obligaciones… nada importaba salvo aquel mundo de verdes, azules y tuberías de colores. Y finalmente, tras más de quince horas jugando me topé con Koopa en el castillo final del Mundo 8. Estaba eufórico, ya soñaba con llamar a mi hermano (aunque fuesen las cinco de la madrugada) para contarle que al final lo había logrado, que había pasado el juego en un solo día… salté sobre él una vez, dos… y la televisión se oscureció de repente. Incrédulo miré a la videoconsola, de la que salía un preocupante humo negruzco y supe que jamás lograría pasarme el Super Mario 3 en un solo día, es más, supe que nunca tuve que haberlo intentado… aunque el día me sirvió para recordar a mi hermano, a mi madre, mi infancia… ¡uno de los mejores días de mi vida!