#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

Microrrelatos en 3 Capítulos

Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

29 de diciembre de 2013

Consecuencias del Arte


Llevaba tanto tiempo sin dibujar que no sabía ni por dónde empezar. El lápiz entre los dedos le quemaba. Sabía que tenía un dibujo, era cuestión de segundos que se escapase de su control. Tenía miedo, quizá temblaba, nunca sabía que saldría de su lapicero hasta que el dibujo quedaba impregnado en el papel, nunca conocía las consecuencias de antemano, porque siempre había consecuencias cuando desataba su pasión, su don, su maldición...

Se dejó llevar, como siempre, como hacía tanto que no hacía. Durante minutos, puede que durante horas, dejó que sus manos y sus sentidos no existiesen para nada más, solo estaba el papel, solo el lápiz, no había nada más a su alrededor, no había nada más… en una o dos ocasiones se distrajo pensando que lo que podía ocurrir una vez terminase su obra, cuando el dibujo estuviese dibujado por completo… En el país que le había tocado en suerte al nacer no se podía crear sin permiso, no se podía sentir, no se podía soñar… lo sabía bien, había sido castigado por pensar en demasiadas ocasiones como para poder olvidarlo.

No apartó la mirada de su dibujo, no apartó los sentidos de su lapicero, del papel… a su alrededor resonaban las sirenas, a través de los enormes ventanales de la fábrica que le había servido de refugio y escondite durante las últimas horas se colaban las luces, los gritos, las advertencias… soñar estaba prohibido en su país y él había cometido el delito más terrible, había creado sin el consentimiento de quienes gobernaban. Terminó el dibujo en el mismo momento en el que Ellos derribaban la puerta de la fábrica. Una mariposa, había dibujado una mariposa de colores brillantes a pesar de no disponer más que de un lápiz desgastado. Cuando Ellos comenzaron a subir las escaleras, gritando advertencias, suspiró y dejó que una sonrisa iluminase su cara. Los colores de la mariposa contrastaban con las que se colaban por las ventanas. Cuando Ellos irrumpieron en la habitación en la que se había ocultado, solo pudieron ver una mariposa de colores que volaba más allá de la fábrica. Soñar, una vez más, había tenido sus consecuencias…

21 de diciembre de 2013

Esperanza


Con un movimiento desesperado que le hizo gemir de dolor Diril esquivó la llamarada, rodó sobre sí mismo y evitó como pudo las embestidas de dos criaturas oscuras, de tamaño y apariencia humanoide, que desprendían un calor capaz de abrasar al tacto. Rodó hasta quedar a salvo detrás de una casa de piedra a medio derruir. Se había salvado por unos escasos segundos, por desgracia había perdido la espada en su gesto de huida. Se giró veloz y vio que tanto el dragón como los dos monstruos seguían destruyendo la aldea, masacrando a sus amigos y vecinos. Él había pasado a un segundo plano, como si fuese una presa que podrían cazar más tarde. Aquello, más que aliviarle, le indignó.

Entre las cenizas que le rodeaban y le provocaban una tos incontrolada, descubrió un llamativo brillo metálico. Se agachó y recogió una lanza mellada. Dio unos pasos y de la mano carbonizada de un soldado arrancó una espada ennegrecida mientras gritaba a las tres criaturas que habían convertido su aldea en un infierno. No sabía si esos monstruos podían morir, ni siquiera podía saber si el metal les haría daño alguno... y aún así, con la inconsciencia del que no sabe dónde se mete, se armó de valor y se acercó a las bestias oscuras.

Atravesó el pecho incandescente de una de las criaturas con la lanza. Un siseo y un gorgoteo casi doloroso llegaron hasta sus oídos. El monstruo y el arma se consumieron al instante en un puñado de cenizas ardientes. La otra bestia emitió un rugido colérico y se lanzó hacia el muchacho, que solo pudo cubrirse con la espada. Cayó de espaldas al suelo y se quedó sin aire en los pulmones, se sorprendió al no haber ardido al contacto con la criatura y al abrir los ojos se descubrió envuelto en cenizas. Tenía quemaduras en las manos y en la cara, pero había matado al monstruo. Se levantó y vio que los supervivientes atacaban al dragón con todo lo que había en la aldea. No sabía si iban a vencer, si podrían matar a aquel leviatán de fuego, si aquello era acaso posible. Pero supo que él había impulsado la llama, él había iniciado la revuelta de los humanos. La guerra frente a los demonios acababa de empezar...