#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

Microrrelatos en 3 Capítulos

Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

23 de abril de 2013

El Mensajero de Ilusiones



Fue algo muy raro lo que convirtió a Jorge en el Mensajero de Ilusiones. Sí, muy raro, porque que alguien decida dedicarse a algo solo por un sueño es algo bastante extraño. A pesar de que todos soñemos y todos queramos cumplir nuestros deseos, son muy pocos los que se atreven a lograr realizarlos. 

Jorge soñó un día que llegaba a la Luna, una luna vacía y desértica en la que vivían muchísimos niños y niñas con caras muy tristes, niños y niñas grises, que casi no se diferenciaban en nada del color de la tierra y las rocas lunares. En su sueño, Jorge llevaba en el bolsillo un cuento, ya no recuerda cuál era, pero sí que recuerda que era un cuento con una bonita y divertida historia, que llevaba dibujos de muchísimos colores y en el que destacaban los animales más extraños que te puedas imaginar y las sonrisas, era un cuento repleto de sonrisas. En su sueño, Jorge pensó que a lo mejor aquellos niños tristes querrían escuchar un bonito cuento, quizás así dejasen de ser tan grises y asustadizos, así que sin pensárselo dos veces se puso a contarlo en voz alta. Aquellos niños tristes y grises poco a poco comenzaron a sonreír, hasta que las sonrisas se transformaron en carcajadas, convirtiendo los grises de la luna en todos los colores del mundo. Aquella fue la mayor fiesta que la Luna había vivido jamás. Jorge se puso tan contento de ver a tantos y tantos niños sonriendo con algo tan divertido y tan sencillo como contar un bonito cuento que en aquel sueño decidió dedicarse a llevar cuentos a todos los niños y niñas del mundo, sobre todo a aquellos que estuviesen tristes y grises como las rocas de la luna.

A la mañana siguiente, al despertar, Jorge decidió ser escritor y librero y bibliotecario y cuentacuentos y… ¡quería serlo todo junto y a la vez! Y alcanzar aquel sueño fue lo que le hizo estudiar, leer, conocer y escribir, escribió cientos y cientos de cuentos diferentes con los que hizo muy felices a niños que ya eran muy felices, porque durante muchos años Jorge se dedicó a contar cuentos a los niños que tenía a su alrededor, niños que ya eran felices y que siempre sonreían. 

A Jorge aún le faltaba algo para cumplir su sueño del todo, lo supo un día en el que él no sonrió al terminar de contar sus cuentos, aunque lo había pasado muy bien contando… ¿y sabéis qué? Jorge decidió llenar una maleta con cuentos de todos los colores, tamaños, olores y sabores y se marchó de viaje, así, sin pensarlo demasiado. Llegó a un lugar en el que los niños estaban grises como la tierra y las rocas de la Luna, bueno, en realidad estaban marrones como la tierra seca en la que vivían. Y allí contó y contó y contó hasta acabar con todos los cuentos que conocía, pero a esos niños les costó aún mucho sonreír, no fue hasta el último cuento que un niño muy pequeño dejó ver una tímida sonrisa que contagió al resto de niños. Jorge supo entonces que su sueño sería un poco difícil de cumplir y se marchó, aunque solo para regresar con más cuentos en una maleta más grande. Cada vez que llegaba, las caras grises y tristes se llenaban de esperanzas y tímidas sonrisas, aunque Jorge sabía que faltaba muchísimo trabajo por hacer.

Consiguió entonces muchos amigos que le acompañaron en su tarea y viajaron por todo el mundo, dejaban todos los libros de las maletas para que aquellos niños pudiesen disfrutarlos por sí mismos y volvían con más y más y más… un buen día Jorge, que ahora se sentía muy feliz, consiguió un camión y logró que los niños felices a los que siempre les había cuantos, lo llenasen con libros, solidaridad, sonrisas, abrazos, cariño, amistad… y en su caja todos colorearon un mensaje que decía “El Mensajero de Ilusiones”.

Todavía no ha cumplido su sueño, Jorge sigue llevando libros a los niños tristes, pero ¿sabéis qué? Cada vez se encuentra más sonrisas al volver, cada vez hay más colores y lo mejor de todo, los niños felices le ayudan cada vez más a que esos niños grises sean por fin niños de colores.


Este cuento está dedicado a mis colegas argentinos de UN SUEÑO PARA MISIONES que están llenado de colores, sonrisas, bibliotecas e ilusiones las zonas más desafortunadas de Argentina, para vosotros amigos.

22 de abril de 2013

El Hada y el Ratón

Mimo siempre fue un Hada de los Libros aunque no lo supo hasta que no conoció a Simón, un joven ratón bibliotecario. Fue, como suele ocurrir en las mejores historias, una simple casualidad lo que hizo que Simón y Mimo se conociesen y se hiciesen amigos, aunque a veces, hay quien dice, que las casualidades realmente no existen y que todo el mundo gira a propósito si tiene que hacerlo, para que algunos seres se lleguen a conocer.

Fuese casualidad o no, Mimo llegó a la biblioteca de Simón gracias a un accidente, sí, como lo oís, gracias a un terrible accidente que le pudo costar la vida. No sé si lo sabéis, pero las hadas, cuando son pequeñitas, aún no saben volar y para viajar de un lado para otro recurren a la ayuda de las golondrinas o de las cigüeñas, que siempre las llevan allá donde las necesitan. Y en su primer viaje Mimo era tan, pero tan pequeñita y se llevó una sorpresa tan enorme al verse surcando los cielos y al notar el aire fresquito en la cara, que no se acordó de que su mamá le había avisado de que se agarrase fuerte a las plumas de la golondrina en la que volaba, así que se cayó, con tan buena suerte que fue a parar sobre la espalda de un gato tragaldabas que estaba a punto de merendarse un ratoncito de lo más suculento. Fue tal el susto que se llevó el gato, que salió huyendo a todo correr, olvidando allí al ratón, su orgullo y su merienda.

Simón tardó muy poco en ver a la pobre hadita tirada en el suelo y la recogió con mucho mimo, llevándola al interior de su hogar, el pie de una robusta estantería de la Gran Biblioteca, donde se guardaban toda clase de libros de todos los colores, tamaños y, bueno sí, sabores, porque a Simón le gustaba probarlos de vez en cuando, para saber a qué sabía cada historia.

Allí, en el pie de una de las estanterías de la Gran Biblioteca, Simón cuidó y alimentó a Mimo, hasta que esta se recuperó por completo y allí, junto a un ratón algo gordito y muy, muy despistado, descubrió lo que era realmente, un hada de los libros, desde entonces Mimo se dedica a llevar libros a todos los niños del mundo que se lo piden y a veces, solo a veces, lleva en su viaje a un ratón muy curioso que conoce todos los cuentos del mundo. Dicen que si tienes suerte y estás profundamente dormido, al despertar por la mañana y encontrar un estupendo libro junto a tu cama, tienes la sensación de haber escuchado un montón de cuentos y que ese día te despiertas sonriente, de repente con un montón de nuevas historias por contar.

13 de abril de 2013

Mariposas de Colores


A David no le gustaba ir rapado, lo sabía desde aquel verano de cuando tenía cinco años y su madre se había empeñado en afeitarle la cabeza “para que no pases calor”, como le había dicho. Pero no, a él le gustaba llevar el pelo largo, no sabía por qué era así, pero era como le gustaba, el pelo largo ¡y despeinado a ser posible!

A David también le gustaba correr entre las flores, montar en bicicleta y jugar en el parque con todos sus amigos. Echaba muchísimo de menos a todos sus amigos, incluso a Fermín, el Manazas, el malhumorado matón de su clase, que se hacía el machote delante de las chicas dando capones a los demás. Sobre todo, David echaba de menos a Clara, su compañera de pupitre y su mejor amiga.

A David le gustaba el pelo largo, aunque su padre se afeitase la cabeza desde hacía casi dos meses y aunque su madre le hubiese enseñado una fotografía de todos los compañeros de su clase de 2ºB totalmente rapados y regalándole a él, solo a él, la mejor de las sonrisas y el más efusivo de los saludos. Aquella era su fotografía favorita, en ella se podía ver a Clara más guapa que nunca, vestida con una camiseta en la que revoloteaba una mariposa de colores, incluso Fermín parecía un niño simpático y corriente en esa estupenda fotografía, lo más llamativo era ver a todos sus profes sonriendo, hasta al Señor Simón, al que se le llamaba en el colegio El Ogro porque siempre llevaba mala cara, se había hecho la fotografía sonriéndole.

A David le encantaba aquella mariposa de colores y todas las noches, antes de acostarse, pensaba en ella y en su amiga Clara.

A David, lo que más le gustaría en el mundo sería volver pronto a su clase, abandonar la cama del hospital, aunque era de lo más acogedora y ya la tenía un cariño especial, volver a contarse chistes con los amigos, esconderle la mochila a José o volver a casa comentando el partido del pasado fin de semana con Lucas y Manu. Comer unos huevos fritos con macarrones en su casa y pelearse con Matías, su hermano pequeño, por el mando de la consola…

A David le costó aún unos meses el salir por fin del hospital y dejó en él a muchos amigos, a los que siempre que puede escribe por correo electrónico y les envía sonrisas y abrazos fotografiados. Pero un buen día llegó la Doctora Mercedes, con una carpeta azul y una sonrisa gigante. Aún le costó algunos meses más conseguirlo, pero ¿sabéis qué? David volvió a tener el pelo largo, como tanto le gustaba y al conseguirlo, un buen día se asomó al espejo y sonrió, llamó a su padre a voces y le pidió que le rapase el pelo para poder enviar una sonrisa gigante a todos los niños del hospital, lo que hizo en compañía de Clara, el resto de sus amigos del colegio y un montón de camisetas con mariposas de colores.


A todos esos niños y niñas que están en hospitales, esperando a volver con sus amigos del colegio y a volver a tener el pelo largo, si es que les hace falta o les apetece tenerlo así…


7 de abril de 2013

El Sombrero del Infinito


Al recibir aquel regalo de su maestro, Roth no pudo evitar un gemido de admiración. Para un aprendiz de mago conseguir su primer objeto arcano era todo un acontecimiento, en especial si era tan poderoso como un sombrero mágico. Era todo un regalo. Su maestro, entre divertido y preocupado, miró al muchacho entrecerrando mucho los ojos y le advirtió que cuidase de aquel bien sobrenatural. No era partidario de entregar un artilugio tan codiciado y peligroso como el Sombrero del Infinito, pero el consejo de magia se había mostrado rotundo y ese muchacho un auténtico diamante en bruto...

Aun así no pudo evitar el prevenirle, el Sombrero del Infinito era uno de los artefactos más poderosos que uno podía conseguir, pero tenerlo era semejante a poseer un tesoro a la vista de todo el mundo o llevar sobre tu cabeza un troll rabioso. Por suerte para él, Roth, a sus doce años, era un chico muy inteligente y maduro. Mirlith sabía que no había un aprendiz más capacitado que ese muchacho para recibir un don tan preciado y siniestro al mismo tiempo, además, durante milenios aquel sombrero había ido recayendo en los alumnos más aventajados, sin ningún contratiempo, todos aquellos receptores habían terminado siendo grandes magos y en muchas circunstancias, en verdaderos genios de la magia…

Pero nadie en el consejo contaba con Marlen, ni siquiera contaron con ella Mirith o el propio Roth. Marlen fue un encuentro casual, una circunstancia improbable, un accidente. Marlen era una belleza impresionante que se cruzó en el camino de un joven aprendiz de mago que contaba apenas con quince años. El chico quiso impresionar a la muchacha y decidió que no habría nada mejor que extraer de su sombrero el más impresionante ramo de flores que ella pudiera haber visto en toda su existencia. Desoyendo las advertencias que llevaba escuchando desde que había recibido el artefacto y se asomó a su abismo infinito en busca de las flores. Era un joven inteligente y maduro, pero fue imprudente, como cualquier joven delante de una bella muchacha, se asomó al abismo sin tomar las precauciones necesarias, la magia nunca es gratis y siempre hay que usarla con infinita precaución, pero Roth era ya un gran mago a sus quince años y estaba turbado ante la presencia de Marlen… se asomó al abismo del sombrero y se cayó por el borde del infinito, quedando encerrado para siempre en su eterno interior.

4 de abril de 2013

La Primera Vez



Fue una casualidad la que me hizo hacerlo la primera vez, pasé del impulso al hecho casi sin pensarlo, casi sin proponérmelo… simplemente vi la oportunidad y la aproveché. Fue fácil, quizá demasiado. Siempre había pensado que realizar un acto como ese podría acabar conmigo, transformarme profundamente, convertirme en una persona diferente, puede que no peor, pero seguro que distinta… eso era lo que siempre había pensado…

Pero no fue así, ocurrió todo muy rápido, muy sencillo, muy limpio. Fue tan simple que una vez realizado solo sentí vacío, indiferencia. Aquello me asustó muchísimo, ¿qué clase de persona era yo si no era capaz de conmoverme con aquello?, debía ser una criatura terrible para poder seguir tan tranquilo después de aquel acto…

¿Cómo podía seguir siendo el mismo después de haberme comido el último panchito del platillo? ¿Cómo podía vivir sin vergüenza después de aquel acto tan flagrante? Desde ese día me convertí en un despiadado devorador de aperitivos y ya ninguno de mis amigos se pudo tomar una copa conmigo sin pensar en el momento en el que le iba a dejar sin tapita…

El Nuevo Líder


No le gustaba el nuevo Líder, le parecía un tipejo resabiado y acomplejado, además era un niñato de mierda que no le llegaba ni a la altura de los zapatos. Mirándole de frente, desafiándole cara a cara y con todos los músculos en tensión, el Alto Mariscal, el general de más alto rango de los ejércitos, pensaba en hundir a aquel supuesto gobernante delante de todo el Alto Mando, golpearle con toda la saña que le pedía el cuerpo y no dejar de hacerlo hasta que no quedase de aquel imbécil más que una masa sanguinolenta e imprecisa. Sería tan insultantemente sencillo derrocar a ese amago de tirano…

Si lo hacía, si se deshacía del nuevo Líder sería él quien comandase todos los ejércitos, quien gobernase las riendas del país y lo llevase a la gloria que nunca había ni soñado. Sería aclamado, sería querido, sería Líder, ¡por fin!, tras haber tenido que lamer tantos culos y haberse callado tantas veces, después de haber estado tantos años manejando los hilos en la sombra… solo tenía que destrozar al chaval como había destrozado a tantos en el pasado. Estaba convencido de que todos los presentes en la sala le agradecería que le arrancara de cuajo esa mirada repleta de arrogancia y ese jodido pelo ridículamente engominado y partido en dos.

El nuevo Líder perdió la sonrisa de suficiencia al ver que el gigantesco Alto Mariscal crispaba los puños, no era tan idiota como ellos creían, como todo el puto Alto Mando creía. Tuvo la suficiente entereza como para esquivar el primero de los puñetazos y gritar una orden con toda la presencia y de ánimo y toda la autoridad que pudo acumular, con que solo uno de aquellos soldados acostumbrados a las órdenes obedeciera… días después, el telediario dio la noticia, el Alto Mariscal había sido cesado “por motivos de salud” y el nuevo Líder declaró la guerra al mundo…

3 de abril de 2013

El domingo 7 de abril estaré en la XXIV Feria del Libro de Navalcarnero


Sí, allí estaré, invitado por los amigos de la Librería el Búho, de Villa del Prado, firmando ejemplares de "La noche del cetrero" y de "Un ejército para Hans", aunque si alguien lo desea, también tendré por allí ejemplares de "2.099" y " "Los mejores terrores en relatos".

Os espero a todos este próximo domingo 7 de abril, desde las 17.00 y hasta las 20.00 en la caseta de El Búho de la Feria del Libro de Navalcarnero, que estará ubicada en la Plaza de Segovia.