#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

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La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

31 de mayo de 2013

El sueño de Lucas


Lucas había querido desde siempre ser futbolista. Bueno, hubo un tiempo en el que creyó que ser veterinario no debía estar nada mal e incluso durante un par de años quiso ser maestro, pero siempre, siempre, en su interior guardaba aquel sueño infantil de ser un gran artista del balón y marcar el gol que le diese a su país un gran mundial de fútbol. Aquel era su sueño. Sin embargo un día, de buenas a primeras, tuvo que olvidarse de aquel sueño y de todos sus otros sueños y deseos…

Su país, aquel a quien él quería dedicarle el mejor gol del mundo, el que le diese un mundial, estaba en guerra. A él nadie se lo había dicho directamente así, a bocajarro, nadie le había gritado a la cara, ¡Eh, despierta pazguato, que estamos en guerra! No, nadie se lo había dicho en casa, ni en el colegio, ni en la calle… y sin embargo Lucas, que ya tenía 10 años, supo enseguida que estaban en guerra. La verdad es que aquello era fácil de saber. Espero que nunca tengáis que vivir una guerra, pero os digo una cosa, si la vivieseis lo sabríais, aunque nadie os lo dijese nunca a la cara, eso se sabe, creedme, nadie os podría engañar jamás, la guerra, desgraciadamente, siempre se deja notar.


Lucas siempre había soñado con ser futbolista, bueno, hubo un tiempo en el que pensó que ser veterinario no debía estar tan mal, o incluso podría haber sido profe, quién sabe lo que el futuro le tenía reservado… aunque ya nunca lo sabremos, porque el país de Lucas entró en guerra y a nadie ya volvió a importarle lo que soñaba un niño de 10 años.

27 de mayo de 2013

Me ha tocado la china...


Tanto entrevisto yo, que de tanto en tanto, también me toca a mí responder entrevistas, jeje. En fin, aquí os dejo la que me han hecho los amigos de Radio Piano Bar, un podcast literario y radiofónico realizado por el chileno Jaime León Cuadra, la española Dolors Sans (Libra M) y muchos amigos más, que contribuyen a la difusión de la literatura hispanoamericana a través de varios espacios de radio por internet.

Una distendida entrevista. que puedes ESCUCHAR AQUÍ

15 de mayo de 2013

Una extraordinaria Semana del Libro en la Sierra Oeste de Madrid

Fotografía tomada en el taller "Monstruos de Risa" que realicé en Navas de Rey junto a todos estos caserillos (y algunos más que no salen en la foto)


La cultura comarcal no para de crecer

La Literatura, entre otras muchas cosas, es imaginación, quizás sea eso lo que permite que el día grande la Literatura, el 23 de abril, Día Internacional del Libro según la UNESCO desde 1996, sustente su conmemoración en un juego de lo más literario, el afirmar que William Shakespeare y Miguel de Cervantes Saavedra murieron el mismo día, algo que todo el mundo sabe a estas alturas que proviene de un diferencial entre calendarios y que no responde más que al sueño de esos locos tan interesantes que son los escritores. A pesar de esta pequeña trampa con la que todos nos dejamos engañar y que todos conmemoramos cada vez con más fuerza, no hay quien pueda discutir a estas alturas que la Literatura es muy seria, pero también es uno de los medios de ocio más baratos que existen, quizá sea esa la causa de que en estos tiempos de crisis acuciantes en todos los sentidos, siga creciendo el número de lectores (que no de compradores).

Los municipios de la Sierra Oeste llevan años celebrando el Día del Libro con multitud de eventos que acercan a los lectores y a los escritores o que consiguen que aquellos que no leen nunca o casi nunca, al menos durante unos pocos días sí que escuchen hablar de libros, porque durante esos pocos días los aficionados a ellos hacemos mucho ruido, tanto que al final se nos tiene que terminar escuchando.

En este 2013 la Semana del Libro ha sido más intensa y grande que nunca, puede que sea precisamente esa crisis que nos rodea la que nos haga tirar de imaginación para hacer mucho más con mucho menos, pero de unos modos u otros, todos los ayuntamientos, bibliotecas, centros escolares, profesionales y voluntarios culturales han logrado que nuestros municipios tengan más actos y eventos destacables que nunca, nuestra cultura goza de una muy buena salud, como demuestran la gran cantidad de asociaciones culturales que florecen en la comarca, el amplio surtido de eventos culturales que se pueden disfrutar y la ingente calidad de nuestros artistas naturales o acogidos. En la Sierra Oeste hay músicos, escritores, poetas, cuentacuentos, actores… profesionales o aficionados que poco a poco se van dejando ver y se hacen sentir cada vez con más fuerza y rotundidad.

Así pues, todos los municipios han ofrecido una gran cantidad de elementos para disfrutar de la Semana del Libro 2013, con algunos eventos tan destacables como el acto poético organizado por la tertulia poética “Entre lo divino y lo humano” el pasado jueves 25 de abril en la Hacienda la Coracera, de San Martín de Valdeiglesias, que acogió a una buena proporción de la literatura comarcal y en la que se pudo disfrutar de la poesía de Ariadna García, Carlos Reviejo, Rocío Ordóñez, Ana Bella López… o la celebración en el Restaurante Voltereta de Navas del Rey el pasado día 26 de la IV Noche de los Libros de Navas del Rey, un acto organizado por el Centro de Lectura de la localidad casera, el Ayuntamiento y Castillos en el Aire –Radio 21- en el que se habló de literatura de terror en compañía de Víctor Blázquez, Daniel P. Espinosa, Mariana Féride, Ignacio Becerril, Luis Miguel Esteban, David J. Skinner…

Además de todos los actos y eventos para adultos, la Semana del Libro sirve especialmente para acercar la Literatura a los más jóvenes, aunque ellos son los que están hoy en día más cerca de los libros, como se demuestra con sus lecturas y sus conversaciones. La Biblioteca Municipal Alfonso Usía, de Villa del Prado, tuvo muy presente a los más pequeños durante toda la semana, aunque todos los centros escolares y bibliotecas acogieron actos literarios para todos los públicos. La Biblioteca de Aldea del Fresno tuvo cuentos redondos y ginkhanas literarias, además de reunir en su auditorio a muchísimos peques para disfrutar de un cuentacuentos, la Biblioteca Municipal de Chapinería también acogió muchos actos y talleres, como suele ser habitual y en Navas del Rey se llevó a cabo un taller de escritura creativa llamado “Monstruos de Risa”.

Y estoy seguro de que me dejo muchos actos, municipios y eventos que comentar en este artículo, pero precisamente eso es lo mejor de todo, que haya tantísimos actos que no los podamos enumerar todos en un solo artículo, eso demuestra que la literatura y la cultura de la Sierra Oeste de Madrid no paran de crecer. Enhorabuena a todos por ello.



14 de mayo de 2013

Estaba Enamorado...


Estaba enamorado. Lo sabía desde la primavera anterior, cuando la hierba y la yedra habían cubierto el jardín casi por completo, cuando las cigüeñas habían por fin regresado al campanario y los días se iban haciendo más y más largos, cuando su sangre parecía hervir como si alguien le pusiese un fuego enorme bajo los pies.

Estaba enamorado. Y aún así tuvo que marcharse lejos, vestido de verdes y marrones, con las manos ocupadas por un metal embravecido y la cabeza tapada con una fea gorra en la que alguien había puesto una bandera. Estaba enamorado y eso le hacía ser fuerte, sentirse único y feliz de estar vivo… pero hubo alguien que se empeñó en convertirle en un número arrugado, la mitad de una tenue tienda de campaña, uno más entre millares y millares de sueños interrumpidos.

Estaba enamorado. Por eso escribía cartas de amor, por eso escribía poemas, lo hacía sin parar, escribía poemas, escribía cartas y las enviaba, aunque ninguna llevase sello alguno, aunque supiese que era imposible que llegaran algún día, aunque sus compañeros le mirasen con una mezcla de burla y envidia en sus miradas.

Estaba enamorado, eso es lo que le dijeron a su esposa al llevarle una bandera y unas cartas arrugadas como únicos recuerdos de su paso por la vida. Estaba enamorado, eso reza la piedra que ahora le recuerda y donde Ella llora cada día, aborreciendo aún más y más las guerras con cada nueva puesta de sol, con cada lágrima, con cada nueva bandera que llega al vecindario…

12 de mayo de 2013

Noche con los amigos



Una noche con los amigos, eso era lo que me había propuesto tras regresar por fin a casa, una noche en la que contar chistes viejos, recordar anécdotas miles de veces recordadas y jugar a tener de nuevo quince años. Había estado tanto tiempo lejos de ellos que estar ahí, a su lado, compartiendo aquellas risas y aquellas tonterías de siempre se me hacía sumamente extraño… tus ojos no estaban en el plan, ni ellos ni tu mirada ardiente, tampoco lo estaba tu sonrisa, ni tu cálido susurro en la penumbra.

Poco a poco, me alejé de ellos, estaba allí, a su lado, pero me encontraba a años luz de su planeta, pues aún estando a varios metros ya estábamos viajando de la mano. Me inventé una excusa inconfundible para pasar a tu lado y fue entonces cuando me cogiste de la mano y me pediste bailar con una caricia en mi mejilla. Fue tu sonrisa la que me convenció, ¿sabes? Yo nunca bailo, es una manía que tengo desde niño y que muchas personas han procurado romper, solo tú lo has conseguido, tú y esos ojos verdes tan sumamente acogedores.

Me dejé llevar, al fin y al cabo, bailar es acompañar a quien te lleva, o eso me dije en ese instante. Me tenías hechizado. Creo que fue Luis quien me vino a decir que ellos se marchaban, que disfrutase de mi noche, pues era el que mejor la iba a terminar de todos. Supongo que sonreí de medio lado y le agradecí el detalle de despedirse, aunque ya no había nada que no fueses tú y tu cintura. 

Sonreíste, eso lo recuerdo bien, creo que te había pisado sin querer. Te acercaste más… y mientras te besaba en mitad de la noche, o deslizaba mis dedos por tu espalda, o jugaba con tus rizos en la almohada, supe que sí, que tú eras mi segunda oportunidad de ser feliz y que iba a aprovecharla sin dudarlo.

8 de mayo de 2013

Manzana


Una manzana, eso fue lo que aquel extranjero tan guapo le había dado al conocerse, ella no sabía que aquello era una manzana ni que estaba tan rica, nunca había visto nada semejante y no sabía para qué servía, así que Raúl, el voluntario que había llegado a su aldea y que apenas podía comunicarse con ellos más que a través de gestos y sonrisas, había tenido que enseñar a Wafa cómo “funcionaba”… al dar el primer bocado la niña notó un fresquito muy agradable en la boca y un sabor entre dulce y áspero que le supo riquísimo. Desde entonces, Raúl, que cada día era capaz de comunicarse un poco mejor y de regalar más y más sonrisas, llevaba una manzana a Wafa siempre que podía hacerlo.

Durante dos meses Raúl acudió cada mañana a la aldea de la pequeña Wafa, allí contaba cuentos, enseñaba a leer y escribir, ayudaba a cavar los huertos y se ofrecía para todo aquello que hiciese falta. Y cada día Wafa le quería un poco más, era verdad, ella aún era una niña pequeña y menuda, que apenas sobrepasaba la altura de la cintura de aquel chico que, ahora que ya podía comunicarse con mucha mayor claridad, decía que venía de una aldea muy lejana que se llamaba Madrid, pero ella sabía que estaba enamorada y que nunca dejaría de amar a aquel desconocido al que en el pueblo todos llamaban ya Manzana.

Dos meses, ese fue el tiempo que Raúl pasó en la aldea, llegaba cada mañana, justo al amanecer y se marchaba cada noche al campamento de su ONG, con cara de cansancio y tristeza, a pesar de todas las sonrisas que regalaba durante el día. Quizá precisamente era el regalar todas aquellas sonrisas lo que hacía que cada día pareciese un poquito más triste y más delgado…

Pocos se dieron cuenta de ello, pero Wafa sí que lo hizo, notó cómo los ojos de Raúl dejaban de ser azules para tornarse de un gris oscuro y tristón, cómo su cuerpo atlético cada vez era más delgado y menos fuerte, pocos lo supieron, pero Raúl lloraba cada noche por todo lo que veía en la aldea de Wafa, y sobre todo, por todas las aldeas que no podía ver… Raúl no comió apenas nada durante los dos meses que estuvo acudiendo a la aldea… y aunque esto sí que no lo supo nadie jamás, soñaba cada noche con quedarse allí, en la humilde aldea, donde era feliz cada mañana y donde había conocido a personas increíbles. Pero la vida y unos padres muy estrictos le arrancaron de África en cuanto pasaron aquellos dos meses rojizos y arenosos. Raúl no protestó frente a su marcha, nunca lo hacía, pero Wafa y todos los que le habían llegado a conocer bien durante los dos meses que pasó en la aldea, supieron que dejaba allí un poquito de él para siempre y que sus sonrisas radiantes de despedida no eran más que lágrimas disfrazadas. Raúl ni siquiera le pudo dar a la pequeña Wafa una manzana a modo de despedida, pues se habían agotado una semana antes, sin embargo, la niña descubrió en los ojos del muchacho, que ahora eran profundamente verdes, todo el frescor y el áspero de las manzanas. A Raúl aquello fue lo que más rabia le dio de tener que marcharse, el no haberle podido dar a Wafa una última manzana…

Y un día, Raúl ya no vino a la aldea. Wafa supo que había vuelto a su hogar, a Madrid y lloró amargamente durante días, a pesar de que allí no sobraba el agua. Raúl ya nunca pudo ser el mismo y nunca pudo abandonar del todo a Wafa o a su aldea… pero su familia te tenía el futuro preparado, un futuro que Raúl veía oscuro y amenazador, lejos de los cálidos anaranjados de los que había disfrutado en aquella humilde aldea…

Así que un día tomó la decisión, se marchó a escondidas de ese futuro negro y corrió a buscar los ocres y los rojos, las sonrisas y la magia. Aún tardó unas semanas en hacerlo, pero al final llegó hasta la aldea de Wafa, donde ahora sabía que se quedaría para siempre. Y allí, al pie de la primera choza, se dio cuenta ¡no había llevado manzanas para Wafa! En un principio se puso muy triste, aunque luego sonrió y si alguien le hubiese mirado en ese momento a los ojos los habría visto más verdes y brillantes que nunca. Y sin decir nada, sin dejar de sonreír, Raúl se sentó allí, en el margen derecho del camino, con una enorme y radiante sonrisa.

Nadie supo nunca qué magia lo llevó hasta allí, pero desde entonces hay un enorme manzano dando sombra a la aldea de Wafa, un manzano que regala manzanas fresquitas y jugosas, con un sabor entre dulce y áspero que a todo el mundo le recuerda a aquel chico tan guapo llamado Raúl y que siempre tiene una manzana escondida para aquel niño que la busca entre sus ramas.