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Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

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Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

31 de enero de 2013

La ramita de tomillo


José apretó la ramita con fuerza, tanta que se clavó una protuberancia en la palma, provocándose una herida. Notó una mano en el hombro, tranquilizadora y apremiante al mismo tiempo, y supo que había llegado la hora, tenían que marcharse. Cerró los ojos, tragándose las lágrimas agolpadas en su garganta y en su pecho…

Cuando ya estaba sobre el puente de piedra alguien dio la orden, José supuso que era la voz del alcalde la que resonó en la noche, aunque jamás llegó a saberlo. Varias antorchas rompieron la oscuridad e iniciaron el incendio. Durante años nadie osó regresar, por temor a contagiarse de la Peste, ni siquiera José, un pequeño de cinco años, el único superviviente de la última familia masacrada por la plaga, que llevaría para siempre el recuerdo de aquella noche regada con fuego, cenizas y lágrimas.

Cuando ya estaba sobre el puente de piedra alguien dio la orden, José supuso que era la voz del alcalde la que resonó en la noche, aunque jamás llegó a saberlo. Varias antorchas rompieron la oscuridad e iniciaron el incendio. Durante años nadie osó regresar, por temor a contagiarse de la Peste, ni siquiera José, un pequeño de cinco años, el único superviviente de la última familia masacrada por la plaga, que llevaría para siempre el recuerdo de aquella noche regada con fuego, cenizas y lágrimas.

29 de enero de 2013

La Bolsa de Escritor


Es algo indispensable, imprescindible para ser un buen escritor… o malo o regular, para ser escritor vamos. Sí, amigos y amigas, para ser escritor hay que tener en propiedad una buena bolsa de escritor. Un lugar misterioso e indómito donde quepa todo aquello que se puede necesitar en caso de extrema necesidad o en caso de emergencia. ¿Y si te pilla la musa en el Metro, por ejemplo?, ¿y si lo hace mientras compras chuletas de cordero…? (Bueno, o de cerdo, que eres escritor, no te pases).

Yo siempre he tenido una a mano, la he llevado a todas partes, la he ido llenando con objetos de lo más variopintos y mundanos, de cuadernos repletos de tachones, de hojas arrancadas malévolamente de cualquier espiral indefensa, de recortes de periódico, de libros mejores y peores… y, claro, de bolígrafos y lapiceros de todas las formas y tamaños. La bolsa de escritor es un complemento necesario para todo aquel que pretenda llegar a contar algo a través de sus palabras, no puede haber un escritor sin su bolsa, es algo antinatural.

Siempre lo había creído así, en serio, hasta que el viernes pasado confirmé mi hipótesis con un ejercicio de enseñanza, una de las mejores maneras de aprender algunas cosas es verse obligado a enseñarlas, porque en ocasiones, cuando explicas algo a los demás lo acabas entendiendo tú mismo, o eso, al menos, me suele pasar a mí en ocasiones.

El caso es que yo sabía que una bolsa de escritor es sumamente necesaria, pero más que la bolsa física, más que los cuadernos que uno guarda en ellas, más que los objetos y utensilios variopintos que yo suelo tener (desde una cuerda a un escudo medieval, pasando por pelotas de sémola de patata – no preguntéis), más que el libro o los libros que puedas llevar en una ocasión concreta… la bolsa de un escritor como Dios manda (espero estar en la lista de los regulares tirando a malos, pero estar en la lista) está repleta de vivencias, de emociones, de lecturas, de escritos, de ilusiones… porque la verdadera bolsa de un escritor es todo eso que le ha llevado hasta el punto en el que se encuentra en ese mismo instante. Ahí, en ese interior más o menos desordenado, es donde se esconden todas las cosas que se tienen que decir y que le hacen a uno querer garabatear un montón de páginas de cuaderno, o repletar de apuntes una libreta o llenar archivos y más archivos de ordenador con quimeras e historias.

La bolsa del escritor no es algo físico –aunque en mi caso también lo es gracias a esa afición mía de llevar siempre algo colgado a la espalda-, es algo mucho más íntimo, personal y compartido con todo lo que te rodea. 

Como les decía el otro día a los chicos y chicas del Taller de Escritura Creativa que realicé en la Biblioteca de Aldea del Fresno, si quieres ser escritor debes procurar que tu bolsa esté lo más llena posible, cuanto más escondas ahí dentro, más tendrás que ofrecer y contar a los demás. Yo la intento seguir llenando todos los días, aunque en mi caso, el interior, sea un terrible desorden y un auténtico desastre.

Suerte con tu bolsa.


23 de enero de 2013

Disfrutando de la Quema del Tomillo de San Vicente


Colmenar del Arroyo celebra cada 21 de enero la festividad de San Vicente, en honor a su patrón y en recuerdo de un hecho antiguo no recogido en crónicas pero que se guarda en los corazones de los colmenareños como una realidad incontestable. Decidí dar un paseo por las estrechas calles empedradas de Colmenar, a la búsqueda de las hogueras, de las historias sobre la procedencia de la tradición y sobretodo, en busca de buena compañía y me topé con una noche estrellada, con el olor de los tomillos impregnando las callejas tenuemente iluminadas, con hogueras diseminadas por todo el municipio en las que se reunían amigos, vecinos y familiares, con la cálida acogida de los colmenareños y, como afirmaba casi todo con el que me topé, muchas menos hogueras de lo deseado, porque un lunes no es el mejor día para celebrar una festividad nocturna. Además, tuve la fortuna de disfrutar de queso, morcilla, chorizo, panceta…

Dicen que en algún momento de la Edad Media, el antiguo enclave de Colmenar del Arroyo sufrió una terrible peste que diezmó alarmantemente su población y que a pesar de los intentos de los magos, científicos, médicos y expertos más destacables de la época nadie podía frenarla, la muerte se convirtió en el día a día de los vecinos, que cada atardecer quemaban tomillos y retamas para disimular el hedor de los muertos que poblaba el lugar, muchas veces de sus propios familiares y siempre de sus vecinos. Bajo el gran Olmo el Concejo del municipio decidió una drástica decisión… quemar casas y enseres, arrasar el pueblo, dejarlo todo allí, convertido en cenizas y trasladarse al otro lado del arroyo para construir un nuevo pueblo y alejarse por fin de la peste. Desde entonces, cada 21 de enero, los colmenareños queman tomillos y retamas, para no olvidar que un día tuvieron que recurrir al fuego para huir de la peste…

Esta leyenda no está constatada cronológicamente –se conservan vestigios de la antigua ermita de San Vicente, erigida a finales del Siglo XII- pero está recogida en la página web de Colmenar del Arroyo y además la confirman los vecinos con los que me topé en mi agradable paseo nocturno a través de la localidad, en busca de hogueras y calor, como “Lola” Maeso, una colmenareña de 87 años –y a punto de cumplir los 88-, que durante muchos años regentó junto a su marido el Bar Mariano, situado en la Plaza del Ayuntamiento, “donde estaba al tanto de todo lo que ocurría en el pueblo” y que conoce como nadie las tradiciones e historias de su pueblo. Con “Lola” y buena parte de su familia, al calor del fuego y a la puerta de la acogedora casa rural Las Tres Lunas pude disfrutar de una breve velada nocturna y familiar, como la que comparten muchas familias de Colmenar del Arroyo cada 21 de enero, que aún se reúnen ante una hoguera en la que quemar tomillos y retamas. Una tradición que ha ido cambiando a lo largo de los años, como me contaba Lola, que afirma que antes se aprovechaba para quemar en la hoguera todos los muebles viejos y todas las cosas de las que uno se quería deshacer, mientras que ahora se aprovechan las ascuas para asar chorizos, panceta, morcillas y para compartir una velada en familia o junto a los vecinos y amigos.

En la mañana del día 22, como viene siendo tradición desde hace tantos años, se llevó a cabo la misa en honor a San Vicente, a quien algunos, entre los que se encuentra “Lola”, atribuyen realmente la desaparición de la peste que asoló el municipio, y la procesión hasta el punto más alto de Colmenar del Arroyo para bendecir el pueblo. Después hubo limonada con tostones para todo el mundo en un encuentro amenizado por una banda de música y ya por la tarde, en el centro polifuncional se realizó el fin de fiesta con una fiesta ambientada con diversos espectáculos musicales.

Una de las fiestas y tradiciones de nuestros municipios que muy pocos conocen o disfrutan, pero que invito a vivir, porque es una de esas tradiciones repletas de historia que continúan albergando algo de nuestra magia, nuestro pasado y nuestras leyendas. El año que viene no os perdáis la Quema del Tomillo de Colmenar del Arroyo.


Artículo sobre las Fiestas de San Vicente, de Colmenar del Arroyo, publicado en A21 el 23 de Enero de 2013



22 de enero de 2013

El lobo, ese compañero de viaje aún tan temido y tan desconocido


Aún sabemos muy pocas cosas sobre el lobo ibérico, aún puebla nuestras pesadillas y nuestras leyendas más terroríficas, aún desconocemos cuántos ejemplares habitan en nuestro país, a pesar de los esfuerzos de tantos y tantos naturalistas, como Félix Rodríguez de la Fuente o Carlos Sanz, que han luchado por darle a conocer y por conseguir que este hermoso animal, que aporta equilibrio medio ambiental a nuestros bosques y que ha sido tan perseguido a lo largo de la historia de la humanidad, el lobo continúa siendo el personaje malvado de los cuentos, una de las criaturas de la noche a las que tanto tememos, un enemigo a batir…

El viernes 19 de enero de 2013, el grupo Acción Lobo, en colaboración con el Ayuntamiento de San Martín de Valdeiglesias, organizó en el Café Teatro de la localidad una conferencia sobre el lobo ibérico con la que pretendía, por encima de todo, romper los tópicos que rodean a este mamífero salvaje y contar la historia de cómo estos mitos se instalaron en nuestro subconsciente, además de concienciar a los presentes sobre las auténticas carnicerías a las que se ha visto sometida esta raza, maestra del hombre en cuanto a modos y hábitos de caza.

El evento comenzó con un comentario genérico sobre el lobo y con la noticia de que, en teoría, se está realizando actualmente un censo real del lobo ibérico en nuestro país, pasando después a la historia de por qué es un ser tan odiado y temido por el común de los mortales, algo que creció exponencialmente en la Edad Media, con una sociedad dedicada casi exclusivamente a la ganadería y la agricultura, que declaró una guerra abierta al lobo por resultar perjudicial para la economía. Fue precisamente en esa época en la que nació esa idea de Dios como “buen pastor” y el lobo como su enemigo declarado, el Diablo. Se recorrieron varios mitos, como el de los Berserker o el de la Bestia de Gévaudan que trajo de cabeza al mismísimo Luis XV…

A través de fotografías, muchas realmente terribles, y comentarios, comprobamos las salvajadas que se han llevado a cabo con el fin de exterminar al lobo a lo largo y ancho del mundo, en especial en Estados Unidos donde a día de hoy existe un potente extremismo contra la especie, aunque también pudimos ver carteles y folletos firmados desde ASAJA con la petición “¡Matemos a los lobos!

Extractando las palabras de la ponencia, “Se da la circunstancia de que en España no hay registrado un solo ataque de lobo sano a una persona adulta. A pesar de ello, cada año se permite cazar en nuestro país entre 500 y 700 lobos, lo que supone el 30 % de una población realmente pequeña. Se ha demostrado que las políticas de subvenciones con las que los ganaderos eran pagados ante los ataques no han funcionado y que se dan habitualmente casos de fraudes o irregularidades. Si hay en nuestros bosques herbívoros grandes y sanos la caza de ganado disminuye a cotas extremadamente bajas.

Para finalizar el coloquio se dieron algunos sistemas de protección que están siendo efectivos a la hora de luchar frente a los ataques de lobos a ganado y que evitan que se tengan que cazar, que se sigan usando cepos o incluso cebos envenenados peligrosos incluso para los humanos. Pastores eléctricos, barreras de banderas, pistolas con pelotas de goma e incluso una original idea que consiste en introducir llamas entre el ganado a proteger… aunque lo mejor, como siempre, es tener entre el rebaño a nuestros compañeros de siempre, los mastines, que vieron reducida drásticamente su presencia cuando el hombre sintió que la presencia del lobo era menor.

Todos los presentes pudimos ver un documental en el que se aportaban diversos puntos de vista a través de naturalistas, ciudadanos corrientes y pastores. Como colofón al evento, a todos nos quedó una frase muy clara: “Aporta más a nuestra naturaleza un lobo vivo que un lobo muerto”.


Artículo del 21 de enero de 2013 sobre la Conferencia ofrecida por el grupo Acción Lobo en el Café Teatro de San Martín de Valdeiglesias. Publicado en A21


20 de enero de 2013

Un brindis en la noche

Uploaded with ImageShack.us - Robert Giordano

Un año más me acerqué al cementerio, aunque de nuevo me quedé a una distancia prudencial, soportando el viento y el frío de la noche, sin atrever a cumplimentar el ritual que había estado tanto tiempo cumpliendo. Bajo mi gabardina albergaba la botella de coñac, ya casi vacía, las dos copas de cristal y las tres rosas rojas... lo tenía todo previsto, no había nadie por la calle, salvo algún periodista curioso, deseando localizar al protagonista del tradicional ritual ahora interrumpido. Sonreí lúgubremente e hice un leve asentimiento con la cabeza, sintiendo el gélido invierno bajo mi mentón... no, no les iba a ofrecer carnaza a esos buitres...

Me encaminé a mi casa. En mi mente visualicé cómo durante años abría la verja de la entrada lo más silenciosamente posible, cómo los guardas me dejaban pasear a mi antojo bajo la noche, cómo respetaban mi tradicional gesto ante el genio... tuve que detenerme y desvié mi mirada hacia el muro del cementerio... el viento arreció y me hizo arrebujarme bajo mi abrigo, estaba lo suficientemente cerca… la decisión fue imprevista pero afortunada, me cobijé bajo una acacia, apoyé las copas en un banco de piedra y deposité las tres rosas rojas en el suelo mientras un enigmático gato negro me miraba a través de sus pupilas amarillentas y brillantes...

Y allí, en mitad de la noche, a varios centenares de metros del cementerio me permití la primera alegría de la noche. Brindé por el maestro, vacié la botella y volví a casa, dejando en aquel banco mi modesto homenaje sin apreciar que el gato negro me siguió a lo largo de todo el camino de regreso y que un extraño tic-tac que sonaba como el bombeo de un corazón palpitante marcaba el ritmo de mis pasos...

19 de enero de 2013

En mitad de la noche...



Caminaban cobijados por la noche y la niebla, temerosos. Una llovizna persistente había calado sus ropas y provocaba que el suelo se tornase resbaladizo. Cor escuchó alguna caída, demasiado estrepitosa para su gusto y elevó una plegaria a los dioses para que amparasen su marcha. Era imposible discernir al tiempo que llevaban de caminata, pero sabía que eran horas, sus piernas temblorosas, sus brazos cansados así lo evidenciaban...

De pronto se elevó entre la tropa un rumor que le provocó nuevos temblores. No sabía qué comentaban sus hombres, pero fuera lo que fuese resultaba cuanto menos inquietante. Y entonces fue cuando un coro de aullidos hizo que se le encogiese el estómago y se le erizase el vello de la nuca. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no echar a correr, como escuchó que hacían algunos de sus hombres... desenvainó la espada e intentó hacerse escuchar por encima de los cientos de aullidos que los rodeaban, pero era imposible saber si le escuchaban o no. Allí estaba solo. Cada uno de ellos había dejado de pertenecer a un ejército para convertirse en meros hombres solitarios en mitad de la noche y de la niebla, acechados por las bestias... tembló al recordar las historias que contaban sus tropas acerca de los berserker, los hombres-bestia...

Y entonces los vio. Eran reales. Tres se lanzaron hacia él y no pudo menos que gritar mientras procuraba defenderse con su espada de aquellas criaturas que provocaban pesadillas en los guerreros más curtidos. Diablos que acechaban en la noche y asesinaban sin piedad, sin el menor atisbo de humanidad en sus acciones. Debería haber hecho caso a las historias, debería haber retrocedido al ver los campamentos arrasados, debería haber detenido la marcha a la altura de las murallas... pero su arrogancia e incredulidad le había hecho proseguir su viaje, rumbo al norte, rumbo al territorio dominado por los lobos... fue capaz de degollar a uno de sus atacantes, que cayó a sus pies y en mitad de la niebla, en milésimas de segundo, pudo desviar la mirada y descubrir que era un hombre, solo un hombre ataviado con pieles de lobo. No eran bestias, no eran diablos, solo eran hombres... quiso gritar la orden, quiso advertir a sus hombres, quiso regresar a casa junto a su mujer y sus pequeños... pero cuatro guerreros se lanzaron sobre él, le desarmaron y le arrancaron la piel a mordiscos... de su batallón no quedó un solo miembro, salvo el joven Duëin, al que los enemigos decidieron perdonar la vida, que regresó narrando las atrocidades cometidas por las bestias demoníacas que gobernaban el Norte.

13 de enero de 2013

En busca de la luna


Quiso tocar la Luna con los dedos y para alcanzarla fabricó unas alas de papel, repletas de borrones y tachones, de palabras inconexas e ideas prematuras... y así, vestido de su ingenio, armado con una pluma repleta y confiado en lograr su hazaña, se lanzó al vacío...


Un minúsculo texto dedicado a todos los contadores de historias y sentimientos, tanto propios como ajenos...

7 de enero de 2013

El llanto de Jacob



Todos los días, siempre a la misma hora, en todos los rincones de la Mansión podía escucharse el furibundo llanto de Jacob, así fue al menos durante sus primeros seis meses de vida, cuando aún vivía su madre, la frágil Danielle. Cada noche, a las diez en punto, toda la Mansión se estremecía bajo el llanto urgente y hambriento del recién nacido, aunque su madre empalideciera un punto tras cada nueva toma, aunque Jacob nunca acabara satisfecho, aunque su padre aún no hubiese regresado de la guerra, aunque el personal de la Mansión la fuese abandonando día a día…

El llanto de Jacob se incrustaba en los oídos, era capaz de atravesar puertas, paredes y cancelas, calaba hasta los huesos… se siguió escuchando el día que llegó la misiva que anunciaba el fallecimiento de su padre, el día en el que las lágrimas de Danielle se mezclaron con la escasa leche que apenas alimentaba a su bebé, el día en el que hasta el mayordomo más servicial abandonaba la Mansión para no regresar jamás…

Y aún hoy, siempre a la misma hora, todos los días se puede escuchar el llanto rabioso de Jacob, aunque hayan pasado casi dos siglos de su nacimiento, aunque su madre terminara falleciendo extenuada y hambrienta cuando le daba de mamar una de esas noches a las diez en punto, aunque no pudiese cumplir más de seis meses de vida…

5 de enero de 2013

Trailer de La Noche del Cetrero