21 de diciembre de 2013

Esperanza


Con un movimiento desesperado que le hizo gemir de dolor Diril esquivó la llamarada, rodó sobre sí mismo y evitó como pudo las embestidas de dos criaturas oscuras, de tamaño y apariencia humanoide, que desprendían un calor capaz de abrasar al tacto. Rodó hasta quedar a salvo detrás de una casa de piedra a medio derruir. Se había salvado por unos escasos segundos, por desgracia había perdido la espada en su gesto de huida. Se giró veloz y vio que tanto el dragón como los dos monstruos seguían destruyendo la aldea, masacrando a sus amigos y vecinos. Él había pasado a un segundo plano, como si fuese una presa que podrían cazar más tarde. Aquello, más que aliviarle, le indignó.

Entre las cenizas que le rodeaban y le provocaban una tos incontrolada, descubrió un llamativo brillo metálico. Se agachó y recogió una lanza mellada. Dio unos pasos y de la mano carbonizada de un soldado arrancó una espada ennegrecida mientras gritaba a las tres criaturas que habían convertido su aldea en un infierno. No sabía si esos monstruos podían morir, ni siquiera podía saber si el metal les haría daño alguno... y aún así, con la inconsciencia del que no sabe dónde se mete, se armó de valor y se acercó a las bestias oscuras.

Atravesó el pecho incandescente de una de las criaturas con la lanza. Un siseo y un gorgoteo casi doloroso llegaron hasta sus oídos. El monstruo y el arma se consumieron al instante en un puñado de cenizas ardientes. La otra bestia emitió un rugido colérico y se lanzó hacia el muchacho, que solo pudo cubrirse con la espada. Cayó de espaldas al suelo y se quedó sin aire en los pulmones, se sorprendió al no haber ardido al contacto con la criatura y al abrir los ojos se descubrió envuelto en cenizas. Tenía quemaduras en las manos y en la cara, pero había matado al monstruo. Se levantó y vio que los supervivientes atacaban al dragón con todo lo que había en la aldea. No sabía si iban a vencer, si podrían matar a aquel leviatán de fuego, si aquello era acaso posible. Pero supo que él había impulsado la llama, él había iniciado la revuelta de los humanos. La guerra frente a los demonios acababa de empezar...