#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

Microrrelatos en 3 Capítulos

Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

24 de marzo de 2013

Batalla en las Estrellas



Dick lo supo en cuanto la alarma se iluminó, el sistema de escudos defensivos había caído, solo era cuestión de minutos el que uno de los acorazados enemigos acertase el minúsculo blanco que ofrecía en la inmensidad y los enviasen directos al Infierno. Sin embargo, a pesar de que se sabía perdido, de que era más que probable que muriesen abrasados en cualquier momento, sonrió, se sentía vivo por fin después de muchos años...

A pesar de las protestas continuas de los droides de mantenimiento y del chillido alarmado de su robot piloto, arrebató los mandos de “La Argo” de sus manos mecánicas y se dispuso a pilotar personalmente por primera vez en lustros, estaba un poco oxidado, era cierto, sus reflejos tampoco eran los de antes, pero cuando esquivó dos cazas “A-1XB86” que venían directamente hacia ellos y fue capaz de alcanzar con su viejo cañón a todo un “B-534” y hacerlo explosionar tras dos certeros aciertos, supo que nunca tenía que haber dejado de pilotar su propia nave espacial…

Desde la zona de pasajeros llegaba el sonido de un tumulto creciente, aquellos estúpidos de ciudad no estaban acostumbrados a las brutales maniobras que estaba realizando, no le importaba, era eso o acabar tostado. Pulsó el indicador que aseguraba la puerta de la cabina e hizo caso omiso de los golpes y gritos que se escuchaban al otro lado. Pensó en aquellos gilipollas a los que estaba salvando la vida, ¿se lo merecían?, ¿debía salvar a aquellos groseros y arrogantes gobernantes que habían declarado la guerra sin pensar en toda la gente que sufriría por su causa? Y entonces supo que no iba a sobrevivir a aquella batalla, se puso a tiro de uno de los grandes acorazados y se sintió mejor que nunca, él solo iba a terminar con aquella guerra de mierda.

23 de marzo de 2013

El Libro de los Poemas Infinitos



Juan se encontró el Libro de los Poemas Infinitos en un rincón de la vieja biblioteca de su abuelo y se lo guardó sin que nadie le viese. Sí, habían vendido la casa con todo lo que había en ella y no podían llevarse nada, pero aquel libro estaba lleno de recuerdos y bellas palabras, de las canciones, historias y poemas que su abuelo le leía cada noche, recordándole siempre tras cada nueva velada que ese libro pertenecía a su familia desde tiempos inmemoriales… así que no pudo evitar el impulso de esconderlo y llevárselo. 

Al llegar a casa lo sacó de su bolsillo y se dispuso a leerlo, buscando rememorar alguno de esos bonitos poemas que su abuelo le había contado… sus manos temblaban, estaba muy nervioso y tenía un profundo nudo en la garganta… su abuelo hacía tiempo que había muerto, pero para él continuaba siendo un reflejo en el que mirarse, la persona a la que más había querido en el mundo.

Al abrir el libro se llevó una enorme sorpresa, el libro estaba en blanco. No pudo menos que sonreír, solo su abuelo podía haber urdido un secreto semejante, erigido desde la nada. Juan descubrió ese día comprendió el verdadero secreto del Libro de los Poemas Infinitos y desde entonces creó sus propias historias, cuentos y poemas… y al llegar a mayor usó el libro para entretener a su nieto favorito, haciendo que sus noches fuesen mucho más agradables…

22 de marzo de 2013

Enemigo Desconocido


En un gesto que tenía desde niño, el Rey se pasó los dedos por las cejas, estaba preocupado. Habían llegado noticias y rumores del Oeste, su pacífico reino, poco acostumbrado a las guerras y las batallas, estaba a punto de ser atacado por un ejército lejano y todavía desconocido. Aún no había nuevas concretas pero no podía menos que estar preocupado. Repasó las líneas defensivas de la fortaleza y los preparativos llevados a cabo, estaban fuertemente pertrechados de víveres y armas con las que enfrentar cualquier Mal que acechara, los campesinos habían sido evacuados o refugiados entre las murallas. Todo estaba listo. Eran pacíficos, pero no inocentes. Fuesen quienes fuesen sus enemigos, encontrarían una dura resistencia si querían hacerse con Ïllghar, la Ciudad Luminosa...

¿Quién podría estar recorriendo medio mundo para atacarles? No podía ni imaginarse qué raza sería capaz de atravesar un desierto de más de mil kilómetros de extensión para hacerlo... podrían ser trolls, ogros, centauros o los terribles Diablos Rojos, nadie lo sabía. Fuese lo que fuese estarían preparados, no se iban a rendir ante el enemigo, por temible y poderoso que pareciese, ni aunque se tratase de un ejército de millones de gigantes y titanes podrían derruir fácilmente las murallas que defenderían, sus vidas y sus familias dependían de ello...

Un mensajero asustado irrumpió vertiginoso en la Sala de Audiencias, sacando al Rey de sus pensamientos. "Son hombres, majestad -gritó- ¡quienes nos atacan son hombres"!, y en ese momento, el Rey supo sin ningún lugar a dudas, que aquella era la peor noticia que podría haberle llegado, no había criatura más feroz y deseosa de sangre enemiga que un humano, estaban irremediablemente perdidos.

15 de marzo de 2013

Cambio de Rumbo



Estaba tan cansado de todo que no sabía qué hacer. Sabía que tenía que parar, detenerse unos días, dedicarse a no hacer nada y a disfrutar, dejar que su mente volviese a volar con el sosiego necesario, soñar... y desterrar para siempre esa mecanización que movía su día a día en los últimos tiempos.

La verdad era que se estaba empezando a preocupar verdaderamente por su salud. A ratos incluso le costaba reconocer dónde se encontraba físicamente. Había perdido el sentido del gusto, se alimentaba de lo que le rodeaba, seguía adelante, continuaba corriendo... pero no disfrutaba en absoluto, nunca podía dedicarle a nada más que el tiempo justo. Lo había decidido, necesitaba frenar, detener el motor y dejar de moverse, al menos, un par de días...

Así que, al final, decidió hacerlo. Cogió una semana completa para sí mismo, sin familia, sin trabajo, sin obligaciones... se marchó de viaje sin rumbo definido, con dinero suficiente como para no andar preocupado pero no tanto como para tener que preocuparse. Caminó, viajó en autobús, en tren, en avión... dejó que las horas pasaran, que el sol le tostase en una playa, que la lluvia empapase su pelo, que la televisión siguiese emitiendo mientras dormía a pierna suelta... perdió el tiempo a su gusto, viviendo cada instante, percatándose de las cosas más pequeñas y sutiles de su alrededor ¡y fue feliz! Tanto, que ya nunca volvió a ser el mismo, rompió con casi todo y decidió seguir viajando para siempre... por fin había encontrado su verdadera vocación, ¡vivir!

14 de marzo de 2013

Filosofía y política femenina en San Martín de Valdeiglesias



Porque aún hay mucho por conmemorar y reivindicar

Cada año ocurre igual, muchas personas (yo también me lo he preguntado alguna vez, conste), en su gran mayoría mujeres, se preguntan el porqué de la conmemoración anual del Día de la Mujer, el porqué necesitamos recordar cada año que las mujeres se merecen un día propio si los hombres no lo tienen como tal… no está mal que, de tanto en tanto, recordemos todos que las mujeres están aún a años luz de los hombres, no en cuanto a preparación, aptitudes o inteligencia, sino al hablar de puestos de referencia o de poder en cualquier ámbito de la vida. Eso si nos referimos al mundo occidental, porque si nos alejamos un poco, camino del tercer mundo, podemos encontrarnos con situaciones de vulnerabilidad de los derechos fundamentales o directamente de discriminación que son del todo punto insoportables. La mujer aún está lejos del hombre, por eso es tan necesario seguir conmemorando este día tan discutible para algunos y algunas.

En España no estamos del todo mal, aunque aún nos falte mucho para que la igualdad sea plena y para que hombres y mujeres puedan convivir en paridad de condiciones, pero si estamos hoy relativamente bien, con respecto a otros países, es gracias a unas cuantas pioneras que ofrecieron lo mejor que tenían para que nuestro país fuese un lugar mejor y más justo. María Zambrano, Victoria Kent y Clara Campoamor fueron tres de estas pioneras que lograron que nuestras mujeres fueran poco a poco ganando derechos y libertades que hoy nos parecen indispensables y totalmente justos.

Y la Asociación Cultural Teatro Sierra Oeste, en colaboración con el Ayuntamiento de San Martín de Valdeiglesias quiso recordarlas en el segundo acto del ciclo “Hablamos de mujeres autoras”, celebrado el pasado 9 de marzo en el Café Teatro, en la clausura de la semana de la mujer, un evento coordinado y presentado por Concha Salazar que contó con las ponencias y actuaciones de las actrices Isabel Gil, Marisa Herrera y Montse Moreo, además de la de Araceli Escudero, presidenta de la asociación y la visita y participación de la abogada y política Cristina Almeida.

Isabel Gil nos acercó la figura de María Zambrano, una de las mujeres más preparadas de nuestro siglo XX, compañera de fatigas de la Generación del 27 y exiliada durante muchos y largos años por sus ideales y pensamientos. Aunque el momento cumbre de la conferencia-coloquio fue el instante en el que Marisa Herrero y Montse Moreno se pusieron en la piel de Victoria Kent y Clara Campoamor para rememorar la lucha dialéctica que las enfrentó en las Cortes Españolas por la aprobación o no del sufragio femenino en tiempos de la Segunda República Española, ambos discursos nos recordaron a todos los presentes un tiempo en el que los políticos eran realmente brillantes.

Y para finalizar, todos los presentes que abarrotábamos el Café Teatro hasta el punto de no dejar una silla vacía, pudimos disfrutar de la fuerza moral y algunas experiencias de una política con una larga trayectoria en la consecución y defensa de los derechos de la mujer, Cristina Almeida.

Un acto que nos recordó que aún no somos iguales del todo y que, aunque a algunos les pueda llegar a molestar, hay que seguir conmemorando el Día de la Mujer y reivindicando que todos tengamos los mismos derechos.

9 de marzo de 2013

La Gata de plata


El caso se me estaba haciendo más duro de lo que en un principio me habría esperado. Encontrar la Gata de plata se estaba convirtiendo en un peligroso quebradero de cabeza y ahora, tras dos días sin dormir y una persecución de la que había podido escapar de puro milagro –algo que mi pobre sombrero de fieltro no podía afirmar- aquí estaba, en el peor lugar que podía imaginar, la puerta de atrás de un tugurio maloliente en el que solo me esperaban más matones, más puñetazos y, con un poco de suerte, más respuestas airadas.

Inspiré y expiré un par de veces antes de decidirme, finalmente, levanté el cuello de mi gabardina, metí las manos en los bolsillos y solo cuando me hube tranquilizado lo suficiente, empujé la puerta de una patada. Un cocinero chino me miró con cara de pocos amigos. Tenía un enorme cuchillo de cocina levantado, pero no parecía tener ganas de jaleo, desvió la mirada y continuó cortando zanahorias. Atravesé la cocina con toda la calma que pude aparentar, aunque por dentro estuviese muerto de miedo y me castañeasen los dientes. Darle la espalda a aquel chino malhumorado fue algo muy difícil, lo confieso, pero quizás mi engañosa serenidad consiguió que se pensara muy mucho el atacarme. Finalmente, sin dejar de mirar al chino por el rabillo del ojo, llegué a la barra.

Se hizo el silencio y en menos de lo que se tarda en decir Australopitecos tenía a todos los presentes apuntándome con un arma más o menos grande. Volví a aparentar tranquilidad, aguantando la respiración para no atragantarme con el humo que reinaba la totalidad de la estancia, en ese instante me hubiese gustado tener mi precioso sombrero de fieltro conmigo, para que todos aquellos matones no pudiesen ver mis ojos enrojecidos y asustados. No pude arrancar hasta pasados unos segundos, la impresión era tan grande que temí trabarme al hablar, pero entonces, no sé cómo, conseguí hacerme escuchar por encima de aquel insoportable silencio. 

-Tenéis diez segundos para entregarme la Gata –dije en poco más que un susurro. ¿Cómo podía ser tan idiota? Acababa de firmar mi sentencia de muerte, mira que amenazar a todos los matones de aquel antro, ¿qué podía hacer antes de que me acribillasen a balazos? Me sorprendí añadiendo- diez, nueve, ocho…

Y antes de llegar al dos, todas las armas cayeron al suelo, se desviaron todas las miradas y la gata de plata llegó a mi bolsillo derecho. 

-E… e… eso está mejor –logré articular a duras penas y con cuidado de que no se me notase el temblor de las piernas, me fui por donde había venido sin poder explicarme completamente qué narices acababa de ocurrir.

3 de marzo de 2013

Un día feliz


Ordenando unas cajas en el trastero me encontré con mi vieja Nintendo, acompañada de mi juego favorito, el Super Mario Bros 3. Recordaba aquella ocasión en la que mi hermano y yo nos habíamos propuesto pasárnoslo de una vez y estuvimos jugando durante doce horas seguidas... ya por la noche, con los ojos rojos y abiertos como platos, la consola ardiendo y nuestros padres muy, muy cabreados, finalmente nos dimos por vencidos frente a Koopa en el Castillo final del temible Mundo 8 y nos fuimos a la cama malhumorados, con la sensación de haber fracasado en nuestro intento...

No lo pensé dos veces. Con el recuerdo de aquel día y con la sensación de haber dejado la misión incompleta, olvidé todos mis problemas, mi casa destartalada, la crisis… y me decidí a completar aquella labor inconclusa. Me costó muchísimo recordar cómo se conectaba aquella videoconsola vieja a la televisión y por un instante temí que no pudiese conectarse con mi televisión último modelo, pero lo logré, cogí aquel mando rudimentario y empecé a jugar, intentando rememorar todos los trucos y habilidades que me habían convertido en un jugador experto. En más de una ocasión me sorprendí moviendo el mando al unísono con el salto del bueno del fontanero con bigotes, como mi madre hacía siempre que jugaba y con lo que tanto nos reíamos mi hermano y yo…

Fue un día estupendo. Poco a poco conseguí hacerme con los mandos de la situación, me olvidé por unas horas del trabajo, las redes sociales, mis obligaciones… nada importaba salvo aquel mundo de verdes, azules y tuberías de colores. Y finalmente, tras más de quince horas jugando me topé con Koopa en el castillo final del Mundo 8. Estaba eufórico, ya soñaba con llamar a mi hermano (aunque fuesen las cinco de la madrugada) para contarle que al final lo había logrado, que había pasado el juego en un solo día… salté sobre él una vez, dos… y la televisión se oscureció de repente. Incrédulo miré a la videoconsola, de la que salía un preocupante humo negruzco y supe que jamás lograría pasarme el Super Mario 3 en un solo día, es más, supe que nunca tuve que haberlo intentado… aunque el día me sirvió para recordar a mi hermano, a mi madre, mi infancia… ¡uno de los mejores días de mi vida!


2 de marzo de 2013

La Caída de Al-Ándalus


Fue una noche estrellada cuando Yukur decidió abandonar los muros de su ciudad natal. Se alejó veloz y sin mirar atrás. En su abandonada mansión dejaba cuanto había tenido hasta ese mismo día, incluyendo sus dones más preciados, su mujer y sus hijas. Dos horas después, antes de que el sol despuntase sobre las murallas y los tejados, el viejo mercader estaba en la colina situada frente a su antiguo hogar. Las lágrimas caían por sus mejillas, aunque él ni siquiera llegó a saberlo, solo tenía atención para lo que ocurría en la ciudad, a sus pies.


Por el rabillo del ojo presintió el destello y al girarse descubrió una inmensa ola plateada cerniéndose sobre las murallas y los minaretes, sobre la voz del almuecín y el eco de los versos y los manantiales, sobre su antiguo hogar y su propia vida. No había escapatoria, lo sabía, no había un solo rincón en el que los hijos de Alá pudiesen ocultarse del acero de las espadas. Cerró los ojos al escuchar la primera sangre y sentir los primeros gritos. La ciudad estaba derrotada antes de empezar a defenderse. Desde la colina oteó su propia casa, en la que su mujer y sus hijas dormían para siempre… al menos había tenido el suficiente coraje como para librarlas de una muerte deshonrosa… Yukur abrió su mano derecha y miró las bayas negras.

-Hemos dejado caer el más grande imperio jamás soñado –musitó antes de meterse los frutos en la boca y partir rumbo al Paraíso-. Alá nos perdone.

Vivas se las llevaron, vivas las queremos



Fue ayer cuando leí un poema que me provocó un desgarro... un poema que iba acompañado de la durísima fotografía que podéis ver aquí... sé que no es una imagen agradable, pero es una imagen real... y mucho menos dura de lo que soñarán las madres y padres que ven desaparecer a sus hijas de un día para otro, por eso debemos ver este tipo de fotografías, para que nos duelan, para que nos hagan escribir textos como el propuesto por nuestra amiga mexicana Adelfa Martín, para que nazca de una vez la sociedad que ponga punto y final a las injusticias... por eso, es necesario ver esta fotografía y por eso os dejo aquí el poema de Adelfa, porque creo que es un grito clamando justicia, porque creo que tenemos que ponernos en marcha, porque es nuestra obligación decir que estamos hartos... porque no quiero ver más fotografías como esta...


Gracias Adelfa


No disminuyen los casos 
de mujeres violentadas
no son menos que hace años
ni tampoco se ha hecho nada.

Pero sí les escuchamos
a la gente de la radio
reportarnos otra muerta
tirada en un descampado
con un tiro en la cabeza
y su cuerpo desgarrado.

Ya son miles las mujeres
que se han muerto asesinadas
y la cosa va en aumento
y aún no se logra nada.
Esas son las que se encuentran
o las que matan en sus casas.

Pero son cientos de ellas
que a la trata son llevadas
y sus madres no descansan
de buscarlas y buscarlas
y a pesar de que les dicen
que pierdan las esperanzas
ellas le claman al cielo
regresen sanas y salvas.

Van gritando a viva voz
en sus incesantes marchas
un eslogan que veremos
también escrito en las mantas
reclamándole al gobierno
por su usual inoperancia...

“Vivas se las llevaron, vivas las queremos”