13 de abril de 2013

Mariposas de Colores


A David no le gustaba ir rapado, lo sabía desde aquel verano de cuando tenía cinco años y su madre se había empeñado en afeitarle la cabeza “para que no pases calor”, como le había dicho. Pero no, a él le gustaba llevar el pelo largo, no sabía por qué era así, pero era como le gustaba, el pelo largo ¡y despeinado a ser posible!

A David también le gustaba correr entre las flores, montar en bicicleta y jugar en el parque con todos sus amigos. Echaba muchísimo de menos a todos sus amigos, incluso a Fermín, el Manazas, el malhumorado matón de su clase, que se hacía el machote delante de las chicas dando capones a los demás. Sobre todo, David echaba de menos a Clara, su compañera de pupitre y su mejor amiga.

A David le gustaba el pelo largo, aunque su padre se afeitase la cabeza desde hacía casi dos meses y aunque su madre le hubiese enseñado una fotografía de todos los compañeros de su clase de 2ºB totalmente rapados y regalándole a él, solo a él, la mejor de las sonrisas y el más efusivo de los saludos. Aquella era su fotografía favorita, en ella se podía ver a Clara más guapa que nunca, vestida con una camiseta en la que revoloteaba una mariposa de colores, incluso Fermín parecía un niño simpático y corriente en esa estupenda fotografía, lo más llamativo era ver a todos sus profes sonriendo, hasta al Señor Simón, al que se le llamaba en el colegio El Ogro porque siempre llevaba mala cara, se había hecho la fotografía sonriéndole.

A David le encantaba aquella mariposa de colores y todas las noches, antes de acostarse, pensaba en ella y en su amiga Clara.

A David, lo que más le gustaría en el mundo sería volver pronto a su clase, abandonar la cama del hospital, aunque era de lo más acogedora y ya la tenía un cariño especial, volver a contarse chistes con los amigos, esconderle la mochila a José o volver a casa comentando el partido del pasado fin de semana con Lucas y Manu. Comer unos huevos fritos con macarrones en su casa y pelearse con Matías, su hermano pequeño, por el mando de la consola…

A David le costó aún unos meses el salir por fin del hospital y dejó en él a muchos amigos, a los que siempre que puede escribe por correo electrónico y les envía sonrisas y abrazos fotografiados. Pero un buen día llegó la Doctora Mercedes, con una carpeta azul y una sonrisa gigante. Aún le costó algunos meses más conseguirlo, pero ¿sabéis qué? David volvió a tener el pelo largo, como tanto le gustaba y al conseguirlo, un buen día se asomó al espejo y sonrió, llamó a su padre a voces y le pidió que le rapase el pelo para poder enviar una sonrisa gigante a todos los niños del hospital, lo que hizo en compañía de Clara, el resto de sus amigos del colegio y un montón de camisetas con mariposas de colores.


A todos esos niños y niñas que están en hospitales, esperando a volver con sus amigos del colegio y a volver a tener el pelo largo, si es que les hace falta o les apetece tenerlo así…