#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

Microrrelatos en 3 Capítulos

Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

9 de noviembre de 2013

La Explosión


La habitación tembló y los libros que Joaquín tenía en la estantería se cayeron al suelo estrepitosamente. Se asustó muchísimo, ¿qué podía haber pasado? Se asomó a la ventana de su cuarto, en la que descubrió una grieta que la recorría de arriba abajo y entonces vio la gente corriendo, el coche en llamas, el humo completamente negro…

Un mal presentimiento le hizo ponerse unos vaqueros y un jersey lo más rápido posible y bajar las escaleras del portal saltando los escalones de tres en tres. En su descenso descubrió a muchos de sus vecinos asomados a las puertas, hablando atropelladamente unos con otros, llevándose las manos a la cabeza… cuando vio al pequeño Roberto, llorando de puro terror, aceleró el ritmo de su carrera.

Notó el azote del frío otoñal en la piel… fue lo último que sintió esa mañana, más allá del terrible dolor que le provocó la imagen que se encontró al llegar a la calle… Laura… hacía cinco minutos que se habían despedido con un beso, como todas las mañanas… Laura… no tenía que ver con soldados o policías, no tenía que ver con política, no tenía que ver con el País Vasco ni con la independencia… Laura… era solo una joven maestra que vivía en Madrid y que estaba embarazada… Laura… a quien había golpeado de lleno la onda expansiva cuando caminaba a su colegio… Laura… su mujer, estaba muerta al pie de su portal…


Personajes, atentado y situación completamente ficticios, aunque puedan recordar a muchas realidades...

7 de noviembre de 2013

La cita

Llegaba tarde. Lo cierto es que no era algo inhabitual en él, llegar tarde parecía resultar, de un tiempo a esta parte, una de sus señas de identidad. Hacía tantas cosas distintas al cabo del día y lo hacía en tantos lugares diferentes que siempre se veía obligado a ir corriendo a todas partes y lo más frecuente era que, por supuesto, llegase tarde. Sin embargo hoy no quería llegar tarde, no debía hacerlo. Tenía una cita con Carmen, a quien iba a llevar al cine y a comer un chocolate con churros. Llevaba ahorrando para ello casi dos semanas.

Al pasar frente a una cristalería se detuvo para admirar su reflejo. Peinó su delgado bigote perfectamente recortado, retocó su pelo castaño oscuro y revisó el pequeño ramo de claveles rojos. Su imagen le proporcionó una sonrisa, Antonio estaba especialmente encantado con su nuevo traje. Un hermoso traje azul de corte italiano que le había comprado a un vendedor ambulante por cuatro perras hacía un par de días. Una ganga y un acierto, a juzgar por cómo le caía. Seguro que lograba sorprender a Carmen. No era mucho de llevar traje, pero por aquella mujer incluso sería capaz de marcharse de España si hiciese falta.

La vio justo al doblar la esquina y un escalofrío le recorrió de arriba abajo. Llegó a marearse cuando pasaron ante él un conjunto de imágenes confusas… dos niños que caminaban de su mano y se escapaban para asomarse al escaparate en el que un perro ladraba contento, sonrisas y llantos vividos junto a la mujer de sus sueños, una paciente y larga espera en compañía de un pequeño perrito blanco… parpadeó varias veces y sacudió la cabeza hasta volver a estar en el presente. Carmen estaba al otro lado de la calle, ¡era la mujer más guapa que había visto nunca! Le sonreía y admiraba su traje azul, su ramo de flores, incluso su pequeño y cuidado bigotillo… y lo supo, con esa belleza es con quien pasaría el resto de su vida, al menos mientras pudieran estar juntos… justo antes de besarla, Antonio notó que arrancaba un fuerte aguacero…



Hoy quiero dedicar esta entrada al final de una historia… la de mi abuelo, que se marchó el pasado 5 de noviembre y que está por fin junto a mi abuela. Este cuento es una recreación de lo que pudo pasar en aquella cita que tantas veces nos contaron ambos, una en la que el bonito traje recién comprado por mi abuelo se mojó y encogió hasta tal punto, que al salir del cine mi abuela se quedó sin chocolate con churros, porque mi abuelo tuvo que irse a casa con un traje tres tallas más pequeño del que había comprado... Espero que cuando yo me marche, alguien tenga una bonita anécdota mía con la que sonreír. Yo tengo algunas con mi abuelo, que ya estará protestando ante algún comentario de mi abuela o buscando un sitio donde ponerse a pintar para que mi abuela tenga que regañarle. Hoy, me vais a permitir que para ellos dos, para Carmen y para Antonio, para mis abuelos, sea este microrrelato.