3 de enero de 2014

La Caída de Grolh-Nor


La emboscada fue brutal. Toda la familia real fue masacrada en unos pocos minutos. No quedó un solo noble con vida. Solo Trenzor y dos de sus guerreros más experimentados sobrevivieron a la lucha. Los tres habrían dado gustosos la vida por aquellos que habían jurado proteger hasta la muerte, pero no había honor en morir por alguien que ya estaba muerto. Las órdenes del enemigo habían sido claras, primero los débiles, después los fuertes... Grolh-Nor había caído, la fortaleza de los minaretes verdes, la Esmeralda de Occidente sería pronto una ciudad maldita e infestada de criaturas diabólicas, no quedaría nadie con vida, el Impero estaba acabado. Trenzor supo que los días de paz habían terminado. Los humanos se habían convertido en presas. Tenían que ocultarse, reagrupar a los supervivientes, contraatacar...

Entonces escuchó los gritos. Procedían de más allá de los muros derrumbados de la ciudad fortificada. Ancianos y niños, eso era lo que quedaba con vida en el interior de Grolh-Nor. Ellos sufrirían los horrores a los que las Bestias sometían a los derrotados en la batalla. Mhïr le aferró del antebrazo urgiéndole a marchar. Él era el único que podría reunir a los humanos bajo un mismo estandarte, decían sus ojos negros. Trenzor se apartó de su amigo con un gruñido. No iba a marcharse, no iba a abandonar a los indefensos a su suerte. No podemos hacer nada por ellos, están perdidos. Trenzor supo en ese momento que si huía sería él quien estaría perdido para siempre. Envainó sus hachas a la espalda y corrió hacia las ruinas de la ciudad.

Con un reniego furioso Mhïr y Tao le siguieron hacia una muerte asegurada. Los tres fueron como una flecha ardiente incendiando las filas de Bestias que se sabían vencedoras. Ninguna de aquellas criaturas esperaba el regreso de los humanos que huían con el rabo entre las piernas. Entrar fue sencillo para tres guerreros como ellos. La ciudad era un caos de muerte y sangre, de fuego y saña, de odio desmedido. Los tres alcanzaron el Templo, dentro se amontonaban decenas de niños llorosos, muchos ancianos y alguna mujer superviviente, apenas había hombres. Pronto fueron rodeados y Trenzor supo que le tocaba dirigir una última acometida desesperada, arengar a un último ejército antes de morir. Las criaturas aguardaban a su señor para actuar, eran bestias pero no eran estúpidas. Cuando este llegó dio la orden de demoler el Templo y masacrar a quienes se resguardasen dentro. Fue el momento escogido. Un ejército de ancianos armado con estacas ardientes surgió como una dentellada hambrienta del interior del edificio, tras ellos corrían los niños, también armados, los más grandes llevando en brazos a los más pequeños. Trenzor, Mhïr y Tao murieron en la embestida, no sin antes derramar la sangre de decenas de Bestias, así como la de su Señor Oscuro. La mayor parte de los adultos y muchos de los niños también murieron, pero hubo muchos otros que pudieron superar la línea enemiga y sobrevivir a la Caída de Grolh-Nor. Esos supervivientes fueron los que años más tarde recuperaron el poder de los hombres y desterraron a las Bestias para siempre, en su estandarte, llevaban dibujados los minaretes verdes que les vieron ser héroes en el pasado.

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2 comentarios :

Anónimo dijo...

Es muy emocionante y mantiene el interés desde el principio hasta el final, que no por previsto resulta muy apropiado. Dejando al margen que los humanos nunca hemos tenido, ni tenemos, rabo, quizá en los juegos de la playstation sí, pero serán humanos de otra dimensión o de otra galaxia, es muy importante el mensaje: los mejores se tienen que sacrificar por las mayorías. Hace mucho tiempo alguien comentó que las estatuas las levantan los hombres prácticos a los héroes. Algunos creemos que si todos ponemos un poco de nuestra parte, los héroes no necesitan morir en la batalla, sino de viejos en sus camas.

Javi dijo...

Muchas gracias por el comentario. Estoy de acuerdo en lo de los rabos, jejeje (supongo que es por la foto, ¿verdad?

En cuanto al mensaje que contiene el micro, creo que he intentado que en él esta gente más práctica o esta mayoría, también se moje cuando se necesita que lo haga, eso sí, necesitan ser espoleados un poco para ponerse en marcha.

Al final, si nos lo proponemos, podemos seguir adelante siempre, pase lo que pase.

Un saludo y gracias por el comentario y la lectura del texto.