#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

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La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

24 de febrero de 2013

Llino y los Trolls



Vio cómo los trolls devoraban a un pobre cervatillo y se encogió todo lo que pudo en su escondrijo. La luna llena permitía apreciar con todo lujo de detalles la violenta escena desarrollada en el claro, aunque lo peor no era lo que se veía, sino lo que se escuchaba y lo que se podía intuir... porque Llino solo podía pensar en qué ocurriría sin alguno de los trolls le descubría espiando desde aquel conjunto de jaras aceitosas. Agradeció a todos los dioses que pudiesen escucharle que el viento soplase hacia él y que se hubiese decidido a aventurarse en el bosque cubierto con una capa oscura. Se encogió aún más, aterrado ante la violencia y agresividad desatada por las bestias...

El espectáculo de sangre, violencia y muerte se alargó durante buena parte de la noche. Por suerte, los trolls parecieron satisfechos con el banquete y fueron abandonando el lugar uno a uno, dejando atrás a una bestia enorme que se sentó a roer los restos de los huesos del desgraciado animal. Llino vio allí su oportunidad de demostrar que era un verdadero héroe y no un pobre hombrecillo acobardado y encogido bajo el amparo de la noche. Aferró la empuñadura de su espada y comenzó a desenvainar... estaba temblando de frío y de terror, sudaba y sospechaba que sería incapaz de matar a la criatura por la espalda, aunque fuese un ser tan atroz y horrendo como un troll. Quería levantarse, desenvainar, rugir un ataque y acabar con la pestilente existencia que tenía delante...

Y cuando se iba a levantar, cuando el fulgor de la luna llena centelleaba ya en la hoja desenvainada de su espada, escuchó el crujir de las ramas situadas a su espalda, alguien se le había adelantado. Una figura embozada se lanzó veloz hacia el bruto, con dos cimitarras sobrevolando la noche y un imponente alarido de batalla. Una sombra veloz, terrible, osada, impresionante... que no pudo ni acercarse al troll sentado en el suelo. Al paso de la sombra asesina aparecieron los enormes brazos de una pareja de criaturas peludas y monstruosas que atraparon las cimitarras en el aire, arrancaron alaridos de terror y dolor de la figura embozada y sonrieron crueles al desmembrarla poco a poco... Llino lloró en silencio y se mantuvo oculto, olvidadas su espada y todas sus ansias de heroicidades. Los trolls habían elaborado una trampa al adivinar que allí se ocultaba un peligro, no eran seres sin cerebro como afirmaban las leyendas, eran seres inteligentes y terribles... al regresar a su aldea enterró la espada para siempre y se dedicó a las labores del campo durante el resto de su vida.

20 de febrero de 2013

Debate

El debate sobre el estado de la nación se resumió en las tres letras declaradas por el Gobierno: MAL. Aunque la Oposición decidió dar su punto de vista y añadió: PEOR.

14 de febrero de 2013

Semáforo en Rojo



Justo cuando íbamos a cruzar el semáforo se puso en rojo. No pude verme en ese instante, pero estoy seguro de que mi cara tenía una tonalidad muy parecida, debía estar rojo como un tomate. Pude sentir su mano muy cerca, su sonrisa, su presencia... ¿qué hacer? Hacía frío y entre la multitud que aguardaba para cruzar al otro lado estábamos los dos, esperando el momento adecuado. Era una sensación extraña. Mi corazón palpitando, mi estómago convertido en un pozo sin fondo que amenazaba con tragarme para siempre, mi propio aliento tembloroso...

Me pregunté qué podía pasar si me atrevía, si decidía por fin aventurarme. Dicen que cuando uno va a morir ve pasar ante sus ojos toda una retahíla con imágenes sobre su vida… pues debe ser verdad, porque en los pocos segundos que llevábamos parados había pasado por mi mente un enorme conjunto de posibilidades, preguntas, respuestas y suposiciones, cada una más tremenda que la anterior. Sentía que estaba ante un momento decisivo, fundamental, en el que el acierto o el error podrían suponer una derrota estrepitosa o la mayor de las victorias… ¿por qué sería todo tan difícil cuando tenías cerca a una chica que te gustaba? No es que yo fuese demasiado elocuente o habilidoso por lo común, pero con ella… era aún más torpe e indeciso que de costumbre…

Fue justo cuando el semáforo se ponía otra vez en verde, en medio de la multitud, cuando nos aventuramos en aquel bosque de piernas, prisas, conversaciones apresuradas y miradas inquietas… casi no me dio ni tiempo a pensar en lo que podría ocurrir si resultaba que tenía las manos sudorosas, algo que era incapaz de discernir en mi situación actual. Ella me cogió de la mano y me la apretó con firmeza y cariño, la miré y ella me devolvió una sonrisa radiante. Con la mayor de las sonrisas, aunque con el vacío aún tirando de mi estómago me adentré en la mayor de las aventuras, una que, por suerte, aún vivo día a día.

3 de febrero de 2013

Piedras Brillantes


Roy vio las primeras piedras brillantes y no pudo evitar una tenue sonrisa que se borró enseguida de su cara. Era hermoso verlas relucir en la oscuridad de aquel estrecho pozo, iluminadas por la luz de la minúscula linterna. Arremetió con algo más de ánimo con el pico mellado, aunque las ampollas de sus manos le escocían a horrores. Se le metió polvo en los ojos, lo que le hizo lagrimear, aunque ya llevaba bastante tiempo llorando antes de descubrir las piedras que buscaba...

Tardó aún casi una hora en poder sacar las primeras piedras de la pared, la veta era muy buena, pero todavía no la había alcanzado del todo. Una hora más tarde empezó a llenar el cubo situado a su espalda y varias horas después, por fin, tenía suficientes piedras como para salir del angosto y tétrico agujero para regresar al exterior y poder llenar sus pulmones de aire limpio, para poder quitarse algo del polvo que tenía encima y le provocaba tos e irritación en la nariz y en la garganta…

Cuando alcanzó la soga situada a casi media hora de caminar a gatas en la oscuridad más absoluta y se la ató a la cintura, no pudo dejar de pensar en que esa noche podría cenar, porque llevaba un buen montón de piedras, seguro que los dueños de la mina se mostraban satisfechos. Pero al llegar arriba notó un empujón y alguien le arrebató de las manos el cubo oxidado. Desde el suelo, magullado y dolorido, escuchó unas carcajadas y se sintió la persona más infeliz del mundo. Le habían robado las piedras, los dueños de la mina no le darían el dinero estipulado y ni sus hermanos ni su madre tendrían nada que comer esa noche… a sus ocho años Roy se sintió tan débil como un anciano de ochenta…