#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

Microrrelatos en 3 Capítulos

Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

31 de diciembre de 2014

El último cuentito del año en Menudo Castillo

El burrito que perdió la sonrisa

Había una vez un burro que no sabía sonreír, o quizás había olvidado cómo se hacía. Era un burro muy pequeñito que casi ni se asomaba por encima de la cerca de madera de la granja en la que vivía. Los corderos y las gallinas lo miraban de soslayo cuando salían a pasear y murmuraban lo triste y cabizbajo que caminaba siempre. Pocos sabían, porque eran demasiado jóvenes para haberlo vivido, que la causa de la tristeza del burro era la partida de su dueño, Antonio, de apenas veinte años, que un buen día se tuvo que marchar de la granja de sus padres por culpa de una guerra que aún no había terminado. Desde entonces el burro había encogido hasta ser tan pequeño como lo era y había perdido la sonrisa, como Jonás, el granjero y Juliana, su mujer. La propia granja parecía marchita ante la partida del joven. Una noche, una tormenta sacudió los cimientos de toda la casa, del establo e incluso de todos los seres vivos que la habitaban. La furia de los truenos parecía demasiado potente para ser producida por la naturaleza. A la mañana siguiente todos supieron que algo extraño había sucedido en los alrededores y Jonás, con lágrimas en los ojos, pronunció una palabra que sonaba a humo y cenizas, a sangre y a dolor, Bombardeo… dicen que aquel burrito, años después, recobró la sonrisa e incluso su tamaño y lustre original, hay quien afirma que incluso recuperó la juventud perdida durante la guerra y los primeros años de posguerra, dicen que fue a causa del regreso de Antonio, que vino con una sonrisa en la cara y los años perdidos grabados en el corazón. Dicen que Antonio, Juliana y Jonás vivieron años muy duros, pero muy felices y que, tiempo después, llegó un terremoto que sacudió los cimientos de la granja, un pequeño vendaval llamado Julián, que cabalgó durante años a lomos de un burro que nunca dejaba de sonreír y que era la envidia de todas las granjas colindantes, aunque esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.


La fantástica ilustración que acompaña al cuento es un regalo de la ilustradora Susana Rosique, ¿a que es lo mejor de la entrada?

16 de diciembre de 2014

Muy orgulloso de mi trabajo como formador de curiosos


Menudo Castillo nació como un pequeño proyecto de programa de radio, pero hoy es mucho más, algo que se demuestra día a día en los programas e invitados cada vez más estupendos, en las actividades que realizamos y en las visitas tan interesantes que nos regalamos siempre que podemos. Esta temporada somos menos que en la anterior, pero creo que estamos haciendo un trabajo realmente bonito y que, tarde o temprano, tiene que fructificar en aún más cotas por alcanzar. Es una pena que tantos peques se lo estén perdiendo y que no le pueda dedicar todo el tiempo que necesita, pero bueno, pasito a pasito estamos haciendo algo muy importante, estamos formando a pequeños inquietos como buenas personas y ciudadanos informados y curiosos.

Ojalá pueda seguir adelante mucho tiempo con este proyecto tan genial que es Menudo Castillo, quizá uno de los trabajos del que más orgulloso me siento (aunque aún sea algo muy pequeño y humilde). Y como muestra, dos botones, os dejo los últimos resultados del Taller de Radio Menudo Castillo, dos publicaciones en el periódico A21 con la SOLIDARIDAD como punto fuerte y protagonista.

Y es que, estamos formando mejores personas para que hagan de este mundo algo mucho mejor de lo que nosotros lo hemos hecho.




12 de diciembre de 2014

Esta Navidad añade, al menos, un libro en tu lista de regalos


10 Consejos para regalar libros en Navidad

Ahora que se acercan las navidades, llegarán también las listas de recomendaciones, las de los más vendidos, las de los más baratos... Libros, discos, películas, ropa… habrá listados de todo lo imaginable y de todo lo que se pueda regalar. La verdad es que yo no soy demasiado de listas, porque considero que todas son injustas y que se quedan solo en la superficie y porque pienso que son tan subjetivas como interesadas en la mayoría de las ocasiones, así que, hoy os traigo una lista de 10 consejos para regalar, lo he adaptado a los libros, pero creo que valen para todo, aun así y para no resultar incongruente, seguro que me dejo cosas por mencionar y que resulta una lista tan injusta e incompleta como todas.


1 REGALA PENSANDO EN LA PERSONA A QUIEN REGALAS

Esta es la premisa principal. No hay nada más reconfortante que ver una cara ilusionada al recibir un regalo que has realizado. Cuando acertamos en el presente podemos apreciarlo y le contamos al receptor que hemos pensado en él, que nos hemos devanado los sesos buscando algo que sabíamos que le iba a gustar. A veces cometemos el error de pensar que a todo el mundo le va a gustar lo que nos gusta a nosotros o de regalar algo para procurar amoldar cualquier gusto a lo que nos conviene. Devoluciones, malas caras u olvidos eternos suelen ser los resultados. No hay mejor regalo que el que se toma con cariño y al que se regresa siempre que es posible hacerlo, el que deja una ilusión memorable por mucho tiempo que pase. Pensar bien en el género, en el título y, especialmente, en el ánimo y gusto de la persona a la que queremos regalarle algo suele ser siempre sinónimo de acierto. No regales por hacerlo, piensa mucho en el receptor antes, así será muy difícil errar en el regalo.

2 BUSCA TÍTULOS QUE PODÁIS COMPARTIR 

Otro detalle a tener en cuenta cuando regalamos libros es el elegir aquellos que se puedan compartir entre varios miembros de la familia o entre las amistades. Leer es un divertimento, quizá uno de los pocos que te permiten viajar sin gastar demasiado dinero o esfuerzo en hacerlo, pero si podemos compartir nuestras experiencias, si tenemos a alguien cerca con quien comentar lo que hemos sufrido o disfrutado entre las páginas, todo es mucho más rico y haremos mucho más fácil la tarea de inclinar a leer o de conseguir que los nuestros le cojan el gusto a esta acción cada día más complicada que es leer.

3 COMPRA EN LIBRERÍAS PEQUEÑAS

Puede que en los grandes centros comerciales, en plataformas de internet o en enormes librerías sea más sencillo encontrar un título cualquiera o incluso que esté un tanto más barato, que te puedas llevar con tu libro un bolígrafo que dejarás olvidado en un cajón o una pegatina gentileza de la editorial, pero comprar en una librería pequeña te asegura una experiencia mucho más enriquecedora y productiva. Para empezar te llevarás gratuitamente una primera recomendación por parte del librero, que te ofrecerá su amistad y buen trato en la mayor parte de las ocasiones, su conocimiento sobre el mundo editorial y las novedades editoriales que más te puedan interesar y te indicará aquellos títulos que se acerquen más a tus gustos o aficiones. Cuanto más visites una librería mejor crecerá tu propia biblioteca y tu lista de lecturas. No hay nada mejor para un aficionado a la lectura como un librero de confianza y eso, por mucho que quieran, no te lo puede ofrecer ninguna gran cadena comercial, a veces, objetivamente, es preferible al póster de regalo o al cinco por ciento de descuento.

4 NO TE QUEDES EN LO MÁS COMERCIAL, BUSCA LA EXCLUSIVIDAD

Probad a mirar las interminables listas de los más vendidos, ahí estarán las novedades editoriales de los autores más famosos, de los títulos más publicitados, de las tramas más parecidas al último best-seller… a mí no me disgustan los grandes éxitos comerciales, he disfrutado enormemente con los libros de Dan Brown (excepto con el primero y el último, tengo que reconocer), he pasado largas horas en compañía de Ken Follet e incluso he compartido lecturas con Stephen King, no tengo problemas con ellos, ni mucho menos, pero esos son los libros y los autores que todo el mundo va a regalar, los que estarán en todos los carros de la compra, los que los libreros tendrán que solicitar al almacén muchas más veces… ¿por qué no buscar algo original? Tenemos una red editorial inmensa y extensa en nuestro país, ¿por qué no buscar a otros escritores y otras editoriales?, ¿por qué no encontrar un libro especial que solo tengamos unos pocos elegidos? Acertar con un libro es una gran noticia, pero descubrirle a aquel a quien queremos un autor en especial es algo que nunca olvidará y que nos agradecerá toda la vida.

5 ¿POR QUÉ NO REGALAR UN LIBRO INFANTIL?

Otra gran idea es la de regalar a los adultos un buen libro infantil. Puede que esto a algunos os pueda llegar a sonar extraño, pero con la enorme calidad que tenemos en España en cuanto a la literatura infantil y juvenil no estaríamos cometiendo ninguna locura, más bien todo lo contrario. Los libros infantiles y juveniles son aquellos que también pueden leer los niños y los jóvenes, pero podemos… debemos leerlos los mayores. Puede que haya existido una época en la que cualquier cosa podía valer para los niños, pero ahora es la literatura más cuidada y trabajada que existe en nuestro país, los títulos que leo semana a semana para Menudo Castillo están escritos con inteligencia, con el toque de redacción necesario para la comprensión, pero con un fondo, con una intención… que convierten estos libros en grandes historias sin necesidad de más etiquetas. Leer un libro infantil es desear repetir lo antes posible.

6 EN NAVIDAD, AL MENOS, UN LIBRO PARA CADA UNO

Queremos que nuestros hijos lean, es una lucha constante en un país que dedica muchos fondos económicos (cada vez menos) en un Plan de Fomento de la Lectura, siempre afirmamos que deberíamos leer más o que nuestros hijos deben leer para enriquecerse, sin embargo, cuando llegan los regalos navideños pocas veces nos acordamos de incluir un libro entre la lista de obsequios. Lo ideal sería preguntar a aquellos que queremos regalar, hacerles incluir en su listado de peticiones uno o varios títulos. No está nada mal tener en nuestro saco de presentes juguetes, herramientas, películas, discos o videojuegos, pero si entre todo ello hay un libro, estaremos enviando un mensaje a su receptor, que a nosotros nos importa la lectura y que todos en casa estamos convencidos de que no solo es útil como herramienta para comprender el mundo, sino que es un elemento más con el que ocupar nuestro tiempo de ocio.

7 PROCURA NO REPETIR TÍTULO

Conocer aquellos libros que pueden interesar a la persona a regalar es también un tema a tener en cuenta a la hora de hacerlo. En casa suele ser relativamente sencillo el conocer el listado de libros para no repetirse, pero es probable que podamos cometer algún error en este asunto o encontrarnos con una persona con una biblioteca a la que no podemos acceder tan fácilmente, por eso estaría muy bien el conocer una lista de preferencias literarias de nuestro homenajeado. Acertar y no repetirse es otro síntoma de que nos hemos preocupado realmente por nuestro regalado y hemos ocupado parte de nuestra atención en acertar lo mejor posible con el título elegido.

8 NO TE IMPORTE REGALAR POESÍA O CLÁSICOS

A no ser que sepamos con seguridad que este es un tema al que nuestra persona a regalar no se quiera ni acercar, incluir poesía también puede ser una fórmula perfecta para acertar. Una buena antología de un autor muy querido por él o de un conjunto de poetas, una novedad para descubrir a un escritor nuevo y acompañar el regalo de una invitación a una presentación literaria, buscar un tema en concreto… también es una gran idea ofrecer libros clásicos u olvidados, podemos hacer que nuestro homenajeado se sienta muy especial con una buena edición de un clásico o con un buen libro de poemas. Hay títulos ilustrados que son auténticas joyas en papel.

9 NO TE GASTES DEMASIADO DINERO EN TU LIBRO

No hace falta. A ver, si no tienes problema en gastar, hazlo, busca ediciones exclusivas, maquetaciones especiales, buenas reediciones… pero no hace falta gastar mucho dinero para regalar un muy buen libro. Estamos en una época donde la mayoría no disponemos de mucho para gastar, ¿por qué dejarnos un dineral en un libro? Hay ediciones de bolsillo, libros en oferta, antiguas ediciones… solo hay que molestarse y buscar un poco para encontrar verdaderas joyas realmente económicas, puede que un libro de saldo o incluso de segunda mano haga más ilusión que la última edición de la cima de los más vendidos. Solo hay que elegirlo bien, lo demás no suele importar demasiado.

10 REGALES LO QUE REGALES, UTILIZA TODO TU ESFUERZO EN HACERLO

¿Cuántas veces has ido a comprar a la desesperada y has encontrado el regalo en un segundo? Ese regalo que solo te ha costado el esfuerzo de gastar dinero, que no te has molestado en elegir, en buscar con mimo, en encontrar porque lo ibas buscando… no se puede regalar el primer libro que veamos en la estantería, dedícale tiempo, esfuerzo, mimo y cariño, verás como aciertas, regales el título que regales.


Te lo he dicho al comenzar, me dejo muchas cosas interesantes, no hablo de cómics, de álbumes ilustrados, de libros para bebés… tampoco hay consejos que, seguro, tú seguirías o sigues habitualmente… esta es una lista, no está completa, como ninguna. Coge lo que quieras y deja lo que desees, eso sí, regala con cariño, ese será tu mejor presente durante esta Navidad.


25 de noviembre de 2014

El despertar


Fue un día cualquiera, ni siquiera lo había pensado o planeado. Aquella noche él volvía bebido, como siempre y ella temblaba cobijada en la cama, como siempre. Le escuchó recorrer tambaleante el pasillo hasta la habitación, abrir la puerta de la habitación sin intentar sofocar un solo sonido, sino más bien todo lo contrario, a él poco le importaba que los niños llevasen ya varias horas en la cama. Suspiró, sabía que esa noche venía con la mirada, esa mirada que había aprendido a temer y odiar. 

Comenzó a sentir los espasmos de los temblores, casi podía reconocer en su cuerpo los cardenales y golpes que aún no le había dado… esa noche. Pero esa ocasión fue diferente, cuando él se acercó a la cama gritando y levantó la mano para golpearla algo se removió en su interior, algo que hizo que levantase asimismo su mano y detuviese con firmeza la de su maltratador. 

Él gruñó como una bestia, intentó apartarla, golpearla, humillarla, pero ella no soltaba su mano, esa noche no, estaba harta, esa noche todo cambiaría, por fin. Y, por una vez, se supo más fuerte que él. Se levantó de la cama con una tranquilidad que la asombraba, arrastró al hombre hacia la puerta de la calle y le lanzó al pasillo con una fuerza que no conocía, que nunca había tenido. Después, con un suspiro de dolor, pero también de alivio, llamó a la policía. Nunca más volvió a verlo, nunca más tuvo esa fuerza, nunca más dejó que nadie le levantase la voz y mucho menos la mano. Porque nadie, repetía una y otra vez a todas las personas a las que ayudó en el futuro, nadie tiene derecho a ejercer la fuerza sobre los demás por el mero hecho de ser más grande, más fuerte o, también le gustaba repetir, más cobarde e idiota.

12 de octubre de 2014

Thames Shadows


He was walking slowly, hunched over himself, without making any noise… The fog hid his walk under the shadows of Parliament’s building. The Thames’ scent always caused him to smile … specially in the few last sheltered-by-shadows months. Tonight he will satisfy his hunger again; he will do it one more time.

He licked his lips. For many years ago, he couldn’t sense a feeling similar to taking a walk before doing a murder. He picked up the scalpel from between the tucks of his cape and observed it with delight. It was funny no one could suspect a common peasant, with just a few notions about veterinarian surgery, was the most wanted killer of London’s history. There were some people who even tried to thief his identity, although he liked it the most was when the papers made up details of his life, attributing him reasons and causes he never thought about.

He laughed in silence, picturing that some years in the future maybe someone will give him the role of a gentleman, being him actually a simple butcher assistant.

Absorbed as he was, couldn’t see the leftovers dropped by a sloppy horse, not much worried about the cleanliness of London. He slipped, having the bad luck of slicing his own throat with the shiny scalpel. Choking in his blood, he fell down into the river, being dragged by the current. His corpse never was found, and the butcher only needed to hire a new assistant skilful chopping.

Famous Jack the Ripper had just died in the most stupid possible way anyone could imagine and, therefore, it bore one of the immortal legends in the world.


The moral is “Maybe it’s not so bad that, occasionally, pet owners don't clean”.

11 de octubre de 2014

Crecer


Crecer
pensé que era otra cosa

quizá
responder incógnitas nonatas
acomodar bloques de certezas
cerrar experiencias, completarlas…

ya sé que lo sospechas, seguro que lo sabes

¡estaba equivocado!

Esa es la única respuesta que me queda.

Cada día me crecen las preguntas,
ramificaciones vivas de dudas e incertezas,
me extraño más a cada hora,
los minutos transcurridos
me hacen vacilar de mis segundos,

y es que, yo mismo, lo sé de sobra,
soy preguntas sin respuestas,

nada más.

El mundo en sí es una interrogación eterna,
una perfecta incomprensión,
un sueño incompleto de final abierto y cabos sueltos.

He perdido lo absoluto,
mis blancos y mis negros se escurrieron de mis dedos,
ya solo me quedan mis vivencias incompletas,
mis tambaleos,
mis sospechas.

Nada es ya seguro…
nunca lo fue, es cierto
ahora lo sé, o al menos lo recelo.

Crecer
pensé que era otra cosa.
Ahora ya no pienso en totales,
solo creo, divago, sueño…

Crecer.

Es un largo caminar a la deriva,
un descubrimiento diario de uno mismo,
una alegría, una congoja, un sinsabor, una fiesta…
una senda cubierta de malezas

y, al final del todo
o eso creo
al fin encontraremos
la única incuestionable de nuestras certezas.

29 de septiembre de 2014

Luciérnagas Fugaces


Luciérnagas fugaces

ideas

descabelladas unas
imposibles otras
locas todas ellas

acuden inesperadas
y muchas veces 
se marchan tan veloces como llegan

la mayoría acaba perdida
en la noche de mi habitual desgana
de mi eterna urgencia

y de aquellas que llegan hasta la bombilla
son centenas, millares, las que arden,
se consumen y se quiebran…

solo alguna, de tanto en tanto
y con mucha suerte
llega hasta las yemas de mis dedos,
y se convierte en borrón en mis cuadernos,
en sangre diluida entre recuadros,
en, con fortuna, un humilde verso,

en sueños,
en azules sobre blancos,
en una dulce y milagrosa quimera embotellada
y quizá, solo quizá,
puede que a veces
incluso en un minúsculo poema.


Con este pequeño poema, escrito en julio de 2013, me presenté este año al VIII Concurso Literario de Relato y Poesía convocado por el Ayuntamiento de Navas del Rey... y con el que fui galardonado con el primer premio de Poesía. Espero que os guste.


"La Cazadora", traducido al inglés

Mi colega David J. Skinner ha tenido a bien el realizar una traducción al inglés del primer microrrelato de "La Cazadora", el relato que estoy escribiendo y publicando por minúsculos capítulos. Y yo, que estoy más que contento, os lo dejo aquí, por si os apetece leerlo. 

Gracias David.



The Searcher

Redemption is just a point of view — a mood, actually. I don’t know who’s wanting to redeem me of my supposed sins nor why I must do it, but here I am ready for battle; willing to offer my blood and soul to receive forgiveness from a being I don’t even know if it exists. Something here smells rotten; the city’s still smoking so the odor of dead flesh shouldn’t prevail over the burnt smell. There is something wrong, very wrong at this place.

I try to prepare myself for anything stalking into the shadows, among the ashes. I know it’s a wishful thinking because there are things nobody can be prepared for. I’m fed up with Gods and Demons.

Quietly, I untie the straps used for holding my swords to my own back. Quiver is full. The daggers are where they must be. I tauten the string of the bow in a mechanical manner while trying to see anything through the full-moon blurred light around me. It’s useless; I won’t discover what I must find until I’ll strike into it, it’s always the same thing. I’m never aware of my mission before I actually find it, or lost it. First steps are complicated, but the rest of them are unstoppable. And I know once it starts I’ll be unable to go back, like in a very steep slope.

I close my eyes and take a deep breath. One more time, I try thinking of Mika’s face, the small round countenance of my little girl. Each time is more and more hard remembering her; I’m forgetting even the color of her eyes — Damn it!

I cross the fence, just like the Creatures did, not so time ago. Despite a great portion of the city was consumed by fire there’s still blood in the streets, bodies and parts of them; signs of those soulless beasts’ uncontrollable violence.

Sooner or later, I will face them, I’m sure of that. They will try dismembering and devouring me, but they will get an unpleasant surprise: I’m not easy to kill. They will find out that soon. I only hope luck is again by my side and I could, once more, survive to continue forgetting little by little to my daughter and loathing more and more of her captors.

One day, they will find out dealing with me is not such a good idea.

Compass never lies. The building in front of me, surrounded by Creatures, isn’t the one I’m searching; it’s not my final destination. There are people inside. I can feel it same as the beasts do – the Darkers. They need my help and I could help them, but that isn’t my task. I cannot stop. Good luck…

I continue following the path marked by the magnetized arrow, moving me away from the harassed building and its unfortunate residents. They're lost. Sudden winds blows make me shiver so I must cover up with my black leather jacket. I left my cape nearby the motorcycle since it's not a good idea wearing long garments when facing very vicious and tireless monsters.

I'm sorry about them, but actually that distraction could be useful for me; maybe I'll be lucky and conclude my mission without even sweating, not having to stain my hands with their blood nor be scalded by their hungry jaws' acid. “It's a pity”, I say to myself while keep walking among shadows. This town was complete, well defended, fortified and prepared for welcoming travelers and nomads. It was an oasis in the middle of the desert, a place to go, a destiny itself… Maybe that's why the Creatures had been so conscientious in destroying it. There would be anything more inside their unstable minds, in their primitive actions?

Compass never lies. The Elder and the Kid told me that when I walked together with them at the Edge of Reality. While holding it, I will always find my true journey, my real mission. There it is. It's a small store, an ancient shop no longer closed with a forced and twisted metallic lock. I can still remember how useful were those shops, where it can be found everything, at any time.

It's not that easy now, nor cheap.

We've changed so much. Now, all is more complicated, harder. Nothing makes think of that shop being the safest place in the city – condemned to be shadows and ashes. Nevertheless, it will be inside where I will find what I'm searching.

No, no, no, no… Damn it! How could I have been so stupid? My left side is burning; that monster was about of totally pierce through me. Shit! I’ve been fooled, they deceived me… This attack, all this ruined city… Everything was here to kill me. They slaughter all these people just to stopping me.

Run, don’t stop, go away from here. I try yelling to get the little girl understand it, but I’m barely able to do some stupid gestures. My fever is growing, and I’m choking. Soon I’ll become one of Them. Flee, little girl; leave…

I start losing have power over my own body, my sight becomes cloudy. Where is the girl? I think I’m bleeding to death… Why hadn’t they devoured me yet? Why didn’t take the advantage to destroy me? They wish me to be part of what they are, that’s their revenge: to destroy my soul and becoming one of those that I've been fighting so long. I hope the girl is intelligent enough for leaving. At least, in this battle, I had defeated them again; I did it, beast from the Underworld, I won. I’d saved the girl.

The girl… I hope really having saved her. Mika … She won’t be so fortunate. My daughter, I couldn’t do it; I couldn’t … I cannot breathe. Do I am on my knees? Am I vomiting? Mika, I … I’m not able to move anymore, I’m not sure of what’s real or a dream.

Am I listening flute sound? Am I dying? Mika…

My head is about to explode. I’d always thought dying would be different, that I won’t feel any pain, or loss, and I won’t be conscious of being defeated. I’m not dead, I know that. In barely second I realized that and, having saw what the Creatures do, what I must be right now, I haven’t turned. There are two miracles I don’t deserve that I don’t know whom to thank. I must be dead. That would be a fair punishment for being fooled, for losing the girl. I’m stupid, I ever was.

I’m nude. A bandage is covering wounds and a sweet scent told me about some kind of remedy for healing them. Whoever is, he knows what to do. My side still burning, but the pain is as persistent as acceptable. How long had I been asleep? Where am I? I’ll need a few minutes for being capable of getting up, I’m weak, exhausted. Likely, I’d been feverish.

Darkness embraces me, I could let it rocks me a little more time, abandon myself in sleep… but Kira… She pulls of me, I must get up, I must… Wait, I can hear whispering. There is more than one person behind the surrounding walls. How many? Who are they? Friends or foes? Only a single thing I can do: unveil it.

I shouldn’t yet get up, I realized that, but I must do it. There’s no time. He’s waiting for me; either I’ll bring the girl to him or else Kira… Damn it! How have I been trapped by Them? My head… I must lean again, at least until my eyes adapt to the half-light, till I can stand up without falling once more.

I cannot get up, I can’t do it! If I’m late, if it takes me too much, my daughter will die. He always fulfills his threats. I need to recover the Compass, my weapons; I need to find a kid. I must get up, I have to…

The metal grill sounds like hell. I opt to lifting it up only a few inches; enough to allow me crossing through. Before entering, I check around, all is silence, nothing moves nearby, Compass still points towards the inside of the shop. I go into it without hesitation and roll to what it looks a turned over desk, stopping in the darkness. I cannot yet sense any noise from the outer, apart from the whistle of the wind. Good. Shop is bigger than it seemed outside, with three large corridors full of empty shelves. One of them is obstructed by fallen boards.

I close my eyes and stop breathing. And then, I can hear a respiration coming from the back, sheltered in the deepest shadows.

It's very cold in here. Much more than outside. I feel the exhaled fear of who awaits me in the back. It's always the same. I come to save them, but they are invariably terrified. They're afraid of me. Kids who had survived the plague, who had surpassed hundreds of perils, who had fought face to face with Beasts several times, are frightened of me, a human sent to take them to a secure place. I hadn't ever understood that. True, the City has a dark legend, a truculent story I suffer and for what I am here, right now. But, this is the compensation. I think inhabitants of the unique safe major city on Earth are fortunate, despite all, even me. She's moving, trying to hide from me. She cannot, it's impossible to do it; I always find what I search, although I wouldn't like what I'll find. I am the best, the only one capable of go back and forth restlessly to the City.

I’m still immersed in my own thoughts when I stumble upon her. A baby girl, with her hair dirty and tangled, her clothes ripped and stained with mud and blood. How long had she been at the streets? How much had she suffered? She tries to flee from me, to run, to drag herself away of my reach. She hasn’t nowhere to go. The place is absolutely secured, but also a trap. Notwithstanding of the darkness I see her thinness; maybe she’d been several days without eating. When I finally move next to her and sit along, I think I can feel she’s sighing with resignation.

She won’t escape; they never do once I sit aside. The heat, the need for company is enough. I offer her a chocolate bar and, after a few minutes, she accepts it. When I sense she’s calmer, that she won’t go away from me even if I try to, we stand up. We need to exit the shop.

The mission is fulfilled.

28 de septiembre de 2014

Fumar es peligroso en las trincheras


La noche había caído de repente sobre las trincheras, lo había hecho sin avisar, como los ataques de los morteros o las heridas de bala, como las cartas que llegaban al frente de tanto en tanto y te atrapaban en la nostalgia por lo que uno había dejado en casa. Hacía un frío mortal en la estepa turolense, en aquella noche sin luna, repleta de estrellas, azotada por un viento estremecedor.

Manuel se aferró a su abrigo y se encogió en su trinchera. Recordó a María, su mujer, a la que había dejado en su pueblo embarazada de siete meses hacía ya casi seis y en Clara, su pequeña, a la que aún no conocía y a la que no sabía si llegaría a conocer algún día. Tuvo que lanzar un reniego a la noche estrellada, una bravuconería con la que desatar el nudo que acababa de atenazar su garganta. Bajo el casco llevaba la última carta recibida, hacía ya dos semanas, en la que María, entre borrones, le repetía una y otra vez lo mucho que le quería y lo mucho que estaban pasando… por suerte –pensó- ellas no tenían que sufrir la incertidumbre de no saber si verías el amanecer del día siguiente. Manuel se había jurado al marchar que regresaría, que volvería orgulloso al hogar, la cabeza alta, el porte serio. Sonreiría al volver, quizá incluso silbaría una canción alegre, se lo había prometido, volviese como volviese, sonreiría al hacerlo y María, Clara, sus padres, sus hermanas pequeñas… todos estarían orgullosos de él.

Pasara lo que pasara.

Sonrió de medio lado. Lo cierto era que no estaba tan seguro de poder regresar con una sonrisa… había vivido demasiado en el barro, había visto mucho en las trincheras, sufría en todo momento, lloraba en silencio cuando no tenía nadie cerca, aunque en la noche se escuchasen llorar los unos a los otros. No, no estaba seguro de poder regresar a casa orgulloso y con una sonrisa. Llevaba en las entrañas un dolor insoportable, recuerdos que no podría borrar jamás. Nostalgia por su juventud echada a perder en una guerra estúpida, una contienda entre hermanos…

Aquella guerra era una mierda. Todas las guerras lo eran.

Se le ocurrieron unos versos. De haber tenido papel los habría escrito, aunque sus palabras quedasen ocultas bajo el barro, bajo la sangre de los compañeros y de los enemigos, bajo sus lágrimas oscuras, bajo la condena de no conocer a su pequeña… No tenía papel a mano más que sus cartas y esos pedazos de hogar eran sagrados, los guardaría consigo hasta el día de su muerte, de eso sí que estaba completamente seguro. Su voz de poeta había muerto en la guerra, en la primera batalla en la que había tenido que decidir si él o los que tenía enfrente. No pudo rendirse, no quiso dejarse matar, así que disparó y puso todo su empeño en ello, en sobrevivir, en regresar… y para vivir un día más, había tenido que matar. La guerra era una moneda de dos caras, podía morir aquel que te disparaba o podías morir tú a causa de sus disparos…

Se había jurado regresar, volver a abrazar a María, sostener a Clara entre sus brazos… así que, dejó que su voz de poeta muriese en las trincheras, la mató él mismo, lo tuvo que hacer para sobrevivir.

Marcelino ya no lo haría, él no regresaría nunca a casa.

Marcelino había muerto aquella tarde, apenas tres horas antes del anochecer. Un disparo afortunado había acabado con sus sueños y con su carrera de maestro. Manuel sabía que todos los niños del pueblo llorarían su pérdida. Era muy querido en el pueblo Marcelino. También pensó en la señora Alfonsa, su madre, viuda desde hacía más de quince años. La vio sola en su casa, con los recuerdos viniéndosela encima en las noches de otoño. Marcelino era lo único que la quedaba en el mundo. La bala que había matado a su mejor amigo, a su compañero de juegos desde la infancia, no solo había matado al futuro maestro, también había matado a su madre… y un poco a su amigo y, de una manera incierta y segura al mismo tiempo, a todos los niños de su pueblo a los que enseñó a leer sin ser aún maestro, aquellos que recitaban poemas en clase sin pensar en el color de la bandera de quien los había escrito, sino en lo que rememoraban y traían a los corazones.

Marcelino no podría conocer a su Clara, no la podría enseñar a leer, ni podría conseguir que amase la poesía por encima de las banderas y los colores. Manuel había llorado, sin importarle que el enemigo siguiese disparando desde las trincheras de enfrente, sin importarle que sus compañeros estuviesen a su lado, disparando. Había llorado y había odiado las letras, los versos, los poemas… había terminado de enterrar su voz de poeta para siempre. Y todo por culpa de una bala afortunada.

Recordó entonces el aroma de su compañero, tabaco, Marcelino siempre olía a tabaco, a tabaco y a paja, jamás podría olvidar el olor de Marcelino, como no podía dejar de recordar el verdor de su pueblo, las noches de verano con María, la sensación de victoria al saber que estaba embarazada… el nudo regresó a su garganta, las lágrimas pelearon con sus párpados por escapar… echaba tanto de menos su casa.

De pronto, como si la noche se hubiese contagiado de su tristeza, comenzó a levantarse una niebla gris, espesa, palpable. Manuel apenas podía verse las manos a través de aquella humedad que se colaba hasta sus huesos y congelaba su corazón. Y se decidió a hacerlo, aunque nunca antes había sentido curiosidad, aunque era peligroso. Había jurado volver, tener cuidado, mantenerse con vida, quizá incluso volver de una sola pieza a su hogar… pero se lo debía a Marcelino, era un último homenaje a su compañero del alma, a su amigo. Aquel que incluso en los peores momentos le había hecho sonreír. No habría sobrevivido sin Marcelino, eso era seguro.

Se lo habían prohibido expresamente, pero soltó el arma, una carabina Tigre que se atascaba cada tres disparos y, a pesar del peligro, de la ordenanza militar, de las advertencias de su teniente y de sus propias convicciones personales, Manuel prendió una cerilla y encendió un cigarro, el primer cigarro y el último que encendería en toda su vida. Eso pensó en ese momento al menos. Era peligroso fumar en las trincheras por la noche, se lo habían dicho una y otra vez los superiores. Encender una luz en la oscuridad era como regalar un blanco prácticamente seguro al enemigo. Se decía que un buen tirador podía acertarte en la cabeza a más de cuatrocientos metros de distancia. Además, el teniente había sido tajante, no solo descubrías tu posición sino la del resto de compañeros. Fumar en la trinchera era casi una invitación a la parca. Manuel había prometido volver, no ponerse en peligro si no era imprescindible… pero le debía aquello a Marcelino. Se lo debía.

Esperaba que la niebla cobijase su osadía, porque pensaba fumarse el cigarro a la salud de Marcelino. No creía que hubiese peligro alguno, apenas veía a dos palmos de distancia, así que no creía que corriese peligro. 

Fumó. Recordó las carreras por los caminos y las callejas del pueblo junto a Marcelino, sus peleas con los hijos del carbonero, los primeros versos que escuchó en su vida, recitados por un niño que desde muy pequeño aseguró que quería ser maestro, maestro de pueblo, decía Marcelino. Rememoró las tardes de pesca en el arroyo, la primera conversación sobre chicas, los corros frente a la higuera, las regañinas de la señora Alfonsa y de su madre cuando llegaban tarde y empapados. Fumó llorando o lloró fumando, nunca lo tuvo claro del todo. Marcelino ya no podría ser maestro, no podría cumplir su sueño… ¿y él?, ¿cumpliría el suyo?, ¿volvería a casa?, ¿lo haría sonriendo? No sabía cómo iba la guerra, no sabía quién ganaría y quién perdería, tampoco le importaba, solo pretendía sobrevivir, regresar, besar por primera vez la piel de melocotón de su pequeña Clara, dejarse la vida en que creciese feliz, en que… sí, aunque su voz poética estuviese muerta y enterrada, como Marcelino, en que Clara leyese poesía a los niños y que, si ella quería, fuese la maestra del pueblo…

Estaba tan encerrado en sus propios pensamientos, en su melancolía, que no vio llegar al soldado. Caminaba sin rumbo fijo, siguiendo la línea de trincheras a ciegas, palpando las paredes de barro helado. Fue la luz del cigarro la que finalmente le permitió guiarse en la oscuridad, como si la pequeña llamita fuese un faro en la noche.

-Buenas noches.
-Buenas… buenas noches

Se sorprendió Manuel, que no esperaba a nadie y que se secó las lágrimas con las mangas de su guerrera. Entre hombres hay que guardar las apariencias, ser duro…

-La verdad es que muy buenas no son.
-Lo son, lo son, la niebla no deja que veamos a los de enfrente y nos da un respiro. Esta noche no habrá disparos.
-Eso es verdad. Por lo menos hoy no habrá disparos… Estoy helado, joder.
-Hace mucho frío esta noche. El puto viento este que se le cuela a uno hasta los huesos.
-Oye, ¿no tendrás un cigarro?
-Ya sabes que está prohibido, el teniente…
-Que le den por culo al teniente, al capitán y al general. Aquí les quería ver yo a todos ellos, durmiendo en las trincheras. Valientes hijos de puta están hechos unos y otros. Con lo bien que estaba yo en el pueblo… tengo unas ganas de que se acabe esta mierda de guerra… ya me da igual quién cojones gane. El caso es que se termine de una vez.
-En eso no te puedo ayudar, aunque yo también estoy cansado. Toma, yo no fumo…
-¿Todo el paquete?, pero si está casi entero…
-Ya te he dicho que yo no fumo, esto era de un amigo…
-Ah… lo siento…
-Gracias.
-No hay de qué, macho, aquí todos somos carne de trinchera, hermanos de barro, los de este lado y los de aquel. Si fuera por nosotros les mandábamos a los de arriba a tomar por culo y nos íbamos de cañas y de chatos.
-Sería una buena manera de acabar con esta guerra de mierda.
-Además que sí. Oye, encantado, me llamo Rafael, a ver si nos vemos en otro momento y te puedo devolver el favor de los cigarrillos.
-Yo soy Manuel y no tienes ningún favor que devolverme, pensaba tirarlos. Oye, ten cuidado.
-Y tú, no dejes que esos cabrones te acierten.

Un apretón de manos y una sonrisa, así recordaría siempre Manuel a Rafael. Estuvo casi dos semanas preguntando por él entre los chicos que compartían con él bando y trincheras, barro y sangre, cartas descoloridas y borrones de novias, mujeres y familias, no fue capaz de dar con ningún Rafael.

Quince días después, en la noche, con una niebla tan espesa como la del día en el que había muerto Marcelino, con la piel helada y un viento atronador, llegó el ataque. Manuel dejó de pensar en Clara, en María, en los suyos, en cómo regresaría al pueblo, en la poesía… solo pensaba en disparar antes de que le disparasen, en sobrevivir una noche más, en cubrirse, agacharse, dejarse ver un segundo y matar para que no le matasen a él…

Quince horas, eso duró la batalla. Ganaron.

Manuel abandonó la trinchera por primera vez en casi dos meses recostado entre la tierra marchita y el barro. Estaba exhausto, su alma moribunda apenas recordaba lo que era la poesía, solo había sangre y muerte y dolor y oscuridad por todas partes… caminó hacia donde habían estado las filas enemigas y se sorprendió al descubrir algo en lo que nadie había reparado hasta entonces, había varias trincheras unidas entre sí, algunas de bandos diferentes. Esas cosas sucedían cuando uno apenas sabía contra quién luchaba. Sonrió con tristeza pensando en Marcelino, seguro que habría hecho algún buen chiste de aquello. Lo habría gritado para que todos pudiesen reír con ganas y soltar algo de la adrenalina acumulada durante la refriega. El bueno de Marcelino era así, todo bondad y guasa. Manuel tropezó y estuvo a punto de caer al interior de una de las trincheras. Allí lo vio.

Inconfundible. El paquete de cigarros de Marcelino. Era ese, estaba seguro. A su lado yacía la figura inerte de un muchacho de su edad. Su cuerpo aún caliente, como si acabase de morir hacía unos minutos. Una herida en el corazón y otra en el estómago lo habían matado. Manuel saltó al interior de la trinchera, metió la mano atropelladamente en el bolsillo superior de la camisa del chico, allí encontró una carta emborronada y sucia dirigida a una familia a la que nunca llegaría y el nombre del muerto: Rafael.

Tenía un cigarro en la boca. 

Era un enemigo… no, era un chico enviado a la muerte por quienes querían que en España los hermanos fuesen enemigos. Aquel chico era un amigo que, al final, sí que le había devuelto el favor. Había muerto por él. Nunca se quitó esa idea de la cabeza. Manuel pensó en sus familiares y amigos, en, quizá, una mujer que le esperaba en casa y un hijo al que nunca conocería ya… cayó de rodillas en el suelo y lloró, lloró como nunca antes había llorado. Lo hizo por Marcelino, por Rafael, por los meses sin María, por no conocer aún a Clara, por toda la España resquebrajada y moribunda. Algunos de sus compañeros pasaron junto a él, ninguno se paró, nadie dijo nada, todos compartían su dolor, a nadie le extrañó que llorase ante un presunto enemigo… ante un chico que solo sabían que era su enemigo porque vestía unas ropas diferentes y portaba otra bandera.

Manuel cogió la cajetilla de cigarros, se guardó la carta de Rafael entre las suyas y, ante otro compañero muerto en batalla, volvió a fumar, por segunda y última vez en su vida, se dijo. Una nueva promesa se acumuló a su larga lista, llevar las últimas palabras de aquel chico a sus padres, a quienes les decía lo mismo que él les decía a los suyos cuando les escribía.

Un par de años más tarde, cuando acabó la guerra, aunque aquella fuera una contienda que aún se habría de prolongar durante años en una España ultrajada y rota, Manuel volvió a su hogar, lo hizo silbando una canción alegre, sonriendo, tenía motivos para ser feliz. Había cumplido la promesa, volvía, aunque no estuviese entero por dentro. Al llegar a la plaza de su pueblo abrazó a María, cogió en brazos a Clara, besó a sus hermanas y a sus padres y lo supo, aún podía ser feliz. Dicen que cumplió todas sus promesas y cuando lo hizo, cuando su alma se serenó y volvió a estar en relativa paz, dedicó el resto de su vida a sonreír y a escribir versos para niños, acompañado siempre del humo de una marca de cigarrillos.


A los combatientes de la Guerra Civil española,
da igual el bando. Para sus familias…

10 de mayo de 2014

La Cazadora V

El cierre metálico hace un ruido de mil demonios. Me limito a subirlo unos centímetros, los necesarios para colarme. Antes de entrar me cercioro, todo está en silencio, nada se mueve en los alrededores, la Brújula sigue indicando el interior del local. Entro sin pensarlo más. Ruedo hasta lo que parece un mostrador volcado y me detengo en la oscuridad. Sigo sin percibir un solo ruido procedente del exterior más allá del silbido del viento. Bien. El local es más grande de lo que aparenta desde el exterior, hay tres largos pasillos de estanterías vacías, uno de ellos está obstruido por unos baldes caídos. Cierro los ojos y contengo la respiración. Y entonces escucho una respiración. Está al fondo de la tienda. Cobijada en lo más profundo de las sombras.

Hace mucho frío aquí dentro. Más que en el exterior. Puedo percibir el miedo exhalado por quien me espera en el fondo. Siempre ocurre lo mismo. Vengo a salvarlos, pero los aterro siempre. Me temen. Niños que han sobrevivido a la plaga, que han superado centenares de peligros, que se han enfrentado en ocasiones a las Bestias cara a cara tienen miedo de mí, de una humana, de aquella que ha sido enviada para llevarles a lugar seguro. Nunca lo he entendido. Es cierto que La Ciudad tiene una leyenda negra, una historia truculenta que yo misma sufro y por la que estoy aquí ahora mismo. Pero la contrapartida es esto. Creo que los habitantes de la única urbe segura de la Tierra son afortunados a pesar de todo, que yo lo soy. Se mueve, intenta ocultarse de mí. No puede hacerlo, es imposible, siempre encuentro lo que busco, aunque no me guste lo que pueda encontrar. Soy la mejor, la única capaz de ir y volver de La Ciudad sin descanso...

Sigo sumida en mis pensamientos cuando me topo con ella, es una niña. Tiene el pelo sucio y enmarañado, las ropas rotas y manchadas de barro, de sangre. ¿Cuánto tiempo llevará en la calle?, ¿cuánto habrá sufrido? Intenta huir de mí, correr, arrastrarse lejos de mi alcance. No tiene dónde escapar. El lugar es completamente seguro, pero es una ratonera. A pesar de la oscuridad puedo ver que está muy delgada, quizá lleve varios días sin comer nada. Cuando por fin consigo llegar hasta ella y me siento a su lado creo percibir que suspira resignada. No escapará, ninguno lo hace una vez me he sentado a su lado. El calor, la necesidad de compañía es suficiente. Le ofrezco una chocolatina y tarda unos minutos, pero al final la acepta. Cuando siento que está más tranquila, que no querrá alejarse de mí aunque yo lo pretenda nos levantamos. Tenemos que salir de la tienda. La misión está cumplida.

27 de septiembre de 2014

La Cazadora IV

La cabeza me va a estallar... siempre supuse que morir sería otra cosa, que ya no sentiría ni dolor ni pérdida ni albergaría el sentimiento de saberme derrotada. No he muerto, lo sé. Lo cierto es que he tardado apenas unos segundos en saber que no lo he hecho y por lo que he visto hacer a esas Criaturas, por lo que debería ser ahora mismo, tampoco me he llegado a transformar. Dos milagros que no sé a quién deberé pagar y que no merezco. Tendría que haber muerto. Sería un justo castigo por haberme dejado engañar, por haberme permitido perder a la pequeña. Soy una idiota, siempre lo he sido.

Estoy desnuda. Un vendaje cubre mis heridas y un aroma dulzón me habla de algún tipo de remedio para curarlas. Sea quien sea sabe lo que hace. El costado aún me arde, pero el dolor es tan persistente como aceptable. ¿Cuánto tiempo llevo dormida?, ¿dónde estoy? Aún necesitaré unos minutos antes de ponerme en pie, estoy débil, agotada. He debido tener fiebre. La oscuridad me abraza, podría dejarme mecer por ella algo más, podría abandonarme al sueño... pero Kira... ella tira de mí, tengo que levantarme, tengo que... espera, oigo murmullos. Hay más de una persona al otro lado de las paredes que me rodean, ¿cuántos?, ¿quiénes?, ¿amigos o enemigos? Solo puedo hacer una cosa, descubrirlo.

No debería levantarme aún, lo sé, pero debo hacerlo, no puedo perder más tiempo. Él me esperaba, tenía que llevarle a la niña o Kira… ¡maldita sea!, ¿cómo he podido dejarme atrapar por Ellos? Mi cabeza… he de recostarme de nuevo, al menos hasta que mis ojos se acostumbren a las penumbras, hasta que logre levantarme sin caer de nuevo. No puedo levantarme, ¡no puedo! Si no llego a tiempo, si me he demorado demasiado, mi hija morirá, Él siempre cumple sus amenazas. Necesito recuperar la Brújula, mis armas, necesito encontrar un niño. Tengo que levantarme, tengo que…

26 de septiembre de 2014

La Cazadora III

No, no, no, no... ¡maldita sea! ¿Cómo he podido ser tan estúpida? Me arde todo el costado izquierdo, ese monstruo ha estado a punto de atravesarme por completo. ¡Mierda! Me han engañado, me han mentido... todo este ataque, toda esta ciudad arrasada hasta sus cimientos... todo era una trampa para matarme. Toda esta gente ha muerto para intentar detenerme. Corre, no te detengas, vete de aquí, aléjate todo lo que puedas. Intento gritar para que la niña me entienda pero apenas soy capaz de hacer un par de gestos estúpidos. Me está subiendo la fiebre, me asfixio. No tardaré en ser uno de Ellos. Vete, niña, márchate...

Empiezo a ser incapaz de controlar mi propio cuerpo, la niebla se me nubla, ¿dónde está la niña? Debo de estar desangrándome… ¿por qué no me han devorado?, ¿por qué no han aprovechado para destruirme? Quieren que sea parte de los que son, esa es su venganza, destruir mi alma, convertirme en aquello frente a lo que llevo tanto tiempo combatiendo. Espero que la niña sea inteligente, que se marche. Al menos en esa batalla he vuelto a derrotarlos una vez más, lo he hecho bestias del averno, os he vencido. He salvado a la pequeña.

La pequeña… espero haberla salvado realmente. Mika… ella no tendrá tanta suerte. Hija mía, no pude hacerlo, no he podido… no puedo respirar. ¿Estoy de rodillas?, ¿vomito? Mika… soy… soy incapaz de moverme, no sé qué es real y qué es sueño. ¿Estoy escuchando una flauta?, ¿estoy muriendo? Mika…

24 de septiembre de 2014

La Cazadora II

La Brújula nunca miente. El edificio que tengo enfrente, rodeado de las Criaturas no es el que busco, no es mi destino final. Ahí dentro hay gente, lo sé, puedo sentirlo, igual que lo hacen las bestias, los Oscuros... necesitan ayuda y yo podría proporcionársela, pero no es mi misión, no puedo detenerme. Suerte...

Sigo la dirección marcada por la flecha imantada. Me aleja del edificio acosado y sus desgraciados moradores. Están perdidos. Una repentina corriente de aire me estremece y me hace cobijarme todo lo posible bajo mi negra cazadora de cuero. He dejado mi capa junto a mi moto, no es aconsejable vestir prendas amplias cuando una se enfrenta a monstruos incansables y violentos en extremo. Lo siento por ellos, pero su distracción puede serme útil, quizá tenga la suerte de lograr mi objetivo sin sudar siquiera, sin mancharme las manos con su sangre broncínea, sin quemarme con el ácido de sus fauces hambrientas. Es una pena, me digo mientras camino al almaro de las sombras, esta ciudad estaba completa, bien defendida, amurallada y preparada para acoger a viajeros y nómadas. Era un oasis en mitad del desierto, un punto al que llegar, una meta en sí misma… quizá por eso las Criaturas se han esmerado tanto en su destrucción… ¿habrá algo más por encima de sus endebles mentes, de sus actos primarios?

La Brújula nunca miente. Ya me lo dijeron el Anciano y el Niño cuando caminé con ellos en el Borde de la Realidad. Con ella en mis manos siempre encontraré mi verdadero viaje, mi verdadera misión. Ahí está. Es un local pequeño, un antiguo comercio chico protegido con un cierre metálico forzado y retorcido. Aún recuerdo lo bien que venían en ocasiones esas tiendas donde una podía encontrar de todo a casi cualquier hora. Hace tiempo que nada es tan fácil ni tan barato. Hemos cambiado tanto. Ahora es todo tan complicado, tan duro. Nada hace que esa tienda parezca el lugar más seguro de esta ciudad condenada a las sombras y a las cenizas. Y sin embargo… ahí es donde encontraré lo que busco.

23 de septiembre de 2014

La Cazadora

La redención es un punto de vista... un estado de ánimo en realidad. No sé quién pretende redimirme de mis supuestos pecados ni por qué tengo que hacerlo, pero aquí estoy, presta para la batalla, dispuesta a ofrecer mi sangre y mi alma para ser perdonada por un ser que ni siquiera sé realmente si existe. Aquí huele a podrido. La ciudad aún humea, no debería prevalecer el olor a carne muerta, sino la peste a quemado. Algo va mal en este lugar, muy mal. Intento prepararme para afrontar cualquier cosa que aceche en sus sombras abrasadas, en sus cenizas. Sé que es una estupidez, una nunca está preparada para toparse con algunas cosas. Estoy harta de dioses y demonios.

Desato en silencio las correas que fijan mis espadas a mi espalda. El carcaj está repleto. Las dagas también están en su sitio. Tenso el arco en un gesto mecánico e intento vislumbrar algo a través de la difuminada luz de la noche de luna llena que me enmarca. Es inútil, no descubriré qué tengo que encontrar ahí dentro hasta que me tope con ello, siempre es igual. Nunca conozco el objeto de mi misión hasta que lo he encontrado… o perdido. El primer paso siempre es el más complicado de dar, el resto es una sucesión imparable. Sé que, una vez que esté ahí dentro, no podré retroceder, será como una cuesta abajo, no podré frenar. Cierro los ojos, respiro, exhalo y, como siempre, intento ver el rostro de Mika, la carita redonda de mi pequeña. Cada vez se me hace más complicado el recordarla, estoy olvidando incluso el color de sus ojos… ¡maldita sea!

Atravieso la empalizada, como la tuvieron que atravesar en su día, no hace demasiado tiempo, las Criaturas. A pesar del fuego que ha consumido gran parte de la ciudad aún hay sangre en las calles, aún hay cuerpos y pedazos de cuerpos, aún hay señales de la violencia desenfrenada de esas bestias sin alma. Me encontraré con ellas tarde o temprano, lo sé, intentarán desmembrarme y devorarme, aunque se llevarán una sorpresa desagradable. No soy fácil de matar, lo descubrirán muy pronto. Solo espero que siga teniendo la fortuna de mi lado y que en esta ocasión, una vez más, sobreviva para seguir olvidando a mi hija poco a poco, para seguir afianzando el odio hacia sus captores. Algún día, descubrirán que no es una buena idea el enfrentarse conmigo.

7 de agosto de 2014

De ojos y escotes


En un arrebato, la chica le dio una sonora bofetada al chaval, ¿pues no le miraba a los ojos el muy idiota?, ¿para qué narices se había ella ajustado el escote con tanto cuidado y tanto esfuerzo? ¡El mundo estaba lleno de imbéciles!


26 de julio de 2014

La sombra sobre el Támesis


Caminaba despacio, encogido sobre sí mismo, en silencio... la niebla ocultaba su paseo a la sombra del edificio del Parlamento. El aroma del Támesis le provocaba siempre una sonrisa... en especial en los últimos meses al amparo de las sombras. Esta noche volvería a saciar su hambre, volvería a hacerlo...

Se relamía. Hacía años que no experimentaba un placer semejante al del paseo que precedía al asesinato. Extrajo el escalpelo de entre los pliegues de su capa negra y lo examinó con deleite. Era gracioso que nadie fuese capaz de sospechar que un simple ciudadano de a pie, con nociones básicas de cirugía veterinaria, fuese el asesino más buscado de la historia de Londres. Había incluso quien se hacía pasar por él, aunque lo que más le gustaba era que los periódicos inventasen detalles sobre su vida y le achacasen motivos que ni siquiera se había planteado. Se rió en silencio, imaginándose que años después alguien incluso tuviese la ocurrencia de otorgarle el rol de un gentleman, cuando no era más que un simple ayudante de carnicero...

Iba tan distraído que no vio los restos dejados en el suelo por un caballo poco escrupuloso con la limpieza londinense... resbaló, con tan mala fortuna que sajó su propio gaznate con el reluciente escalpelo, asfixiado en su propia sangre cayó al río y fue arrastrado por la corriente. Nunca apareció su cuerpo y el carnicero solo tuvo que contratar a otro ayudante hábil con los cortes. El famoso Jack el destripador, acababa de morir de la manera más estúpida que nadie pudiese imaginar y, de ese modo, hizo nacer una de las leyendas más inmortales del mundo.


Moraleja: quizá no esté tan mal que los dueños de mascotas dejen sus cosillas por el suelo...

13 de julio de 2014

¿Por qué echar un polvo más?


Tras vestirme apresuradamente en el lavabo entro en la habitación iluminada por las rendijas de una persiana, en la cama aprecio el bulto de mi última conquista, una preciosidad pelirroja, es irlandesa o eso he creído entender antes de conseguir que su boca y su lengua se dedicasen a menesteres más apetecibles que el hablar en un idioma que ni entiendo ni pretendo entender. He disfrutado con ella, Elein, creo que se llama… está buenísima y se ha comportado como una auténtica experta en la cama. Tengo que dejar de menospreciar a las veinteañeras, saben casi más que yo.

Sigue desnuda y apetecible. Le regalo un último beso en los labios, ni siquiera se molesta en incorporarse, sabe que me tendría ahora mismo si quisiera, yo también lo sé, pero no quiere, así que me marcho.

No creo que la vuelva a ver en la vida.

Echar un polvo está sobrevalorado, lo sé, lo pienso siempre que eyaculo y me quedo tendido en la cama sin saber qué hacer con el cuerpo aún caliente que me acompaña y que, en el peor de los casos, decide que es buena idea seguir dándonos arrumacos, besos y caricias que ya no llevarán a ninguna parte. 

Lo sé cada vez que me encuentro sudado y demasiado incómodo como para dormir en condiciones, aunque no os voy a engañar, tras acabar suelo tardar menos de un minuto en quedarme profundamente dormido. Es verdad que en ocasiones es divertido y ayuda a conocer mundo y situaciones interesantes que de otro modo jamás podría haber vivido, pero una vez consumado el acto de joder… lo dejo de encontrar atractivo. Es instantáneo. Por suerte esta noche ella sabía lo que quería tanto como yo, un buen polvo y a dormir.

Siempre me digo que para qué esforzarme, para qué intentar tirarme a otra tía por el mero hecho de hacerlo, para qué acariciar sus pechos y su espalda con un deleite casi enfermizo, para qué sentir la calidez de su carne anhelante entre mis dedos, para qué no dejar de recorrer con mi lengua ni un centímetro de su piel, para qué apreciar su rostro jadeante y entregado en la penumbra, para qué permitir que su lengua desate en mí mis propios jadeos y placeres inexplicables, y para qué, finalmente, penetrarla en todo lugar que ella me permita y terminar desatado, vacío… siempre me lo pregunto al terminar. ¿Para qué echar un polvo sin más?

No creo que vuelva a hacerlo porque sí, de ahora en adelante si no hay algo más ahí, no me acostaré con ninguna mujer…

Joder cómo está la rubia. Parece del este. Creo que voy a entrarle, a ver si tengo suerte y me acuesto con ella esta noche…

8 de julio de 2014

La vida de Alissa

Alissa era una niña pizpireta, todos lo decían en el barrio, todos la aplaudían cuando bailaba alegre en el mercado o sonreían divertidos cuando la escuchaban hablar sus primeras palabras e intentaba cantar. Todos pensaban que sería una niña feliz, que crecería sana y preciosa. Un día dejaron de sonreír al mirarla, algunos incluso la contemplaban con mal disimulado odio, a pesar de que ella aún continuaba bailando y apenas había aprendido a hablar del todo pero ya cantaba como un pequeño ángel. Cuando la tienda de su padre fue asaltada apenas nadie se dignó a ofrecerla consuelo, ni siquiera la Señora Wolf, que hacía apenas unos meses decía quererla como si fuese su propia nieta. Ella no lo sabía, pero la culpa de todo la tenían sus abuelos por haber emigrado a Alemania hacía muchos años, ellos y la estrella amarilla que llevaba cosida en la ropa y que ella había aprendido a odiar. Cada día la vida de Alissa fue un poco peor, ya no bailaba ni sonreía y sus padres temieron que se hubiese quedado muda para siempre, porque el día que los tres fueron golpeados en la calle ella dejó de hablar y cantar para siempre.

Un día vinieron los camiones. Empujaron a su interior maloliente a Alissa, a sus padres y a muchos de sus vecinos. El viaje fue largo, agotador. No todos aguantaron. Pero al final algunos llegaron a su destino. Un grupo de soldados gritó a través del ladrido de sus furiosos perros, de modo que la niña no sabía quiénes ladraban más fuerte. Les separaron nada más llegar. Entre lágrimas su padre y su madre la abrazaron como si quisieran llevarla para siempre en sus entrañas, pero nada pudieron hacer frente a los soldados y sus armas. Un chico intentó escapar y otro se lanzó frente a uno de los soldados, los dos murieron al instante.

Alissa no vio a sus padres nunca más, durante meses permaneció encerrada en un campo de concentración, no volvió a decir una palabra. Pero en el último momento, encerrada con otras doscientas personas en unas duchas de las que nadie salía con vida, abrió la boca para cantar, sonreír, bailar y conseguir que todos aquellos infelices murieran con una sonrisa, pensando en lo pizpireta que parecía aquella niña de ocho años.


El hombre con prisa

Tenía mucha prisa, quizá demasiada. Siempre se lo habían dicho. Y aunque reconocía que todos los que lo afirmaban tenían razón, no podía menos que seguir corriendo, buscando lo antes posible, impacientándose por alcanzar unas metas que ni siquiera conseguía entrever en el horizonte de un futuro que no terminaba de llegar nunca. No podía explicarlo bien, era una comezón en el estómago, el sentimiento de que algo le faltaba, algo que tenía que llegar y que nunca llegaba...

Cuando era pequeño quería crecer lo antes posible, durante sus relaciones personales intentaba siempre alcanzar lo antes posible la culminación de las mismas y cuando viajaba, corría todo lo posible para llegar a su destino antes que nadie. Nunca llegaba tarde a una cita, siempre tenía prisa. Para llegar y para marcharse, siempre con prisa, allá donde fuera...

Y antes de darse cuenta siquiera llegó el día de su muerte, la niña de las pecas y los rizos rubios le miró de arriba a abajo y le hizo ver su vida antes de llevárselo de la mano al otro lado de la existencia. Solo entonces se dio cuenta de la futilidad de su prisa, de cuánto había corrido y de todo lo que le faltaba por vivir. Aunque ya era demasiado tarde para remediarlo.

25 de junio de 2014

Asociaciones Culturales, lugares de encuentro con compañeros de viaje


Es sorprendente.

Uno comienza un camino solo, empeñado en poner en marcha una idea, en recorrer una senda que parece impracticable o, cuanto menos, complicada. Empieza con muchas ganas, envalentonado por su pasión y por su entrega. Al principio se sabe solo, se siente solo, pero le da lo mismo, el empeño y el empuje son tan fuertes que parece que nada será capaz de detenerle… entonces es cuando empiezan a llegar los repechos, los obstáculos, las equivocaciones… pero la pasión es tan grande, el impulso tan fuerte que sigue adelante a pesar de todo, aun sabiendo que las fuerzas comienzan a abandonarle. Y cuando parece que has llegado al límite, que no serás capaz de atravesar esa última cuesta del camino, es cuando te encuentras con la mano de alguien que arrancó su propio camino con las mismas ganas que tú y que se encuentra en una situación semejante a la tuya. Alguien con ideas parecidas a las tuyas, con pasiones semejantes, con proyectos repletos de ilusión. Alguien capaz de reforzar tus propias ganas. El impulso es mutuo, dos empujan más que uno y solo es cuestión de tiempo el que se encuentren con otras personas que contribuyan a que el camino sea más suave o la cuesta más llevadera.

Eso es una Asociación Cultural, un empuje colectivo para poner en marcha proyectos o ideas que contribuyan al empuje de las pasiones de individuos reconvertidos en grupo. Eso es para mí, por ejemplo, la Asociación Cultural Las Palabras Escondidas, de Villa del Prado. Un punto de encuentro con personas empeñadas en la difusión de la cultura que me ayudó cuando mis cuestas parecían más empinadas y cuando no era capaz de encontrar el camino. Pero este es mi caso, el de una sola persona en la Sierra Oeste de Madrid. Hoy, tenemos la suerte de poder afirmar que el tejido colectivo ha crecido en poco tiempo y que no deja de crecer y evolucionar a mejor.

Asociaciones Culturales, Clubes de Lectura, Grupos de Teatro… son muchos y variados los colectivos que hemos decidido que nuestra Sierra es un lugar estupendo para desarrollar nuestra pasión por la cultura. Puede que en este tiempo de crisis económica todos nos hayamos percatado de que la difusión y promoción de la cultura es más necesaria que nunca y ahora, que parece que aquellos que mandan olvidan, con honrosas excepciones, la importancia del teatro, de la música, de los libros o del cine, por poner varios ejemplos, somos muchos los que hemos levantado la mirada al frente, hemos dado el paso necesario y hemos conseguido llevar adelante ideas y proyectos realmente increíbles. Hoy, tenemos la suerte de que nuestros lazos afectivos y colaborativos están más fortalecidos que nunca y que nos da lo mismo ser de Navas del Rey, de Villa del Prado, de Chapinería, de San Martín de Valdeiglesias, de Pelayos de la Presa o de Colmenar del Arroyo, por decir algunos municipios, porque lo que verdaderamente nos interesa es que nuestra cultura común, toquemos la rama que toquemos, crezca cada día un poco más y llegue a lugares que antes parecía impensable.

En Castillos en el Aire nos hemos dado cuenta, la cultura comarcal ha crecido enormemente en estos años de Crisis, en seis años en antena y poniendo toda nuestra atención en cuanto ocurría en nuestra comarca, hemos visto cómo nacían grupos culturales y cómo aumentaba la oferta cultural en nuestros municipios. Presentaciones literarias, reuniones de confraternización, representaciones teatrales, exposiciones… Es realmente increíble lo que se puede hacer con empeño y esfuerzo.

Hoy, 29 de mayo de 2014, en uno de los enclaves más emblemáticos de la Sierra Oeste de Madrid si hablamos de cultural, la Biblioteca de Chapinería, ponemos entre todos una piedra más en este camino que entre todos estamos empedrando para que sea más cómodo pasear por él, una piedra que ponemos entre todos y que, estoy seguro, ayudará a contribuir a que la fuerza que nos ofrecemos los unos a los otros sea aún mayor.


Texto leído en el Encuentro de Clubes de Lectura y Asociaciones Culturales celebrado en Chapinería el pasado 29 de mayo de 2014.

27 de abril de 2014

Uno de mis artículos en la Revista Érase una Vez

Con motivo de la visita de Menudo Castillo al Museo ABC del Dibujo y de la Ilustración, gracias a la Editorial Edelvives y la Exposición El Pájaro Enjaulado, de Javier Zabala, escribí un artículo que los amigos de la Revista Érase una Vez han tenido a bien publicar en su web, así que, aquí os dejo el enlace, por si os apetece leerlo, espero que os guste.

16 de abril de 2014

Cuenta atrás

Uno...

            Dos...


¡Bum!



12 de abril de 2014

Dibujos y letras


Él era escritor, ella ilustradora… se conocieron en una cafetería donde él había pedido un café con leche y ella un vaso de leche con café. A él le gustaba escribir historias tristes y grises, a ella le gustaba dibujar colores muy vivos y caritas siempre sonrientes. Estuvieron hablando durante horas y horas, tantas que a cada uno se le pegó un poquito de los gustos del otro –hay quien dice que eso fue porque al final de esa tarde, al despedirse, se dieron un largo beso-, el caso es que desde ese día las historias de él eran un poco menos grises y tenían algunas sonrisas y las ilustraciones de ella eran menos coloridas y a veces menos sonrientes… muy pronto se hicieron novios y contaron muchas cosas juntos, aunque esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

El País del NO

En el país del NO todo el mundo conocía una única palabra, “NO”, así que, cuando nació un niño que no sabía decir NO y en cambio pronunciaba un ininteligible vocablo desconocido por todo el mundo que sonaba algo así como “SÍ”, no supieron qué hacer con él.

Como no era un país malvado y sus habitantes cuidaban y querían a todos los suyos aunque no los entendiesen, criaron a aquel niño a quien nadie entendía una sola palabra, pero cuando este se hizo mayor decidió recorrer mundo, para ver si había alguien capaz de entenderle. En su viaje aprendió algo que a nadie en su país se le había ocurrido intentar, a decir NO además de SÍ. Fue gracias a un anciano profesor muy paciente y testarudo que lo consiguió después de casi dos semanas de empeño. Gracias a muchas personas, países y aventuras diferentes, aquel niño que ya era un joven aprendió muchísimas palabras más, tantas, que no sabía qué hacer con ellas, ya que en su país a nadie parecían hacerles falta. 

Hay quien cuenta que las guardó en un baúl secreto bajo la sombra de un roble centenario y que un día hubo un niño que lo encontró y se llevó todas aquellas palabras a todo el mundo que las quisiera aprender y escuchar, pero esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.


1 de abril de 2014

Estoy en una nueva antología de relatos


Pues sí, con "El Club de la Rose", un relato que nos lleva a finales del Siglo XIX y a las calles de un París oscuro y a la sombra de una torre de metal en edificación y novedosa en el perfil de la ciudad-

La antología es "Tras las huellas de Arsenio Lupin", está publicada por MAR Editor y en ella "comparto cartel" con grandísimos autores clásicos y estupendos autores contemporáneos. Espero que si tenéis la oportunidad de leerla, os guste.

Por cierto, si leéis mi relato, os sorprenderán algunos flecos sueltos, detalles obviados e incluso algunos momentos que parecen incompletos... está escrito así a propósito, buscando que los lectores rellenéis esos huecos y contando una historia larga con retazos de la misma... y lo dicho, espero que os guste.


Tras las huellas de Arsenio Lupín 

"Tras las huellas de Arsenio Lupin" es una Antología indicada especialmente para los amantes de la novela policíaca y la novela negra. Se reúnen en este volumen relatos detectivescos y policiales ambientados entre mediados del S.XIX y la Belle Époque, con autores clásicos, como Maurice Leblanc, Marcel Schwob, Ambrose Bierce, Arthur Conan Doyle y Guillaume Apollinaire y contemporáneos de España e Hispanoamérica, que destacan en sus relatos el proceso delictivo, las motivaciones del delincuente y cómo el investigador desentraña la intriga. 

Una selección de relatos elegantes, caballerescos y en ocasiones casi ingenuos en comparación con la realidad de nuestra época. Y ahí radica su principal interés, al ofrecernos un mundo a veces aristocrático, selecto en otras ocasiones, entre brillantes salones y despachos de madera antigua, en el que casi siempre el delincuente y su perseguidor tienen sus propios códigos éticos y estéticos, y el acto delictivo puede llegar a convertirse en una obra de arte.


30 de marzo de 2014

El Caballero Blanco


Dejó caer la espada y soltó las correas de cuero que sujetaban el pesado pecho acorazado de su armadura. Estaba tan cansado que pensó en dejarse caer allí mismo, descansar por fin, quizá morir... su misión era importante -recordó- sus compañeros dependían de que su mensaje llegase a tiempo a la fortaleza en la que se refugiaba el Rey, pero estaba demasiado cansado como para continuar... La flecha partida punzaba en su espalda, provocando un dolor profundo e intenso. El barro convertía cada paso en una hazaña. Por momentos era capaz de escuchar los gruñidos de los trasgos a su alrededor, le buscaban a él, estaba seguro. Su voluntad era fuerte, siempre lo había sido, pero estaba agotado tras una campaña que ya se contaba por meses. Sería tan fácil dejarse morir allí mismo...

La lluvia arreció. En algún lugar recóndito de su mente se dijo que aquello era una fortuna, porque la lluvia ocultaría su pesado tambalear, sus gemidos, su olor. Alcanzó el río, estaba tan cerca del castillo… resbaló en el lodo y cayó al suelo. Supo que sería incapaz de levantarse, que allí, en aquel remanso del Río Sangre, terminaba su aventura. Había fracasado. Sus amigos, sus compañeros de armas, su hermano y su hijo… todos serían masacrados por los trasgos. No era capaz de levantarse. Cerrar los ojos, dormir…

¡Levántate! La voz resonó a través del fragor del agua arrojada por el cielo negro. El maltratado guerrero buscó en la oscuridad quién le había despertado y hecho levantar de golpe y al pie del río descubrió a un caballero cubierto completamente con su armadura, una armadura blanca y reluciente. Nadie vestía armadura blanca desde hacía años… Pensó que sería fácilmente divisable por los trasgos que le acechaban pero era su última esperanza y se dispuso a seguir sus pasos. Durante más de una hora caminó tras los pasos del caballero desconocido, en ocasiones siguiendo únicamente el rastro que sus huellas dejaban en el suelo embarrado. Aquel hombre le llevó sano y salvo hasta el portón de la fortaleza. Al intentar ofrecerle su eterno agradecimiento se descubrió solo ante las murallas… y al entregar su mensaje vio con estupor un gran retrato de un caballero ataviado con armadura blanca y luminosa, un retrato perteneciente a Sir Willham Sterd, fallecido en combate al pie del Río Sangre hacía casi dos siglos.