24 de octubre de 2013

La Biblioteca


Alguien dijo en una ocasión que después de la Guerra Atómica los hombres combatirían con palos y piedras... qué razón tenía. Aunque en este mundo devastado hay armas más terribles que las piedras o los palos. Desde entonces había estado recorriendo unos caminos cada vez más peligrosos y oscuros. Estuve viajando sin descanso, viendo cosas que querría olvidar y que nunca podré borrar de mi memoria, sufriendo ante lo que éramos ahora, escapando de milagro de más de un intento de asalto o asesinato, sobreviviendo a duras penas. Siempre viajando, siempre caminando en busca de un destino que ni siquiera sospechaba...

Hasta que la encontré. Primero la miré detenidamente, después me atreví a hablarla y más tarde incluso a acariciarla. No podía creer que la hubiese encontrado entre tanta devastación y miseria, no podía creer que ahí estuviese mi destino… me senté a sus puertas durante horas, días quizás, pensando en lo que había en su interior, en la misión que de algún modo me habían encomendado sin yo saberlo. Aquella era una señal, lo supe en cuanto abrí las puertas y accedí al interior de aquella biblioteca. Yo había recorrido buena parte de una España y una Europa destruidas y pobladas por supervivientes recelosos y mugrientos… de aquí y de allá había recopilado algunos pocos libros que me servían como vía de escape, como puro entretenimiento… pero esto era distinto. En ningún lugar había descubierto una biblioteca completa. Lo primero que hacían los nuevos señores de este mundo feudal era arrasar y quemar cualquier indicio de saber. Los libros y las bibliotecas eran sus blancos principales. Aquello era un tesoro…

Me costó algún tiempo convencer a algunos hombres para que se convirtiesen en guardianes del lugar, algo que hicieron en cuanto les enseñé todos los beneficios que un lugar repleto de saber y entretenimiento nos podía ofrecer, en cuanto hice que sus pequeños vástagos comenzasen a aprender y a ser de nuevo una raza civilizada. Nos convertimos en un pequeño pueblo de gente pacífica e instruida, en un faro en el que se miraban muchos otros. Tuvimos que repeler varios ataques de un caudillo afincado en un castillo cercano, pero finalmente incluso aquellos hombres claudicaron ante lo que significaba nuestra biblioteca. Durante algún tiempo fui su custodio, hasta el momento en el que encontré que mis discípulos estaban preparados para tomar las riendas. Hoy sigo viajando, igual que muchos de aquellos primeros niños que aprendieron a leer gracias a los libros y al milagro que significó para todos aquella biblioteca. Buscamos nuevos libros con los que aprender más y llevamos la palabra y el saber más allá de nuestras fronteras. Hoy, después de tantos años, por fin tengo esperanza de que la humanidad será capaz de seguir adelante…

1 comentarios :

Ceciely Zevallos dijo...

Comparto contigo esta reflexión…la semilla está sembrada y el jardín prospera.
Saludos cordiales Javier.