7 de noviembre de 2013

La cita

Llegaba tarde. Lo cierto es que no era algo inhabitual en él, llegar tarde parecía resultar, de un tiempo a esta parte, una de sus señas de identidad. Hacía tantas cosas distintas al cabo del día y lo hacía en tantos lugares diferentes que siempre se veía obligado a ir corriendo a todas partes y lo más frecuente era que, por supuesto, llegase tarde. Sin embargo hoy no quería llegar tarde, no debía hacerlo. Tenía una cita con Carmen, a quien iba a llevar al cine y a comer un chocolate con churros. Llevaba ahorrando para ello casi dos semanas.

Al pasar frente a una cristalería se detuvo para admirar su reflejo. Peinó su delgado bigote perfectamente recortado, retocó su pelo castaño oscuro y revisó el pequeño ramo de claveles rojos. Su imagen le proporcionó una sonrisa, Antonio estaba especialmente encantado con su nuevo traje. Un hermoso traje azul de corte italiano que le había comprado a un vendedor ambulante por cuatro perras hacía un par de días. Una ganga y un acierto, a juzgar por cómo le caía. Seguro que lograba sorprender a Carmen. No era mucho de llevar traje, pero por aquella mujer incluso sería capaz de marcharse de España si hiciese falta.

La vio justo al doblar la esquina y un escalofrío le recorrió de arriba abajo. Llegó a marearse cuando pasaron ante él un conjunto de imágenes confusas… dos niños que caminaban de su mano y se escapaban para asomarse al escaparate en el que un perro ladraba contento, sonrisas y llantos vividos junto a la mujer de sus sueños, una paciente y larga espera en compañía de un pequeño perrito blanco… parpadeó varias veces y sacudió la cabeza hasta volver a estar en el presente. Carmen estaba al otro lado de la calle, ¡era la mujer más guapa que había visto nunca! Le sonreía y admiraba su traje azul, su ramo de flores, incluso su pequeño y cuidado bigotillo… y lo supo, con esa belleza es con quien pasaría el resto de su vida, al menos mientras pudieran estar juntos… justo antes de besarla, Antonio notó que arrancaba un fuerte aguacero…



Hoy quiero dedicar esta entrada al final de una historia… la de mi abuelo, que se marchó el pasado 5 de noviembre y que está por fin junto a mi abuela. Este cuento es una recreación de lo que pudo pasar en aquella cita que tantas veces nos contaron ambos, una en la que el bonito traje recién comprado por mi abuelo se mojó y encogió hasta tal punto, que al salir del cine mi abuela se quedó sin chocolate con churros, porque mi abuelo tuvo que irse a casa con un traje tres tallas más pequeño del que había comprado... Espero que cuando yo me marche, alguien tenga una bonita anécdota mía con la que sonreír. Yo tengo algunas con mi abuelo, que ya estará protestando ante algún comentario de mi abuela o buscando un sitio donde ponerse a pintar para que mi abuela tenga que regañarle. Hoy, me vais a permitir que para ellos dos, para Carmen y para Antonio, para mis abuelos, sea este microrrelato.