12 de mayo de 2013

Noche con los amigos



Una noche con los amigos, eso era lo que me había propuesto tras regresar por fin a casa, una noche en la que contar chistes viejos, recordar anécdotas miles de veces recordadas y jugar a tener de nuevo quince años. Había estado tanto tiempo lejos de ellos que estar ahí, a su lado, compartiendo aquellas risas y aquellas tonterías de siempre se me hacía sumamente extraño… tus ojos no estaban en el plan, ni ellos ni tu mirada ardiente, tampoco lo estaba tu sonrisa, ni tu cálido susurro en la penumbra.

Poco a poco, me alejé de ellos, estaba allí, a su lado, pero me encontraba a años luz de su planeta, pues aún estando a varios metros ya estábamos viajando de la mano. Me inventé una excusa inconfundible para pasar a tu lado y fue entonces cuando me cogiste de la mano y me pediste bailar con una caricia en mi mejilla. Fue tu sonrisa la que me convenció, ¿sabes? Yo nunca bailo, es una manía que tengo desde niño y que muchas personas han procurado romper, solo tú lo has conseguido, tú y esos ojos verdes tan sumamente acogedores.

Me dejé llevar, al fin y al cabo, bailar es acompañar a quien te lleva, o eso me dije en ese instante. Me tenías hechizado. Creo que fue Luis quien me vino a decir que ellos se marchaban, que disfrutase de mi noche, pues era el que mejor la iba a terminar de todos. Supongo que sonreí de medio lado y le agradecí el detalle de despedirse, aunque ya no había nada que no fueses tú y tu cintura. 

Sonreíste, eso lo recuerdo bien, creo que te había pisado sin querer. Te acercaste más… y mientras te besaba en mitad de la noche, o deslizaba mis dedos por tu espalda, o jugaba con tus rizos en la almohada, supe que sí, que tú eras mi segunda oportunidad de ser feliz y que iba a aprovecharla sin dudarlo.