#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

Microrrelatos en 3 Capítulos

Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

29 de diciembre de 2015

Esta tarde me llevo a #SirWilfredo a Villa del Prado


Es verdad, hacía mucho que no escribía en este blog en concreto, pero es que, entre unas ocas y otras a veces es imposible hacerlo, pero bueno, como ahora llega el nuevo año y tal... voy a procurar portarme bien y escribir una entradita de vez en cuando, que no se diga que alguien dice que es escritor se dedica a hablar y a hablar y a hablar y apenas escribe nada... en fin, que hoy vengo a contaros que...

Me llevo a #SirWilfredo (lo de la almohadilla es simple moda, no creáis) a Villa del Prado. Vale, lo sé, ya lo había dicho en el título de la entrada, pero redundo, que a veces uno no se entera de las cosas aunque las tenga delante de sus narices. Pues eso que me voy a Villa del Prado con mi famoso (al menos en mi casa, donde están ya un poco hartos) Taller de Caballeros Andantes. ¿No sabes qué es ni de qué trata? Pues tranqui, te lo cuento en un momento.

Hay quien defiende que los malvados están de moda, que los malos son los que de verdad molan... pues yo creo lo contrario, que los buenos son geniales y que cada día son más necesarios, que los héroes son estupendos para los libros, los cuentos, las pelis... pero... ¿y en la realidad? En la realidad son mucho mejores. Claro, seguro que ahora mismo alguno de vosotros está pensando... pero si los héroes no existen, si solo salen en videojuegos y en el cine. Pues no. Hay héroes de carne y hueso, de los de verdad y estoy seguro de que muchos de vosotros terminarán siéndolo si se lo propone. De hecho de eso va este taller, de demostraros a todos que los héroes existen, están vivos, necesitamos ponerlos de moda y vosotros podéis serlos.

¿No te lo crees?


Pues vente esta tarde, a eso de las 18.00 a la Cafetería El Secreto de Villa del Prado (en Villa del Prado, obvio, ¿no?) y lo descubrirás. Por cierto, es GRATIS.


24 de octubre de 2015

El Primer Premio de Miguel


Miguel estaba tan nervioso que no sabía ni qué hacer con sus manos, no recibe un premio uno todos los días. No es que fuese un premio demasiado importante, no creáis, tampoco era un premio de esos en los que uno tiene que posar para decenas de fotógrafos dándose empujones, qué va, era un premio chiquitín, muy humilde, pero repleto de la ilusión de aquellos que habían decidido entregárselo. Cuando escuchó su nombre y se levantó para ir a recogerlo estuvo a punto de tropezarse con las escaleras, sudaba mucho y estaba seguro de que iba a tartamudear en los agradecimientos, ya se conocía cuando se ponía algo nervioso. Fue incapaz de quitarse el nudo del estómago en todo el rato y aunque en el Salón de Actos solo estaban sus compañeros de colegio para él fue como estar ante una auténtica multitud. Fue una experiencia fantástica esa de recibir un premio por ser buen compañero… dicen que algunos años después Miguel recordó aquel premio cuando subía a recibir un gran premio literario y que, aunque este era muy importante y frente a él había decenas de fotógrafos empujándose por hacerle la mejor foto, él solo podía ver enfrente a sus compañeros de colegio, dicen que recibió muchos premios más y que fue un escritor muy famoso y muy premiado pero ¿sabéis qué? Eso ocurrió en otro momento, en otra historia, en otro cuento y quizá, solo quizá, algún día haya alguien que os lo cuente.

5 de octubre de 2015

Los amigos de Diábolo Magazine hablan de Sir Wilfredo


Y lo hacen estupendamente

Además en esta ocasión no os voy a contar mucho más, prefiero que leáis la entrevista y que, si os apetece, echéis un vistacillo a todo lo que tiene Diábolo Magazine, una revista para peques y mayores que es muy completa, colorida y divertida.





4 de octubre de 2015

¿Recomendar u obligar?, ¿qué es mejor para fomentar la lectura en colegios e institutos?


No habría un mejor ejemplo para conseguir que nuestros niños y jóvenes leyesen que hacerlo nosotros mismos, que nos viesen disfrutar con nuestras lecturas y decidiésemos compartir con ellos nuestras vivencias a lomos de un libro, pero en España no se lee o no se lee lo que debería leerse y claro, no es sencillo que nuestros más pequeños hagan algo que ven que a sus mayores les cuesta hacer o que, directamente, aborrecen y alejan de su día a día, algo que en los medios se obvia y que se ha convertido casi en un elemento denigrado por el común de la sociedad. Aun así, en institutos y colegios, profesores y maestros tienen el complicado trabajo de fomentar la lectura entre sus alumnos, a veces con barreras tan infranqueables como la desigual lucha ante otros frentes, la escasa comprensión lectora o múltiples y variados impedimentos.

Durante años no hubo duda, en clase el profesor elegía el título a leer, un título habitualmente elegido años atrás por algún grupo de profesores o prescriptores, los alumnos estaban obligados a leerlo y después se realizaba un examen, una ficha o algún trabajo similar que demostrase que el título había sido leído por el alumno… Una fórmula que en la actualidad sigue usándose en muchos centros escolares de toda España. Las lecturas infantiles eran variadas y más o menos divertidas, pero una vez llegados al instituto, la cosa estaba clara, había que leer “La Celestina”, “Coplas a la muerte de su padre”, “La Regenta”, “Don Quijote de la Mancha”, “El Lazarillo de Tormes”… eran títulos obligados e imprescindibles según el curso y el profesor, bajo la premisa de que, si de mayores ya no iban a ser lectores, había que conseguir que, al menos, en sus años de juventud, los alumnos hubiesen leído lo más granado de nuestra literatura más clásica.

Ahora existe un debate que pone en tela de juicio esta creencia. Quizá no se haga necesario obligar a los lectores a hollar las páginas de nuestros clásicos (o al menos a leer libros completos de nuestra literatura más universal), quizá sea mejor encontrar títulos que no sean tan excelsos a nivel literario pero logren algo que antes pocas veces se lograba desde el colegio o el instituto, que los niños y los jóvenes amen la lectura, quizá los profesores deban buscar métodos más imaginativos y divertidos para rematar esas lecturas y quizá deban contar además con el apoyo de los padres, los medios de comunicación y las instituciones gubernamentales para conseguirlo. Quizá es mucho más importante el tener en cuenta los gustos de los alumnos que las creencias, a menudo obsoletas, de sus mayores.

Estas y muchas otras ideas se desgranan de la conversación mantenida en el primer programa de la quinta temporada de La Biblioteca Encantada, de Radio 21, en el que se reunieron 15 apasionados del mundo de la literatura infantil y juvenil de una franja de edad que iba de los 10 a los 70 años y que se convirtió en un interesante debate con multitud de opiniones, posturas y recomendaciones. Un programa que acogió a escritores, profesores de secundaria, maestros de primaria, concejales, libreros, periodistas, expertos en literatura infantil y juvenil y alumnos de primaria y secundaria. Una reunión en la que estuvieron presentes José Andrés Villota, Pilar Pérez, Elena Martínez Blanco, Rafael Rodríguez, Santiago García-Clairac, Javier G. Valverde, José Carlos Atienza, Rubén Serrano, Mónica Martín, Alba, Lucía, Nuria, Carol, Carlota… y que se convirtió en un foro que demostró por sí mismo los beneficios de la lectura: no hubo palabras más altas que otras, no se interrumpió el turno de palabra, se entendió claramente cada mensaje, no hubo discusiones ni encontronazos… en fin, una conversación que dio gusto moderar y que prácticamente no requirió de ello en ningún momento.

De la conversación me gustaría extraer algunas ideas importantes que, estoy seguro, deberían formar parte de nuestro día a día como fomentadores de la lectura. La lectura debe ser entendida por encima de todo como un divertimento y un elemento de ocio, nunca como un castigo. El mejor ejemplo es el que cada familia ofrece a sus niños y jóvenes. En el colegio es beneficioso que todos los niños lean un mismo libro, pero llegados al instituto debería haber algo más de libertad de tanto en tanto. Los profesores deben encontrar fórmulas adecuadas y divertidas para rematar y trabajar una lectura más allá del típico examen o ficha por escrito (que suele sentar muy mal realizar casi siempre). Los medios de comunicación deberían ser aliados y amigos en el fomento de la lectura, algo que, por desgracia no es hoy una realidad… y muchas ideas más que os invito a buscar y reflexionar por vosotros mismos.

Leer a Cervantes es importante como lo es hacerlo a Quevedo, Becker o Camilo José Cela, es cierto… conocer nuestra literatura más clásica es emocionante y necesario, ¿por qué no lograr que los lectores de nuestro país se acerquen a ella con una sonrisa y con ganas de conocer mucho más sobre su literatura que aborreciéndola de antemano?, ¿por qué no hacer una sociedad amante de los libros antes que una que piense que son objetos que roban su tiempo? 

Al menos el debate sigue abierto, que no es poco, la verdad.



Si te interesa escuchar el programa en cuestión, puedes hacerlo en Castillos en el Aire o en Ivoox.

19 de agosto de 2015

Un trabajo desagradable


No le gustaba su trabajo… o al menos no le gustaba desde que la Guerra había terminado con el Tratado de Alcáçovas hacía apenas unos meses. Era un hombre de guerra, había sido criado para luchar, solo sabía vivir en la batalla. Lo había demostrado con creces en Toro e incluso en la lejana Guinea, se había dejado un ojo y media mano defendiendo a su reina… y ahora, ¿ahora? Ahora tenía que correr con el rabo entre las piernas y obedecer a la usurpadora, a la autoproclamada Reina de Castilla. Isabel –Escupió con desdén. Si hubiesen vencido las tropas de Juana ahora sería general de ejércitos, habría liderado una hueste de valerosos soldados prestos para cualquier batalla, habría… se obligó a dejar de soñar, habían perdido. Habían sido derrotados. Se había convertido en el maldito recadero de “su majestad”.

Julián González de Ledesma era un hombre leal y repleto de convicciones, habría preferido morir a convertirse en títere de una reina en la que no creía y a la que no habría jurado obedecer bajo ningún concepto, pero también era un hombre práctico e inteligente y si quería continuar con sus privilegios de soldado veterano más le valía amoldarse a las circunstancias. Ya no sería nunca capitán ni lideraría a las tropas, tendría suerte si le permitían continuar con el rango de sargento y no le arrebataban sus tierras ni su fortaleza, pero tenía que conformarse con aquel arreglo firmado bajo juramento… si no por él, sí por sus tres hijas pequeñas, “acogidas” en el Castillo de la Coracera bajo la atenta custodia de un pequeño grupo de caballeros e infantes. No había tenido más remedio que claudicar y jurar lealtad a Isabel, aunque la habría gritado que no merecía ocupar aquel trono. Habría aceptado gustoso la horca de haberle podido gritar a esa… mujer, pero sus hijas no se merecían eso, ni la horca ni el destierro, por eso había terminado firmando y había aceptado aquel encargo con el que ganaría su libertad. Una libertad endemoniada y vigilada hasta el extremo, sí, pero en su hogar y con los suyos. No le gustaba en absoluto, pero merecía la pena.

Golpeó furioso los flancos de su caballo con las espuelas y este estuvo cerca de encabritarse y levantarse sobre los cuartos traseros, mas Julián era un experto jinete y no solo logró apaciguar a su montura sino dirigir su dolor en pos de acelerar su camino, aún estaba a casi una hora de su destino y tenía prisa por llegar. Una vez concluyese su trabajo podría regresar a su propia fortaleza en tierras cacereñas, donde hacía un calor de mil demonios en verano, pero donde se sentía a salvo y lejano a disputas cortesanas. Donde no tendría que luchar más por salvar su vida. Estaba harto de nobles y de políticas, él era un soldado… o al menos lo había sido. Duro, brutal incluso en ocasiones, pero siempre justo y leal a los suyos. No, no le gustaba nada la política.

Los tres jinetes que le acompañaban se las vieron y desearon para mantener su paso y no perderle de vista, especialmente el joven escribano enviado por la reina para tomar buena cuenta de todo lo ocurrido. Dejando a un lado el monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias, el viejo soldado cruzó el Río Alberche y llegó al pie de una colina en cuyo valle se extendía una amplia y fulgurante dehesa en la que se erigía lo que los lugareños empezaban a llamar recientemente Las Casas, un conjunto de edificios dispersos en los que vivían campesinos, albañiles y labriegos, según le dijeron un par de juglares y un grupo de segovianos que pretendían formar un rebaño de ovejas con el que comerciar. Un lugar con mala fama entre los vecinos de la Villa de San Martín, aunque a él le pareció un rincón como cualquier otro, incluso semejante a sus tierras, quizá esa mala fama tuviese que ver con los impuestos que aquellas gentes no querían pagar al monasterio y con los pleitos crecientes y dispares. El dinero y el poder siempre son capaces de hacer malas lenguas de aquellos con los que no tiene un buen trato a su favor.

En lo alto de un promontorio se alzaba su destino. Un pequeño baluarte utilizado como pabellón de caza y refugio ocasional, el castillo del Cerrillo de los Moros, el lugar que la reina o alguno de sus estúpidos consejeros le habían ordenado derruir para ganar su libertad y el salvoconducto que le permitiría volver a casa.

Al llegar allí no pudo menos que apreciar la hermosa sencillez de la pequeña fortaleza, rodeada por un foso de ocho metros de ancho y una robusta muralla que sería difícil atacar y muy sencillo defender. Aquel lugar, lo había estudiado a fondo antes de partir, tenía más de un siglo y medio de historia, había sido ordenado levantar por el Señor de Villena Don Juan Manuel, hijo del Infante Don Manuel de Castilla y nieto del Rey Fernando III el Santo. Miembro de la Casa Real Don Juan Manuel fue tutor del Rey Alfonso XI de Castilla y un reconocido escritor, conocido especialmente por una obra que Julián no leería jamás por completo, pero que se convertiría en un referente literario e histórico durante muchos siglos, “El Conde Lucanor”.

Los escasos siervos del lugar y la joven patrulla de guardias le franquearon el paso al comprobar el documento que le acreditaba como nuevo y fugaz señor de aquel bastión y, especialmente, al percibir sus años de experiencia y superioridad. Julián dedicó casi dos horas a recorrer la fortaleza, tampoco es que fuese nada del otro mundo. Constaba de un pequeño torreón de planta rectangular con una torreta circular adosada a uno de sus lados, nada demasiado importante o bello y sin embargo, supuso, una gran pérdida para su desterrado señor. Se imaginó siendo obligado a abandonar su hogar y supo que aquello debía ser como acabar destripado o desmembrado, como si le arrancasen a uno parte del alma. El hogar no lo conforman las piedras que lo sustentan ni los objetos que lo adornan, pero allí, entre aquellas paredes, podía apreciarse el sentir y la forma de ser de su morador. No, no le gustaría sufrir algo así y no le gustaba tener que ser el ejecutor de aquella afrenta a la historia y a la vida de uno de los perdedores de la guerra. A alguien más parecido a él de lo que le gustaba admitir para sí mismo.

Julián González de Ledesma no era un hombre sentimental, pero estaba seguro de que aquello que tenía que hacer estaba mal y que le dolería hacerlo. Decidió pasar allí la noche, disfrutar de un lugar que pronto sería pasto de la historia, quizá se convirtiera en un rincón maldito, en un lugar en el que crecerían leyendas imposibles y que nadie sabría desentrañar en el futuro… si Don Juan Manuel levantara la cabeza volvería a ocultarla apenado por aquel hogar malogrado. Pidió cena, ante lo que los siervos tuvieron que descender a “Las Casas” en busca de algo que ofrecer a su nuevo señor. Julián se permitió incluso encender el hogar. Si iba a pasar allí una noche, si sus hijas deberían dormir al amparo de sus enemigos pasados y ahora aliados una noche más, al menos lo haría de la manera más cómoda posible.

Se acostó observando cómo la luna llena iluminaba la rica dehesa que rodeaba la fortaleza y en la que un grupo de casas anunciaba lo que sería, a Julián no le cabía duda alguna, una futura villa.

Los sirvientes, tal y como habían sido ordenados, le despertaron con el alba. Mandó a los guardas llevar aviso de sus pretensiones a los habitantes del lugar y ordenó a los siervos que recogiesen cuanto hubiese de valor para ellos, él no se llevaría nada de allí salvo el recuerdo de lo que habría sido un buen hogar de haberlo requerido y un pequeño sello plateado con una media luna grabada que halló incrustado entre dos piedras sobre la chimenea. Cuando todos estuvieron listos ordenó situar los cañones frente a la barbacana de la fortaleza. No habían pensado en la munición y no habían preparado nada, por suerte alguien debió pensar en alguna ocasión que aquel era un lugar muy adecuado para albergar una gran cantidad de proyectiles de piedra. Aquella sí que fue una ironía, las armas y balas pensadas para defenderlo serían las que derruirían palmo a palmo el baluarte.

Situado frente al portalón de entrada, cobijado por nubes amenazadoras de lluvia y mecido por un viento frío que comenzaba a anunciar el frío invierno castellano, Julián González de Ledesma, capitán de los ejércitos de Juana la Beltraneja, convertido oficialmente en emisario de Isabel la Católica ordenó disparar los cañones y destruir el castillo del Cerrillo de los Moros. Tras él, el joven escribano, de nombre Andrés de Valderrábano, que pocos años después tomaría parte y levantaría acta del descubrimiento del Pacífico junto a Vasco Núñez de Balboa, tomó nota de cuanto acontecía en un documento que nadie leería jamás y que acabaría sepultado por montañas de piedra tras el olvido en la jauría de los acontecimientos por la Católica.

Todos los habitantes de Las Casas se situaron a su espalda, espantados y sobrecogidos por el terrible y absorbente espectáculo. Las madres aferraban a los hijos y los hombres rezaban entre murmullos, si la reina actuaba así frente a las piedras qué no haría ante las personas. Aquel era un futuro pueblo Isabelino, adoraban a la que sería la reina de Castilla, la respetaban y veneraban, aquel día, aprendieron también a temerla. Por el rabillo del ojo, el emisario de la reina comprobó que algunos de los siervos, encogidos de dolor, lloraban, aquel había sido su hogar desde siempre. No tenían adónde ir ni un futuro al que acogerse.

El futuro de Julián era incierto, como el de aquellos vasallos desvalidos, como el de aquel pueblo que empezaba a sentirse como tal, como el de aquella fortaleza que había crecido orgullosa por encina de la dehesa y ahora no era más que un montón de ruinas humeantes y piedras descoyuntadas. Nadie dijo que vivir fuese fácil. 

Julián González de Ledesma era un hombre práctico y poco soñador, pero se permitió imaginar cómo sería aquel lugar en el futuro y ante él creyó ver un pueblo que crecía orgulloso de sus tradiciones, incluso de aquel montón de muros dislocados e informes que, en otro tiempo, fue una pequeña fortaleza. Sí, aquel sería un buen lugar para vivir.

Con un cabeceo se despidió de los anonadados lugareños, después, tras dedicar una última mirada a la destrucción que le habían enviado acometer y realizar un gesto asertivo hacia el escribano espoleó a su caballo para regresar al Castillo de la Coracera, recuperar a su familia y regresar a sus tierras en las lejanas tierras cacereñas, donde el calor era un enemigo mucho más apacible que cualquier soldado y donde quizá, y solo quizá, terminaría escuchando alguna de las jocosas y aconsejadoras historias del Conde Lucanor.



Escrito en la Villa de Las Casas, más conocido como Navas del Rey en la actualidad
A 5 de agosto de 2015

En memoria de los forjadores de leyendas y soñadores de todas las épocas

18 de agosto de 2015

A bordo de las estrellas


Bajo la luz anaranjada de esta noche
arropado por las ramas de un olivo
y cercado por un tenue relumbrar caliente y frío 
quiero dejarme llevar a las estrellas,
perderme en horizontes nebulosos
y dejarme mecer por el vacío,
por el incierto fluir de las quimeras.

Escuchar sirenas que me canten
y me aten a un mástil firme y poderoso,
temblar ante el rugido de dragones
y devorar el tiempo sin quererlo,
convertido en el peligro,
en el vacío cruel y sinuoso.

Quiero ser el azote de las bestias, 
el pendón que ondea en lontananza,
el velero que navega sobre llamas
y el héroe que persigue sus ensueños
armado con su ilusión y una mísera espada.

Me he dejado llevar por la locura
y me he sentido perdido, y me he encontrado,
he sido sabio y consejero,
idiota, febril, bueno y zafio.

He llegado a comprender mil horizontes
y me he dejado acosar por mil jaurías,
he bebido de amores imposibles
y he sufrido crueldades infinitas,
he vivido las penurias más horrendas
y los peores desastres y abandonos.

La magia me ha llevado entre sus brazos,
he sido aliado y enemigo,
he sabido morir y he revivido
y he sido leal, bribón, sumiso y fiero.

Bajo la luz anaranjada de esta noche
arropado por las ramas de un olivo
y cercado por un tenue relumbrar caliente y frío 
puedo afirmar, ante vosotros

que he leído.

Gracias a este poema, el primero escrito desde un rinconcito literario y bibliográfico que llevo preparando desde hace meses y desde el que espero escribir muchas historias más, he merecido (o al menos me lo han entregado, que no tiene por qué ser lo mismo) el IX Premio de Poesía otorgado por el Ayuntamiento de Navas del Rey, espero que os guste.

Las Ruinas del “Cerrillo de los Moros” posible referencia en el estudio de la arquitectura castellana del S. XIV


Cuando a finales del Siglo XV Isabel la Católica ordenó destruir con cañones el Castillo hoy llamado “Cerrillo de los Moros” tras derrotar a Juana la Beltraneja en la definitiva Batalla de Toro de 1476 y ser coronada por fin Reina de Castilla, no podía imaginarse que gracias a aquella acción no solo derruía el bastión de un noble adversario que se utilizaba habitualmente como pabellón de caza, sino que además estaba fraguando un enclave que podría servir de de referencia a los estudiosos de los vestigios históricos para conocer mucho mejor la manera de edificar y construir en los Siglos XIV y XV, ya que los arqueólogos se han encontrado con la estructura total y los cimientos de un castillo señorial muy completo con todos los elementos que definen este tipo de edificaciones: torre del homenaje, barbacana, torre esquinera, paseo de ronda, foso… casi una foto fija de un periodo histórico muy concreto, lo que permite conocer muy bien y datar una época muy especifica.

...

Siempre quise ser arqueólogo, no sé si por culpa de Indiana Jones o por aquéllo de que me encantaba la historia, por eso, haber tenido la oportunidad de conocer de cerca esta excavación ha sido un auténtico placer para mí. El artículo se ha publicado en A21, así que, si te apetece leerlo entero PINCHA AQUÍ.

13 de julio de 2015

El Rey que mandaba...


Quiso el rey que todos sus vasallos se acostaran a las nueve de la noche y durante un tiempo todos le obedecieron. Quiso el rey que todos sus súbditos comiesen tres veces al día, a las nueve de la mañana, las dos de la tarde y las ocho y durante un tiempo todos le obedecieron. Quiso el rey que todas las personas de su reino arasen las tierras desde las diez de la mañana hasta la una y desde las cuatro de la tarde hasta las siete y media. Y durante un tiempo, todos le obedecieron… hasta el día en el que los niños del reino aprendieron a leer. Entonces descubrieron que en otros reinos había personas que no comían más que una vez al día y en otros había personas que jugaban y disfrutaban por la noche y en otros los había incluso que llegaban a reyes habiendo nacido como campesinos… ese día, el día en el que los niños aprendieron a leer empezó a terminarse el gobierno de aquel rey que siempre decía qué tenían que hacer los demás.

9 de julio de 2015

Los políticos son los malos de la película


Si fuese político estaría preocupado por muchas cosas: por la corrupción, por la gestión que me ha tocado en suerte, por mis ciudadanos, por mis compañeros, por mi propia imagen, por la ejemplaridad que se me exige, por aquello que publico en medios y redes sociales… hay tantas cosas de las que preocuparse…  pero desde hace unos días me he percatado de algo que sospechaba a medias y que ahora sé a ciencia cierta, porque lo he comprobado empíricamente: los políticos deberían estar muy preocupados por ser los malos de la historia, al menos para los niños de primaria.

Este comentario no surge al albur de mi imaginación ni tras un estudio sociológico previsto, sino de una pregunta ocasional realizada una vez por azar durante la realización de un taller ante casi un centenar de niños y repetida en diversas ocasiones para averiguar con certeza si se trata de algo a refutar o de una idea generalizada y confirmada. Malas noticias, desgraciadamente para los políticos ante la pregunta “¿los políticos son héroes o villanos?”, prácticamente el cien por cien de los niños responde que son villanos (sin dudas, sin temor y a mano alzada además).

Puede que la imagen de nuestros políticos no sea la mejor en las últimas décadas y que la misma política, la manera en la que tenemos de coordinar nuestra sociedad, esté en entredicho en estos días, pero que en varios colegios diferentes los niños y las niñas respondan esto… no sé, a mí me haría replantearme ciertas cosas (o todas las cosas). No hay nada peor que ser un villano para los niños, ellos no entienden de razones para hacer el mal ni de equivocaciones o descuidos, tampoco entienden de ideologías ni de escalas de grises, centros o propuestas… dentro de su inmensa y afortunada complejidad su mente es bastante lógica y simple, o eres bueno o eres malo, no hay más, no cabe otra respuesta. Pues bien, para ellos los políticos son los malos.

Es posible que la mala prensa, las noticias de los últimos años, los comentarios de sus familias, los reniegos de algunos maestros o la propia crisis económica y social tengan algo o mucho que ver en esta idea, pero si yo me dedicase a la política, si fuese político, intentaría por todos los medios ser el bueno de la historia, trabajaría para ser visto como un héroe… al menos ante la visión de los niños que me rodeasen, ¿no se estarán haciendo las cosas mal desde los diversos gobiernos y oposiciones de municipios, comunidades y desde el mismo poder estatal para que se digan estas cosas?

Me fío de los niños. No son mentirosos, no están adscritos a ninguna sigla o partido, no se casan con nadie y son mucho más inteligentes y están más atentos a lo que les rodea de lo que muchos mayores solemos pensar. Lo siento por los políticos y por nuestra sociedad en sí, porque si nuestros niños piensan que son los malos… estamos encaminados al desastre. Quizá habría que realizar de nuevo la prueba, preguntar a los niños lo que opinan… pero creo que tengo suficientes datos como para saber que el pensamiento es demasiado generalizado como para ser solo una anécdota.

Las personas que se dedican a la política, no me importa el ámbito ni el nivel, deberían hacérselo mirar, deberían trabajar mucho mejor su imagen, pero desde la verdad, no desde la fotografía, la cinta y la sonrisa de portada o cubierta de programa electoral, deberían bajar más a la calle y moverse entre las personas para las que trabajan, porque son los políticos los que trabajan para el pueblo y no a la inversa, deberían escuchar mucho más a los niños y deberían, por encima de todo, dejarse de intereses personales o partidistas y convertirse en los adalides de sus ciudadanos, en personas a las que creer y en las que confiar.

Mientras el cien por cien de los niños responda que los políticos son villanos, yo lo siento, pero no me fiaré de ellos. Eso sí, me queda la esperanza de que ahora, que algo está cambiando aunque aún no sepamos qué es… los mismos políticos se replanteen este tipo de opiniones y se percaten de que tienen que cambiar mucho su manera de actuar y gobernar. Si no, con esa opinión infantil, el futuro será algo más oscuro.



3 de julio de 2015

Reivindico la lectura de tebeos como "lecturas recomendadas"


O cómics si eres muy moderno

El otro día me sucedió una cosa muy curiosa en la Feria del Libro de Madrid, mientras tenía la suerte de firmar en la caseta de una librería estupenda, la de Didacticalia. Un niño de unos 8 o 9 años, que iba acompañado de su hermano pequeño, se asomó a la caseta con curiosidad, no me pude resistir y le pregunté si le gustaba leer. Me miró con cara de higo. Tras él pudo escucharse una voz algo decepcionada, la de su madre, que decía “No, no le gusta leer, solo lee tebeos” (lo mismo dijo cómics, pero yo me voy a permitir hoy el uso de la palabra “tebeo”, que es una palabra entrañable y que me trae muy buenos recuerdos, espero que no os moleste a los amantes de las novelas gráficas o las historietas). Junto a la madre caminaba el padre, algo malhumorado por esa manía de su hijo por leer historias contadas a través de viñetas y bocadillos (esa fue la sensación que a mí me dio, por lo menos). Claro, yo, que soy un amante de los tebeos de toda la vida y que no sería lector hoy sin la existencia de Mortadelo, Filemón, Zipi, Zape, Sacarino, Rompetechos, Superlopez… y tantos y tantos amigos de mi infancia, no pude menos que animar a ese niño a que siguiese leyendo tebeos, siempre, porque los tebeos son una puerta abierta a otras lecturas. Muchos autores de hoy lo son precisamente por haber sido grandes lectores de tebeos (algunos lo seguimos siendo ahora mismo).


Y después de esta mini aventura con un pequeño devorador de tebeos que me cayó la mar de bien, después de que la madre de mi nuevo colega mirase a su marido con esa mirada de “¿ves?, si ya te decía yo…”, después de que la cara de higo se convirtiese en un gesto de sorpresa, me decidí por fin a escribir este artículo que lleva rondando por mi cabeza algunos meses, el que habla de la necesidad de que los tebeos se aprovechen en los colegios (e institutos) como lectura recomendada.

A nadie se le escapa ya (espero) que los tebeos son Literatura con mayúsculas, quizá no todos y quizá con algunas restricciones en ciertos casos, pero en una sociedad que empieza a averiguar (por fin) que, lo mismo, recomendar clásicos de siempre no es la mejor manera de hacer lectores y que, puede, leyendo historias divertidas y que nos gustan es más fácil que leamos un libro completo en vez de buscar resúmenes por internet, creo que se hace necesario también el hecho de recomendar a los responsables de que los niños lean eso de recomendar buenos y divertidos tebeos. 

Hay quien mira al tebeo de reojo, pensando que es una lectura menor o que no contiene los valores básicos de la buena literatura… bueno, a todas esas personas les enseñaría un par de docenas de grandes joyas literarias del mundo del tebeo y les preguntaría si en Ciencias se empieza enseñando Ingeniería Molecular o lo que se hace es mostrar lo que es una molécula… lo mismo ocurre con la buena literatura, para que un niño llegue (de mayor) a leer obras universales y lecturas tan apasionantes e impresionantes como esas que ahora todos tenéis en mente en este momento (cada uno tendrá las suyas, por lo que me abstengo de añadir ninguna), ha tenido que forjar su gusto lector a través de toda una suerte de lecturas más básicas y divertidas que, lejos de ahuyentarle del mundo de la lectura, le hayan convertido en un lector apasionado que disfruta cuando lo hace. No podemos olvidar que la lectura es un modo de ocupar nuestro momento de ocio, de disfrutar con nuestro tiempo libre, si no disfrutamos cuando lo hacemos… ¿cómo nos vamos a poner a leer con la de cosas que hacen que nos lo pasemos bien?

...



2 de julio de 2015

A la pesca del lector



Hubo un tiempo en el que eso de ser escritor se limitaba a poner negro sobre blanco aquellas ideas o pensamientos que uno quería contar por uno u otro motivo, quizá a recorrer el mundo sin abandonar su casa o hacer volar la imaginación de todos aquellos que se acercaban a sus escritos. Hoy ya no se trata de un trabajo “tan simple”. Un escritor no se dedica solo a escribir, además tiene la obligación y el trabajo añadido de captar lectores, de hacer seguidores y de conseguir que el porcentaje que se lleva de cada ejemplar vendido sea lo más abultado posible y le sirva para algo más que para pagarse un bocata de tanto en tanto (mucho más no se pide en este negocio, no creáis), algo que solo logrará si vende muchos ejemplares, por supuesto.

Una de las citas en las que este trabajo adicional se ve mejor reflejado y con mayor significado es una Feria del Libro cualquiera, donde los autores hacen casi de todo con tal de firmar un ejemplar y conseguir un nuevo lector para su causa. En un país como este en el que se publican decenas de libros cada semana se hace muy complicado el destacar por encima del resto y si no eres un autor procedente de la televisión, internet o alguna revista del corazón… si no eres uno de los cuatro o cinco nombres que viven solo de la venta de sus libros dará igual el nombre o la calidad literaria que tengas, estarás abocado a añadirte a la larga lista de los autores en busca de lector y eso de la Feria del Libro se convertirá en el mejor escaparate para sumar algunos lectores tu porcentaje personal. Esto no es malo, yo creo que es incluso divertido, pero sí que nos lleva a situaciones tan curiosas como la que los autores nos convirtamos en algo así como libreros y sumemos así un epígrafe imaginario más a nuestro listado de trabajos necesarios para podernos llamar escritores.

Y es que un escritor es un poco publicista, algo librero, mucho de comercial, una pizca de animador cultural… en fin, son muchos los trabajos requeridos para que uno de tus libros llegue a manos de un lector. Si luego encima lo compra, tienes la suerte de que lo lea y llegas a gustar con lo escrito… habrás triunfado.

Yo no me quejo, con un libro publicado hace escasos tres meses y con una primera vez en esta fiesta librera y social que es la Feria del Libro de Madrid, me siento como un niño con videojuego nuevo y estoy disfrutando mucho de la cita. Cada uno de los días que he ido lo he pasado mejor y lo he pasado muy bien con cada conversación con los curiosos que se acercan a la caseta, muchas veces para conocer el precio de un libro cualquiera o saber si en esta caseta hay un ejemplar del libro que quieren y no han encontrado en otra. Sé de autores que lejos de disfrutarla, llegan a aborrecerla hasta el extremo y deben fingir sonrisas y simpatías para, en ocasiones, encontrarse con el descaro de algunas personas que pretenden conocerles. Algunos ni siquiera van, alegando motivos varios, pero creo que es una fiesta en la que se debe estar si se puede.

La Feria del Libro es un punto de encuentro singular. Lo mismo te topas con una fila larguísima de personas que quieren recibir la firma y el recuerdo de un muñeco de peluche bajo el que se está cociendo una chica o un chico anónimo que ni siquiera sabe qué personaje encarna, que momentos tan extraños como ver en una misma caseta ferial a un grandísimo autor a quien nadie siquiera mira o saluda junto al que se hincha a firmar una criatura televisiva o “youtubetera”, el nuevo filón comercial con el que se han topado las editoriales. Sin duda, la cita merecería un estudio social amplio del que podríamos extraer un buen puñado de conclusiones sobre quiénes somos en conjunto… y creo que muchas serían negativas, además, pero por lo general, yo creo que es uno de esos eventos a los que hay que ir si eres un apasionado del mundo de los libros. Es agotador, pero es fantástico estar por allí entre la lista de autores invitados.

“Tienes que ser algo vendedor, charlar con todo el que se acerque si es posible y tener mucho desparpajo”, más o menos estas fueron las palabras de uno de los primeros libreros que me acogió en una de estas casetas abarrotadas durante la Feria, porque no todas tienen la suerte de estarlo, pero las de literatura infantil y juvenil es raro que no estén llenas en todo momento. Y la verdad es que tengo que decir que me lo tomé al pie de la letra. Charlé, recomendé, sonreí… y lo mejor de todo, disfruté y hasta tuve la suerte de hacerme con algunos nuevos lectores de Sir Wilfredo. 

Yo me lo he pasado muy bien en la Feria, es una de las primeras ocasiones en las que estoy al otro lado y la he disfrutado al máximo. He tenido la suerte de compartir momentos con algunos de los libreros infantiles y juveniles más importantes de Madrid, he conocido a nuevos lectores, he convencido a familias dubitativas y me he topado con muchos amigos escritores, ilustradores, editores y libreros que  ponían su mejor cara y su mejor imagen para intentar que esta 74ª Edición de la Feria del Libro de Madrid sea una gran cita económica y comercial, porque la venta de libros es una de las industrias más importantes de nuestro país y esta es una de las citas en las que editoriales, libreros y autores logran que sus ventas crezcan lo suficiente como para mantenerse, por lo menos hasta que llegue la próxima gran cita librera, el inicio de curso.

Es cierto, ser escritor es mucho más que juntar palabras. Y yo que me alegro, vaya.

19 de mayo de 2015

El Día del Libro, esa entrañable mentira


Conste en primer lugar que a mí me encanta el Día del Libro y que se celebre, pero una fiesta como esta, que nace en base a una preciosa ficción merece un pequeño comentario al respecto. Empezamos con algo de historia, resulta que se celebra el día 23 de abril porque, presuntamente, ese día coincidieron en morir (en calendarios diversos) dos de los más grandes autores que ha dado la literatura mundial, el intrigante William Shakespeare y el querido Miguel de Cervantes… últimamente cuestionados los dos en cuanto a ellos mismos y a sus ficciones. Se ha desmontado ya tantas veces esa coincidencia en el calendario que me abstengo de hacerlo yo también, para no aburrir con datos que todo el mundo conoce ya (porque supongo que todos conocéis esa historia del desfase de diez días entre calendarios y demás, ¿cierto?).

No va por ahí el tema de la mentira de la que os quiero hablar, no. Quiero hablar de la falsedad que demuestra el que personas que no sea acuerdan en todo el año de esos objetos curiosos repletos de palabras se presten para realizar y aparecer en todo tipo de actos literarios por toda la geografía mundial durante un único día del año, para después olvidarse de los libros durante los 364 restantes (365 si es bisiesto). Este año, de elecciones (supongo que estáis al tanto de esto, ¿no? Que lo mismo no os habéis enterado todavía), se ha dado la extraña circunstancia de que las mismas personas que hacen que las bibliotecas tengan cada vez menos capacidad de actuación y menos recursos se hayan ido a fotografiar a todas las bibliotecas que han podido encontrar (y a más no, porque no han podido), que los mismos que fomentan campañas poco efectivas para que nuestros niños lean hayan aparecido en todos los eventos que han podido o que gente que no usa los libros más que para adornar estanterías (como mucho) o para calzar mesas cojas haya corrido a abrazarse a escritores de toda clase y condición por cualquier esquina cual políticos en campaña besando bebés a gogo. Y con esto, aunque lo parezca, no me refiero solo a los políticos de cualquier signo o partido o idea, no, me refiero más bien a personas, porque no me gusta centrar las cosas en los responsables de turno, muchas veces solo se dejan llevar por la corriente de otros responsables anteriores o superiores y porque, aunque no nos guste oírlo, cada uno de nosotros podría hacer algo al respecto si se pusiera a ello.

No sé por qué, pero eso de que el libro solo disponga de un día para hacerse el importante… pues eso, que no me llega a convencer del todo. Está muy bien que lo tenga, por cierto y en Madrid además, añadido a una de las fiestas más estupendas de toda España, la Noche de los Libros (que ha llegado a las 10 primaveras, nunca mejor dicho), que intenta competir con la tradición de la rosa y el libro (que me parece una de las más exportables de toda Cataluña y de las menos exportadas), y que está muy cerca de lograrlo, porque en España todo lo que tenga que ver con fiesta y noche nos gusta, aunque haya libros de por medio. Claro que si esto se apoyase en campañas realmente atrayentes para todos los públicos a lo largo del año, seguramente, tendríamos ya un público ganado que acudiese en masa a cualquier actividad cultural que se fomentase desde cualquier institución, asociación, persona… y cualquier día del año, no un día concreto y masificado de actividades.

En fin, que este día es precioso, pero lo sería mucho más si fuese acompañado de una gestión que desembocase en él y no siendo lo que es, un bonito paréntesis fomentado en una hermosa ficción. Estoy convencido de que muchos lectores sí que lo consideran como una fecha señalada, un día marcado en el calendario y un conjunto de fiestas y eventos en torno a una de sus pasiones… pero lo que sería realmente estupendo es que se convirtiese en el centro de actividades, ideas y lecturas realizadas durante todo el año, no me gusta que nosotros mismos caigamos en la ficción de creernos que con un par de fotos y visitas puntuales a lugares donde se nos vea muy bien ya hemos hecho todo lo que deberíamos hacer en torno a los libros o a la cultura en general.

A mí me gustaría algo mucho más mantenido en el tiempo y que todos fuésemos en busca de aquello que más nos ha llamado la atención en nuestro año lector pero esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión…


27 de abril de 2015

El loco de la radio

Había quien decía que estaba loco, porque eso de llevar un programa de radio a un colegio ¡para hablar de libros! Parecía una auténtica locura, pero él seguía llevándolo al cole una y otra vez, y en cada ocasión intentaba sorprender a los chicos y chicas con algo diferente. Había niños que se dormían, otros que se aburrían un puñado y algunos más que se tiraban todo el tiempo que duraba el programa pensando en las albóndigas que su madre o su padre les iba a poner para comer, incluso había siempre uno que pensaba en la alineación del Barcelona para el partido de la semana. Aunque eso a él no le importaba, porque en cada ocasión había una persona, solo una, que pensaba que eso de leer o escribir estaba mucho mejor de lo que había pensado hasta ese momento y que decidía hacerlo desde ese mismo momento. Y dicen que hubo una niña que, gracias a esa locura, se convirtió en ilustradora y que hizo felices a miles de niños en todo el mundo con sus ilustraciones, sobre todo con las de un dragón de colores que llevaba estrellas a los niños que no tenían dónde dormir y que… bueno, lo dejaremos por esta vez, porque esa, amigos, es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.

25 de abril de 2015

Los sueños de Ahmed

A veces las cosas son así, no te las esperas y… pasan. Otras veces no pasan, también es verdad. Ahmed sabía que así era la vida, lo había aprendido a base de batacazos diversos, pero él seguía luchando por sus sueños, continuaba batallando por lo que creía que era justo, no paraba de esgrimir todas sus ilusiones y sueños por aquello en lo que creía. Así que, al final, sin esperárselo ya, sucedió, que es algo que suele pasar cuando uno trabaja firmemente y con un propósito en la cabeza, otras veces no pasa, es verdad, pero ahora lo que cuenta es que, en su caso, ocurrió. No le preguntéis cómo fue ni por qué, Ahmed solo podría responderos que pasó, sin más, pero tampoco sin menos. El caso es que lo consiguió y eso hizo que sus sueños creciesen y que luchase por cosas que parecían aún más complicadas y difíciles. Tanto luchó, tanto soñó y tanto peleó que incluso logró algo que nadie en el mundo entero habría imaginado que pudiera hacerse y que le convirtió en alguien sumamente conocido aunque esa, amigos, es otra historia, y deberá ser contada en otra ocasión.

21 de abril de 2015

Encuentro de Magos

El anciano elfo llamó a la puerta con sus nudillos elegantes y arrugados por el paso de los años. Sabía que el dueño de la casa no iría a abrirle la puerta y que tampoco se encontraría ante un aprendiz o criado que lo hiciera, pero uno no podía entrar en la casa de Muchamagia sin llamar a la puerta, eso era algo que sabían hasta los magos más inexpertos de Telluón. El sonido de unas campanillas juguetonas irrumpió en el ambiente. El pasillo estaba en penumbras, pero se adentró sin ningún temor en sus sombras y dejó que su figura fuese tragada por la oscuridad. No fue capaz de calcular ni el tiempo ni la distancia que deambuló por el mágico y sinuoso pasaje. De improviso se encontró en una salita de estar demasiado pequeña para una casa como esa, pero demasiado grande para lo que aparentaba desde fuera. Se extrañó. Era la primera vez que se veía en la necesidad de acudir a ese lugar y todo para él era asombroso, a pesar de ser uno de los seres más poderosos y sabios del mundo.

Sobre una mesilla descubrió la taza aún humeante de una infusión, acompañada por una taza vacía y una jarra tan vieja como el resto del mobiliario. Colgado de un perchero descubrió un sombrero puntiagudo, demasiado estrafalario para su gusto. Se quedó embobado mirando el sombrero, incapaz de decidir si se trataba de un sombrero azul con estrellas amarillas o amarillo con estrellas azules. Durante varios minutos no pudo hacer más que mirar la extraña prenda y preguntarse por el poder del dueño de aquella morada. Y así habría seguido durante mucho tiempo más de no ser por la brusca interrupción de una tos fingida.

Supo que Muchamagia estaba allí, sentado en un sillón orejero dirigido a una ventana y demasiado alto como para dejar ver lo que ocultaba. El ser más poderoso de la Creación, el mago más impresionante, el sabio más aclamado, el… ¿abuelo en ropa interior? Inaldrim, el Sabio Elfo, no supo nunca si aquello había sido una visión o la realidad, pero habría jurado que había visto al más grande de los magos en ropa interior, sin embargo en ese instante podía apreciar que el anciano iba ataviado con una túnica semejante a su sombrero.

Era la primera vez que podía ver al mito viviente. Muchamagia aparentaba fragilidad y locura, eso lo sabía bien, pero tras su apariencia estrafalaria se encontraba un ser realmente poderoso. Tenía la cara muy delgada, surcada por decenios de sabiduría (vamos, arrugas, de toda la vida), su barba, blanca y despeinada, era tan larga que le cubría buena parte del pecho, apenas tenía pelo en la cabeza y sus ojos chispeaban entre alegres y alocados. Inaldrim no supo qué opinar sobre aquel ser que siempre, desde que era un joven aprendiz de mago, había querido conocer. Iba a hablar, intentó realizar una reverencia e incluso abrió la boca para emitir un saludo, pero Muchamagia se adelantó, tan imprevisible como su magia, tan extravagante como su mundo…

-Sabía que vendrías, Inaldrim, sabía que vendrías… ¿quieres un té?
-Yo…
-Venga, venga. No seas melindroso. Siéntate aquí, frente a este pobre viejo y recuérdame cómo es el mundo…
-Pero, ¿dónde?

Un sillón gemelo al de Muchamagia se apareció frente al de este. Inaldrim no tuvo más remedio que sentarse y aceptar el té.

-Lleva más azúcar del que debería tomar y, sí, me has descubierto, lleva un poquito de licor de miel, pero bueno, supongo que me lo perdonarás.
-Gran Mago, yo…
-Tómatelo, te vendrá muy bien. Además, se acercan tiempos oscuros, amigo mío, hay que sonreír antes de que llegue lo que tiene que llegar…
-Pero…
-El Oeste se está levantando, Inaldrim… la oscuridad vuelve a tomar forma. Ella… no es lo suficientemente fuerte como para irrumpir en Telluón, aún no… pero sus vástagos. Se acerca una guerra.
-¿Una guerra? Yo solo he escuchado rumores de batallas en tierras de los hombres y ellos siempre están enfrentados unos a otros. ¡Es imposible que…!
-Sí, los hombres son egoístas y belicosos. Siempre parecen querer más de lo que tienen. No como vosotros, los elfos, que sois más… más… más… ¡desprendidos! Sí, eso, desprendidos. Pero no, en esta ocasión no son los hombres los que acechan la paz del mundo. Es algo más siniestro y espantoso.
-Yo solo venía…
-Ya te daré otro día la receta para el reúma. Hoy te necesito para otra cosa.
-Pero…

Muchamagia se incorporó en el sillón y sus ojos parecieron chispear de furia durante unas décimas de segundo. Inaldrim enmudeció.

-El mundo está en serio peligro. Nunca, desde la Guerra de los Dragones, hemos estado en un peligro semejante. La Oscuridad… crece. Mis girasoles están marchitos. La magia dolorida… tienes que hacerme un favor.
-¿Un favor?
-Sí, hay un chico… es muy joven e inexperto. De hecho dicen que no es demasiado espabilado ni demasiado fuerte ni demasiado ágil ni demasiado valiente… y sin embargo es nuestra última esperanza.
-¿Un… un… héroe?
-Sí, un Héroe. Especialmente porque se trata de alguien que no es para nada especial, pero realizará proezas extraordinarias, de eso puedes estar seguro. Un héroe de verdad.
-¿Y qué puedo hacer yo?
-Debes escucharle y ayudarle. Debes conseguir que los elfos le escuchen, aunque creo que eso es algo en lo que se puede apañar muy bien él solo.
-¿Cómo le reconoceré?
-Es fácil, Inaldrim. Te parecerá muy poca cosa y sin embargo, te sorprenderá. Es un joven bastante… sorprendente.
-¿Y cómo se llama ese humano?
-Wilfredo… Sir Wilfredo de Montesquiau. Me han dicho los gorriones que anda perdido por una zona pantanosa de Regdraconinsa, aunque con este muchacho, nunca se sabe…

19 de abril de 2015

Primera imagen pública de "La gran aventura de Sir Wilfredo"

Tras meses de gestación, tras un buen puñado de correcciones, tras revisiones incontables y tras un trabajo (creo que es el más difícil de todos) de secretismo juguetón, ya os puedo decir lo que llevo queriendo contaros desde hace un montón de meses, ¡¡¡que la editorial Diquesí publica "La gran aventura de Sir Wilfredo", o por lo menos la primera parte de su odisea, porque estamos hablando de una trilogía.

Tras una serie de casualidades afortunadas, la ilusión de mi estupenda editora, María José Gómez y el trabajazo de Santiago García-Clairac a nivel ilustración (veréis qué ilustraciones tan impresionantes tiene este libro), además de curro de la maquetadora (Estella) y de un montón de profesionales, ya solo quedan unos días para que podáis juzgar el resultado.

La verdad es que el vértigo empieza a ser evidente, yo estoy muy ilusionado con esta historia (que escribí por primera vez hace ya una década o así, soy muy malo con las cuentas) y el público al que está dirigido en un principio es de lo más complicado, porque la idea es que lo disfruten niños y niñas de entre los 8 y los 10 años (aunque lo puede leer casi cualquiera).

No os quiero contar mucho más (de momento), ya habrá tiempo para ello. Solo quería deciros lo contento que estoy de poder decir esto por fin y que es un auténtico orgullo compartir "cartel" con esta gama de grandes creadores (y los que se vienen a Diquesí, madre mía), además de tener la inmensa fortuna de contar con la casualidad de publicar una novela de caballeros andantes precisamente en el año en el que se cumple el 4º centenario de la publicación de la segunda parte de la más famosa novela de caballeros de toda la historia, "Don Quijote de la Mancha".


26 de marzo de 2015

Funcionario del Ministerio


Descender estas escaleras tiene algo de magnético, cada escalón, cada descansillo, es un rincón que te atrae con una fuerza imposible de afrontar. Creo que no hay una sola persona incapaz de escapar a su influjo, a la provocación de su magia. En ocasiones incluso llega a doler. Y luego están las puertas, cada una con una promesa de una vida mejor o de una historia diferente… no comprendo cómo todo esto continúa en pie, por qué nadie se ha decidido a intentar cambiar el mundo por otro que considere mucho mejor. Es sorprendente… un simple robo a un personaje concreto, una mera anécdota en la historia y podríamos cambiarlo todo… un segundo podría evitar una guerra, provocar una catástrofe o salvar una vida. Da miedo. Sí, creo que toda la atracción, todas las posibilidades, todo lo que he tenido que hacer para salvaguardar este extravagante rincón del universo ha venido propiciado por el miedo a que todo cambie, a que todo pueda cambiar tan fácilmente… 

Cuando me llamaron a filas no esperaba nada de esto. Puede que mi vida no valiese demasiado por aquel entonces, puede que no me esperase nadie, puede que no fuese más que una mota de polvo en la Historia del Mundo, pero podría haberme recuperado… podría haber encontrado el amor o un motivo para continuar adelante… ahora solo me muevo por objetivos, por misiones. Es cierto, mis compañeros… ellos son los pilares que me mantienen en pie, sin ellos sería incapaz de dar un paso más o afrontar una nueva aventura, gracias a ellos sigo aquí. He perdido la cuenta de las veces en las que les he salvado el cuello o ellos me lo han salvado a mí. Gracias a esa imposible morada he conocido a mis hermanos de armas y he podido sobrevivir a este loco Siglo XXI que parece extraído de una pesadilla de Dante…

Inés es la fuerza de nuestro equipo, sin ella no creo que hubiésemos sido capaces de sobrevivir a ninguna de las misiones suicidas a las que nos han enviado. Ramiro es el cerebro, él es capaz de hacernos escapar de cualquier situación, por imposible que parezca y yo… en fin, yo me limito a serles de ayuda en todo lo que piden, soy el miembro menos válido del grupo, lo sé, pero intento no estorbarles demasiado. Lo cierto es que no sé qué hizo que el Ministerio se fijase en mí y sin embargo, aquí estoy, dispuesto a viajar a al Siglo de Oro, a la Guerra Civil o a la época de los Reyes Católicos, ¿qué más da? En todas partes es lo mismo. Los españoles siempre seremos iguales, da igual la época que transitemos. No sé, quizá en esta misión, de una vez por todas, me dedica a cambiar el mundo de una vez por todas. O quizá me limite a seguir repitiendo la línea temporal una y otra vez, sabiendo que lo único que no podré tocar, realmente, es aquello que más me importa. Dirán lo que quieran, pero este ministerio jode a sus funcionarios como el que más, aunque de vez en cuando me pueda dar una vuelta por los prostíbulos del Madrid del XVIII o ligarme a una jovencita libidinosa de los 80, en fin, algo bueno tenía que tener el trabajar aquí, ¿no?

21 de marzo de 2015

El gato indeciso...


Había una vez un gato que no sabía qué quería ser de mayor, una tarde, mientras paseaba por la sabana se perdió y no supo cómo volver a casa, así que deambuló por entre las robustas patas de los elefantes, se escabulló de las leonas hambrientas y se escondió de un leopardo con ganas de juerga. La noche cayó de repente y el pobre gatito se acurrucó bajo un baobab, tenía mucha hambre y mucho frío, porque, aunque el sol pegue con fuerza sobre el suelo de África, cuando cae la noche, el frío es el amo y señor de la planicie, acompañado en su gobierno por el viento silbador. Rugidos, bramidos y mugidos llegaron hasta él, así que el gatito se encogió todo lo posible, intentando hacerse invisible en la oscuridad. De repente alguien chistó en la noche y el gato intentó encogerse un poco más, el que había chistado antes lo hizo aún algo más fuerte y como el gato no abría los ojos, terminó por gritarle en voz alta que qué hacía ahí escondido, bajo el baobab que era su hogar. El pobre gato no tuvo más remedio que abrir los ojos y se encontró con un babuino que le miraba desde las alturas… al verlo, vio algo grande, enorme, luminoso que había detrás del mono. Era, era, era algo impresionante y realmente increíble. El babuino se percató de que la mirada del gato se alejaba más allá de donde él estaba y sonrió… “la ha descubierto” –pensó- ha descubierto la magia de la luna. Dicen que el gato intentó saltar para alcanzarla. Primero saltó unos centímetros, después un metro y después más y más y más… aunque ni así pudo alcanzar la luna… dicen que el mono y aquel gato, que se convirtió en el primer serval de la historia, se hicieron grandes amigos y que juntos salvaron África de una invasión de termitas, de una sequía provocada por el hombre e incluso de una guerra entre animales que podría haber sido terrible, pero esas, amigos, son otras historias y deberán ser contadas en otra ocasión.

19 de marzo de 2015

¿Y qué más da dónde estén los huesos de Cervantes?


Sí, sí, que es él el dueño de algunos huesos, bueno, o casi seguro que lo es...

Esto es algo que me llevo preguntando desde que se iniciaron las investigaciones que estos días tienen revolucionado el Barrio de las Letras de Madrid, a los políticos, a los comerciantes, a los historiadores y a los que saben más o menos quién fue ese tal Cervantes que escribió un libro que, según muchas personas, es la mejor novela de la historia de la Literatura (esto lo sabemos muchos, aunque no lo hayamos leído entero jamás… ejem).

El caso es que hemos tenido noticias recientes en las que los expertos e investigadores afirman… o casi, que sí, que han encontrado restos de los huesos de Don Miguel de Cervantes Saavedra, según ellos (aunque tampoco lo confirman rotundamente, por si acaso), este buen hombre (aunque estuviese en la cárcel y se dedicaba a cobrar impuestos) estaba enterrado en el Convento de las Trinitarias, en Madrid. Hombre, supongo que después de 400 años y sin nada con lo que corroborar el ADN encontrado es algo complicadillo el afirmar rotundamente algo como que se sabe que esos restos son de una u otra persona, pero… no pasa nada, los políticos de turno se han tomado las prisas necesarias para confirmar y asegurar ante todo el mundo que esos restos sí que pertenecen al padre del Caballero de la Triste Figura.

Leer a Cervantes, ese sí que sería un modo genial de homenajearle. ¡Ah! Bueno, que nos da igual homenajear a Cervantes, que el tema es promocionar la visita a Madrid ¿o no?

Hay que decir que esos huesos han tenido un trajín que ni una lavadora en el momento del centrifugado, han vivido demoliciones y reconstrucciones, han compartido hueco con los de otras personas y han sido olvidados y poco respetados durante siglos, pero ¿qué más da? Esos huesos son una mina de oro. Aun así, todavía hay quien duda…

Pero vamos, que ya os digo yo que sí que pertenecen a Cervantes, es seguro y refutable ante quien diga lo contrario y es que, como no lo fuesen… se iba a liar, ¡y gorda! Con lo bien que le va a venir a Madrid, al Barrio de las Letras y a la mismísima Iglesia… así que, tranquilos, que ya podemos ir a rezar ante la tumba del autor (o no, según lo que él mismo afirmaba) del libro más famoso de nuestra historia. Cervantes nació en Alcalá de Henares (como muestra su partida de nacimiento salvada milagrosamente durante la Guerra Civil Española) y fue enterrado en el Convento de las Trinitarias, en Madrid, ¿no es impresionante? Qué gran punto para la capital de España el de contar con unos restos tan emblemáticos… y qué estupenda casualidad que se hayan encontrado precisamente en el año en el que se celebra el 4º centenario de la publicación de la segunda parte de “Don Quijote de la Mancha”, ¡joder!, es que es algo que parece sacado de una novela.

¿Y no sería estupendo que todo esto viniese acompañado de una promoción bestial de TODA la obra del padre de Sancho Panza y Dulcinea del Toboso, pero también de Rinconete y Cortadillo y de muchos más?

El caso es que este asunto cervantino es como su propia obra, o eso me parece a mí, está repleto de asuntos extraños, símbolos ocultos y picaresca, mucha picaresca. Pero tranquilos, pronto podremos visitar la única y verdadera tumba del Manco de Lepanto, aunque no esté por allí o esté solo un pedazo de sus restos (ojo, que sí que puede que esté ¿eh?), igual que visitamos, por poner un ejemplo, la tumba de Colón en Sevilla o la de Santiago en Galicia… que le va a venir de lujo a la capital, hombre.

Eso sí, a mí, por lo menos a mí, me habría encantado que esto se hiciese con fines culturales y no económicos… aunque bueno… a la gente del Barrio de las Letras les viene de lujo, al cuarto centenario más y a Cervantes… bueno, supongo que le servirá para vender unos ejemplares más de su Quijote y poder vivir de ello… a, no, que murió en la miseria hace unos años…

Esto de la Cultura es extraño… podemos repudiar a los artistas, les podemos decir que son insolentes, caras, malhablados o engreídos, podemos subirles los impuestos, robarles la obra o llamarles de todo cuando haga falta, pero, fijaos, qué bien vienen una vez muertos para promocionar nuestras cosas…

En fin… habrá que ir a rezarle al nuevo santo de la capital… o leer su obra, que no hay mejor homenaje para un autor que ya ha fallecido hace siglos. Yo por si acaso, empezaría a hacer cola.


18 de marzo de 2015

La Literatura y la Historia como tablas de salvación de la Tauromaquia


La Asociación Taurina de Navas del Rey convoca, dentro de sus jornadas taurinas, la conferencia “Los toros y la Generación del 27”

El mundo taurino no pasa por su mejor momento en cuanto a popularidad se refiere, sí tiene muchos defensores entre sus filas y sí que sigue siendo una fuerza importante dentro del ámbito de los espectáculos en España, Francia y Latinoamérica, la que para Federico García Lorca era la “Fiesta más culta que hay hoy día en el mundo, es directamente rechazada por buena parte del mundo cultural, aunque es innegable que la relación entre los Toros y buena parte de la referencia cultural de aquellos lugares en los que se desarrolla es fuerte y estrecha.

Nos pueden gustar las corridas de toros y el mundo que las rodea o puede no hacerlo, pero no habrá nadie con una pizca de cultura que niegue que la literatura, la pintura, la escultura o la música son artes que siempre han estado muy involucradas e inspiradas por aquello que se desarrolla entre un toro y un hombre en un ruedo. Puede que a día de hoy, como ya pasó hace más de cien años, con Miguel de Unamuno a la cabeza, que llegó a afirmar que siempre le habían aburrido y repugnado las corridas de toros, haya una inmensa mayoría de creadores de todos los ámbitos que renieguen de la tauromaquia, de hecho, creo que si el mundo taurino quiere perdurar, debe realizar un esfuerzo para atraer a su historia a aquellos que reniegan de ella por considerar que todo lo relacionado con la llamada “Fiesta Nacional” es bestial, sanguinario e inhumano.

Con ese motivo, como manifestó Carlos Abella Martín, director gerente del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, se han puesto en marcha una serie de actividades que pretenden acercar el mundo taurino al gran público y separar en todo lo posible, o hacer ver que lo uno puede disfrutarse sin lo otro, la historia, el arte y la cultura referente al mundo taurino y lo que son las corridas de toros y similares, porque no hay que olvidar que parte de nuestra historia cultural, está íntimamente relacionada con la tauromaquia, de hecho, en parte, si podemos disfrutar de una llamada Generación del 27 fue por culpa de un torero muy importante en nuestra literatura, Ignacio Sánchez Mejías.

En ese ámbito de difusión y separación (o intento de reunión, que también podría decirse) se incluye la conferencia que organizó el pasado viernes 13 la Asociación Taurina de Navas del Rey en el salón de plenos del ayuntamiento casero, dentro del marco de las jornadas taurinas organizadas para este mes de marzo y que incluían la inauguración de la nueva sección taurina del Centro de Lectura Doctor Antonio Nogales y una exposición fotográfica de la Agencia EFE: “Los toros y la Generación del 27”.

Dejando de lado el gusto o no por el asunto taurino, la conferencia, impartida por José Miguel González Soriano, director de la biblioteca “José María del Cossío”, de la plaza de toros de Las Ventas fue un auténtico repaso a los últimos 100 años de relación entre el mundo taurino y la literatura, aunque también versó de retazos en otros artes y disciplinas. Rafael Alberti, Federico García Lorca o Miguel Hernández fueron algunas de las figuras literarias que desfilaron ante los ojos y los oídos de los reunidos en el salón de plenos durante más de una hora y media de disertación acompañada de material audiovisual, lectura de versos, cartas manuscritas… una conferencia que contó con la presencia del alcalde de la localidad, Jaime Martín, y varios concejales de la corporación municipal, entre los que destacaba la concejala de cultura de Navas del Rey, María Isabel Romero. El acto concluyó con la voz y la imagen de todo un Premio Nobel de Literatura, Vicente Aleixandre, que recitó para todos los presentes versos del mismísimo Lorca. Además, el evento contó con la participación del Grupo de Teatro de la localidad casera.

Es indudable, pueden gustarnos los toros o no, la llamada “Fiesta Nacional” nos puede resultar a algunos anticuada y hasta cruel… pero es un tipo de festejo que nos lleva acompañando, para bien o para mal, siglos y cuya presencia en el arte es indudable. Quizá uno de los poemas más conocidos de Federico García Lorca sea ese Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, solo por poner un ejemplo...  

Quizá sea bueno conocer esa parte tan importante de nuestra historia y de nuestro arte para poder entender cómo somos en realidad. La Generación del 27 disfrutó de la tauromaquia y de la farándula que la rodeaba, nosotros disfrutamos hoy en día de su literatura y de su poesía, pero lo uno no se puede entender realmente sin lo otro. Una vez más, aquellos que temen perder su memoria, recurren a aquellos que la hacen perdurar para siempre, los creadores, los artistas… los escritores.

La Literatura como tabla de salvación, una vez más, espero que en algún momento, esta colaboración y ayuda sea recíproca.


8 de marzo de 2015

Usando programas para realizar humildes, pero merecidos homenajes

Erase una vez una autora extraordinaria… y vital, viajera, amable, sonriente, rebelde… estos son algunos de los adjetivos que se escucharon en la grabación del capítulo 158 de La Biblioteca Encantada, el programa de Radio 21 dedicado al mundo de la literatura de cada viernes por la noche, un episodio dedicado en exclusiva a la figura de la recientemente desaparecida Montserrat del Amo, una de las autoras más representativas e inspiradoras de la literatura infantil y juvenil española. Madre literaria de más de 70 libros para niños y jóvenes, siempre con la lucha social como bandera y con la rebeldía como seña de identidad, Montserrat del Amo fue la primera autora en recibir el Premio Nacional de Narrativa Infantil y Juvenil en 1978 y mereció galardones tan importantes como el Premio Lazarillo, el Iberoamericano SM o el CCEI.

Ante la ausencia de noticias sobre el triste fallecimiento del pasado jueves 26 de febrero en los medios nacionales, la dirección de La Biblioteca Encantada decidió grabar este pequeño homenaje, realizado el pasado martes 3 de marzo en la Biblioteca Municipal de Chapinería con ayuda del escritor Santiago García-Clairac, de la editora María José Gómez y de Rafael Rodríguez, el programa contó también con la presencia “virtual” a través de menciones, cartas y audios de la ilustradora Tesa González, las escritoras Paloma Muiña, Mónica Rodríguez, Elvira Menéndez, Lola Nuñez, María Menéndez-Ponte, los autores Jorge Gómez Soto y David J. Skinner, la bibliotecaria Luz del Olmo y la presidenta del Consejo General del Libro Infantil y Juvenil, Sara Moreno.

Un humilde, pero merecidísimo, homenaje a la figura de una de las más grandes escritoras que se podrá escuchar en Radio 21 y que hace hincapié en la necesidad de darle a la literatura infantil y juvenil la importancia que se merece, que no es, al menos pienso yo, un mero apunte en un informativo o un minúsculo artículo en una versión digital de un periódico.



3 de marzo de 2015

De talleres y programas de radio por Navalcarnero


Ya estuve el año pasado y me lo pasé tan bien que le pedí a José Carlos Atienza y a la dirección del Colegio Público José Jalón de Navalcarnero que me invitasen todos los años a charlar con sus estupendos alumnos y a volver a realizar desde allí un estupendo programa de radio con ellos como protagonistas. Y lo bueno es que me escucharon. Así que este año he vuelto a estar en el Encuentro con Autores "Contamos" de este cole con ganas de convertir a sus alumnos en buenos lectores y escritores.

Este año, además de realizar un fantástico programa de Menudo Castillo desde el colegio con la mayoría de los autores invitados a las jornadas de animación a la lectura, he tenido la oportunidad de realizar un taller para los peques de 3º de primaria, una sesión llamada "Las Herramientas del Locutor de Radio" con la que intenté contarles a grandes rasgos cuáles son los utensilios de los que disponemos más importantes a la hora de hacer buena radio.

Los peques de 3º se portaron muy, pero que muy bien y no sé si aprendieron algo con la charla que compartimos pero de una cosa estoy seguro, se lo pasaron muy, muy bien (bueno, y yo también, palabra).

Tuvimos la suerte de contar con la presencia de los alumnos de 6º y de Satiago García-Clairac para grabar la primera hora del programa, en la que entrevistamos a Pedro, un joven escritor con muy buenas maneras y de tener con nosotros al propio José Carlos Atienza, a Silvia (la dire del cole), a J.a. Olloqui y a Rubén Serrano para la segunda, lo que nos ha regalado ¡un programón!

La verdad es que fue una jornada fantástica, de esas que hacen que uno llegue a casa con una sonrisa bobalicona en la cara y la sensación de haber hecho un buen trabajo. Me gustaría agradecérselo desde aquí a todos los responsables de que se realice un evento dedicado exclusivamente a llevar el amor por la literatura a los alumnos de todo un colegio. A José Carlos Atienza, a todo el personal del colegio y, por supuesto, a los fantásticos alumnos de un centro que, quién sabe, puede que algún día lleve a antiguos alumnos a visitar a los nuevos, van camino de ello.