21 de febrero de 2014

Adolescencia


Me recuerdo implorando ante el espejo
unas arrugas que ahora comienzan a incordiarme…

Me recuerdo torpe,
fui un adolescente perplejo y atontado
(en eso no es que haya mejorado mucho, la verdad)
un chaval anodino y despistado,
distraído,
incapaz de comprender el mundo y sus alrededores
atropellando mi espíritu infantil…

No me recuerdo perdido ni buscándome a mí mismo,
tampoco enfrentado contra el mundo
ni discutiendo mi sociedad sobrevenida,
nunca fui tan intenso ni tan interesante,
no me enamoré de mi profesora de lengua
ni robé nunca un examen
(ya os he dicho que era un poco bobo)
creo que fui un tipo tonto y aturdido por entonces,
seguramente otro borrego más en el rebaño
(esto negaré haberlo confesado)…

Ahora tengo arrugas, muchas de reír
(en esto sí que fui constante y previsor, es cierto)
empiezo a quedarme calvo
e intento jugar a un juego al que creo que he llegado un poco tarde,
aunque me siento adelantado cada día por aquellos que saben correr en el momento adecuado,
tampoco es que me importe demasiado.

No, no fui un adolescente intenso,
tampoco es que hoy me vaya mucho lo profundo,
espero que a nadie le moleste.


Este poema abre un nuevo ¿poemario? La verdad es que no sé si es un poema o si habrá un poemario con esto, de momento, he escrito cuatro textos que iré añadiendo poco a poco... o eso creo. Espero que os guste.