20 de octubre de 2013

La Cabaña


He llegado a la conclusión de que seré incapaz de explicarle a nadie lo que ha ocurrido esta noche, ni siquiera yo mismo soy capaz de entender qué es lo que ha sucedido, qué es real y qué fruto de mi turbulenta imaginación. Tengo la ropa empapada en sangre aún caliente. A mi lado, dejada caer en el suelo, hay un hacha que aún tiene en su filo restos de carne y vísceras. No sé cómo demonios voy a explicar lo que ha pasado… me miro las manos, tiemblan, recorro el estrecho pasillo arrastrando la pierna derecha y haciendo más ruido del que desearía. Envuelto en un manto de oscuridad monocorde alcanzo el cuarto de baño de la mugrienta cabaña en la que decidimos hacer noche. Maldigo con todas mis fuerzas aquella idea. Enciendo la luz, dejando en la pared un manchurrón rojizo y espeso y me miro en el espejo con una mueca de dolor y sorpresa reflejada en mi cara empalidecida. Entonces escucho su sonrisa enloquecida y giro sobre mí mismo, la veo sentada en el pasillo, con la mirada perdida y el rostro desencajado. Aún sostiene entre las manos aquella fotografía perturbadora. Grito, aunque sé que no puede oírme. Lo sé. Estoy muerto. Ella me ha matado…

1 comentarios :

Ceciely Zevallos dijo...

Espeluznante tragedia!!! Excelente narración…mantienen el suspenso hasta el final…a veces morimos sin morir.
Un abrazo y feliz semana.