26 de julio de 2014

La sombra sobre el Támesis


Caminaba despacio, encogido sobre sí mismo, en silencio... la niebla ocultaba su paseo a la sombra del edificio del Parlamento. El aroma del Támesis le provocaba siempre una sonrisa... en especial en los últimos meses al amparo de las sombras. Esta noche volvería a saciar su hambre, volvería a hacerlo...

Se relamía. Hacía años que no experimentaba un placer semejante al del paseo que precedía al asesinato. Extrajo el escalpelo de entre los pliegues de su capa negra y lo examinó con deleite. Era gracioso que nadie fuese capaz de sospechar que un simple ciudadano de a pie, con nociones básicas de cirugía veterinaria, fuese el asesino más buscado de la historia de Londres. Había incluso quien se hacía pasar por él, aunque lo que más le gustaba era que los periódicos inventasen detalles sobre su vida y le achacasen motivos que ni siquiera se había planteado. Se rió en silencio, imaginándose que años después alguien incluso tuviese la ocurrencia de otorgarle el rol de un gentleman, cuando no era más que un simple ayudante de carnicero...

Iba tan distraído que no vio los restos dejados en el suelo por un caballo poco escrupuloso con la limpieza londinense... resbaló, con tan mala fortuna que sajó su propio gaznate con el reluciente escalpelo, asfixiado en su propia sangre cayó al río y fue arrastrado por la corriente. Nunca apareció su cuerpo y el carnicero solo tuvo que contratar a otro ayudante hábil con los cortes. El famoso Jack el destripador, acababa de morir de la manera más estúpida que nadie pudiese imaginar y, de ese modo, hizo nacer una de las leyendas más inmortales del mundo.


Moraleja: quizá no esté tan mal que los dueños de mascotas dejen sus cosillas por el suelo...