23 de enero de 2014

El último vuelo de El Tejón Elegante


El anclaje fue más complicado de lo habitual, claro que para un novato como él aquella maniobra resultaba toda una hazaña. Kristoff Loof frunció el ceño y gesticuló con preocupación al escuchar el crujido en el casco de la nave. Esperaba no estrellarse en su primer vuelo como capitán. Por suerte, el personal de tierra hizo su labor con precisión y velocidad, evitando que el navío fuese arrastrado por la terrible tormenta que azotaba el Planeta Durlaam.

El neófito capitán no se mostró tranquilo ni soltó el timón situado junto a la consola de mando hasta que las hélices y los motores no se detuvieron por completo. Algunas bielas y cables chirriaron con fuerza antes de detenerse. Kristoff suspiró entonces y dejó escapar todo el aire contenido en sus pulmones. Su primer viaje interplanetario había concluido con relativo éxito. No está tan mal para ser la primera vez. Tanto en el casco como en el interior aún podían apreciarse los desperfectos causados, primero por la precipitada huida y más tarde por la accidentada entrada en el planeta. Se peinó y recompuso suficientemente antes de que la Duquesa de Corn abandonase su camarote y se dejase ver por la cabina. La mujer no tardó en aparecer con su figura felina y su pose sensual. Al verla, Loof intentó enarbolar la pose de autosuficiencia y soberbia que llevaba adoptando desde la aceptación del trabajo que le había llevado hasta Durlaam. Desde el mismo momento en el que se había hecho pasar por dueño y capitán de la nave. De momento no había dado motivos para que ella dudase de su pericia y condición.

-Lo hemos conseguido Milady. Ya le dije que no encontraría en todo Rastur un navío mejor.

Ella se limitó a asentir con la mirada distraída en algún punto más allá del capitán. Era cierto, aquel navío y su arrogante capitán la habían salvado de una muerte segura. Había tenido suerte. Realmente se podía considerar afortunada…

Sin mediar palabra alguna con Kristoff extrajo un pequeño revólver dorado de la liga de su pierna derecha y disparó al capitán en el pecho. Antes de que este muriese se acercó hasta él y le besó en la mejilla. “Lo siento –confesó sincera– pero mi misión es de vital importancia para la Corona y tengo órdenes estrictas de no dejar testigos”.

Minutos después, El tejón elegante volaba por los aires. Desde la distancia, Katia, la Duquesa de Corn lanzó un beso al aire y reanudó su misión.