#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

Microrrelatos en 3 Capítulos

Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

26 de febrero de 2014

Visita al programa de radio El Búnker Z

Hablamos de Radio (y literatura, por supuesto)

El lunes pasado estuve con los amigos del programa de radio El Búnker Z, Sara Cáceres y Ángel García, con quienes estuve charlando de radio, podcast y libros. La verdad es que eso de estar "al otro lado del micro" también es muy divertido (aunque me ponga mucho más nervioso que cuando soy yo quien presento) y lo pasé genial. Además, creo que salió una conversación muy interesante y que, aunque nos dejamos a muchísimos amigos y programas por mencionar, sí que surgieron varios nombres interesantes.

¿Y tú?, ¿ya sabes por qué haces radio?

El Búnker Z se escucha en Radio Ritmo Getafe, cada lunes, desde las 17.00 horas.

Visita al programa 70 de Al Otro Lado del Espejo


En compañía de Rol Freeman

En Radio 21 (esto ya lo sabéis casi todos vosotros) tenemos unos programas que son un auténtico lujazo, uno de ellos (que me he descubierto escuchando cada semana) es Al otro lado del espejo, de mi compañero Rol Freeman, un programa de buceo, sí, como lo leéis, de buceo, pero que encierra mucho más, como biología marina, navegación, viajes... y literatura.

Precisamente Raúl me invitó a acompañarle en su programa número 70 para hablar de literatura en la que el mar fuese uno de los protagonistas o un referente y bueno, salieron unos pocos títulos (aunque podríamos haber mencionado muchísimos otros y muchísimos más).

Una estupenda experiencia que espero repetir.



Por cierto, Al otro lado del espejo es un programa que podéis escuchar cada viernes en Radio 21, a eso de las 13.00 horas y estoy seguro de que os sorprenderá.

25 de febrero de 2014

El Milano


Miró el vuelo del milano y deseó ser él quien pudiese sobrevolar los cielos, surcar las capas cálidas de viento con un planeo silencioso y lleno de majestuosidad. Desde el suelo, los pies descalzos sobre la piedra y la tierra húmeda, apreció cómo los rayos de los dos soles incidían en las coloridas alas del animal, desplegadas por completo, oteando el bullicioso amanecer de los humanos en Wai-go.

Escuchó un estruendo a su espalda y una sombra oscureció el cielo momentáneamente, no le importó lo más mínimo. En ese instante solo existía para contemplar el apacible vuelo de la rapaz, para soñar que podía salir de allí en un instante, arrastrado por las corrientes del inmenso azul. Era aún muy joven, apenas había superado ya la Prueba de Hombría. Y aun así, ya le habían hecho entrega de una lanza y un escudo, de una irrisoria coraza y de una responsabilidad que pesaba como una losa enorme sobre sus hombros. Le hubiese encantado ser como un personaje de leyenda, poder lanzarse al vacío y huir convertido en milano, fundirse con la naturaleza, no ser un hombre enviado a la guerra del Norte…

Sintió el calor y el estruendo fue aún más fuerte que antes. No dejó de mirar al milano. Ni siquiera cuando las lanzas de los enemigos atravesaron su cuerpo de parte a parte y el dragón jineteado por uno de los norteños le partió la espina dorsal de un zarpazo. Algunos supervivientes afirmaron días más tarde que Ishil, el hijo de Imarh, continuó mirando al milano mientras los Perros Carroñeros de la infantería del Norte lo devoraban. Incluso alguien llegó a decir que el milano, finalmente, se marchó del campo de batalla arrastrado por una corriente de aire diferente, una que procedía del cuerpo inerte del muchacho.


Guerra



Una vez llegué a pensar que una guerra a tiempo es un acierto…
era un ignorante entonces, lo confieso

después
ahora
         más tarde
llegaron las fotos
                           los vídeos
                                           el dolor
                                                        los gritos
las certezas

la guerra es un polvo gris sobre los niños
indefensos
    miembros inertes sobre los brazos de sus padres,
miedos innombrables en los ojos
aterrados
               recuerdos que ya jamás se olvidan,

con suerte un campo de refugiados atestado,
por lo común escombros, cenizas, sangres y trincheras…

La guerra es una cicatriz inabarcable…

Es el llanto inconsolable de unos rizos despeinados,
una enfermedad crónica, inaudita, inexplicable…

ahora lo sé
y no puedo menos que reconocerlo y alegrarme,
nunca he tenido que lamentar vivir en una guerra,
no he sufrido una batalla…

era, soy, un ignorante
lo reconozco,
pero hoy soy un poco más sabio al afirmar:

nada bueno puede traernos nunca una guerra.
   


22 de febrero de 2014

Caver


No me llamaron aquel día
tampoco me habían escrito antes
aunque se lo pedí, aunque lo prometieron…

entonces no le di mucha importancia
más tarde supe que la tenía,
yo era, soy, mucho más que una camiseta desgastada de Brasil
que unos chistes repetidos
que unas risas…
no lo supieron ver entonces,
creo que muy pocos lo ven ahora…

gracias a ellos, en parte, emborrono este cuaderno
con garabatos azulados
(aunque en el ordenador o en estas páginas no puedan verse),
gracias a ellos, en parte,
sigo buscando en mis recuerdos
algo más que unos colegas…



21 de febrero de 2014

Adolescencia


Me recuerdo implorando ante el espejo
unas arrugas que ahora comienzan a incordiarme…

Me recuerdo torpe,
fui un adolescente perplejo y atontado
(en eso no es que haya mejorado mucho, la verdad)
un chaval anodino y despistado,
distraído,
incapaz de comprender el mundo y sus alrededores
atropellando mi espíritu infantil…

No me recuerdo perdido ni buscándome a mí mismo,
tampoco enfrentado contra el mundo
ni discutiendo mi sociedad sobrevenida,
nunca fui tan intenso ni tan interesante,
no me enamoré de mi profesora de lengua
ni robé nunca un examen
(ya os he dicho que era un poco bobo)
creo que fui un tipo tonto y aturdido por entonces,
seguramente otro borrego más en el rebaño
(esto negaré haberlo confesado)…

Ahora tengo arrugas, muchas de reír
(en esto sí que fui constante y previsor, es cierto)
empiezo a quedarme calvo
e intento jugar a un juego al que creo que he llegado un poco tarde,
aunque me siento adelantado cada día por aquellos que saben correr en el momento adecuado,
tampoco es que me importe demasiado.

No, no fui un adolescente intenso,
tampoco es que hoy me vaya mucho lo profundo,
espero que a nadie le moleste.


Este poema abre un nuevo ¿poemario? La verdad es que no sé si es un poema o si habrá un poemario con esto, de momento, he escrito cuatro textos que iré añadiendo poco a poco... o eso creo. Espero que os guste.


19 de febrero de 2014

He publicado un artículo en el blog de El Búnker Z


El Búnker Z es un programa de radio que habla de literatura, cine, videojuegos... ya sabéis, todas esas cosas que nos gustan, es un programa amigo y he tenido la inmensa fortuna de que me invitasen a escribirles un artículo para su blog como "firma invitada", así que, si os apetece leerlo, solo tenéis que visitar su blog y, por supuesto, comentar qué os ha parecido...

Y si queréis, éste es el enlace directo al Artículo en cuestión

Por cierto, ha sido un auténtico placer escribir para estos insensat... estos grandes colegas de Radio y pasiones. GRACIAS Sara y Ángel.

7 de febrero de 2014

Prisa

Cuando llegó al andén, la puerta del tren ya se cerraba y el convoy se ponía en marcha. Llegaba tarde a la cita con John Williams, el reputado arquitecto a quien quería enseñar su proyecto. Se agobió. Por un segundo pensó en saltar a la desesperada y meter una mano o un pie a través de la pequeña rendija que quedaba a tiro, seguro que el tren se detenía. Pero se lo pensó dos segundos más de lo que debía y no lo hizo. Nunca había sido decidido o valiente. Miró el reloj que indicaba cuándo llegaría el siguiente tren. Tenía casi diez minutos por delante. Iba a llegar tarde.

Comenzó a caminar andén arriba, andén abajo, furioso consigo mismo y con los nervios acuchillándole las tripas. “Por mucho que te ofusques y mucho que camines, no conseguirás que llegue antes”. Alan miró a la persona que parecía haberse dirigido a él, era un señor mayor, estaba repantigado en un banco y parecía disfrutar en grande con su situación. Lucía una gran sonrisa en la cara y sus ojos demostraban una satisfacción difícil de encontrar en una estación a esas horas de la mañana.

Alan estuvo a punto de replicar al abuelo que no era asunto suyo y que más le valdría callarse, que no sabía la prisa que tenía ni la importancia de la cita en la que se jugaba su futuro en el mundo de la arquitectura, aunque en el último momento cerró la boca y permaneció en silencio, aquel señor no tenía culpa de sus prisas ni de sus males, además, le había caído bien. No pudo evitar sonreírle en respuesta y detuvo ligeramente sus nervios y sus paseos.

-Siéntate aquí, conmigo, a mi lado –invitó el hombre-. Estírate, respira hondo, sonríe. Disfruta de esta mañana tan estupenda y única en tu vida. Ya verás como la espera se hace mucho más corta.

Alan, que al principio se mostró muy reticente, acabó sentándose junto al abuelo. Se estiró, respiró hondo, sonrió y se relajó como hacía meses que no lo hacía. Cerró los ojos y al abrirlos, vio que el tren estaba justo frente a él, sin embargo, aún decidió permanecer unos minutos más junto al anciano. Cuando el nuevo convoy se alejó, la sonrisa de Alan se hizo aún más amplia. Tenía tiempo de sobra, su proyecto era genial y la cita con Williams era un regalo, no un castigo.

Un nuevo tren llegó. En esta ocasión Alan sí que se levantó del banco, despidiéndose del anciano con la mayor sonrisa que recordaba en años.

-¿Cuál… cuál es el truco? –Quiso saber.
-El truco está en ser feliz –respondió el abuelo con una sonora carcajada- el truco está en ser feliz.