18 de enero de 2015

El sueño roto


Hubo una vez una mujer que tuvo un sueño, un sueño repleto de esperanza. Era un sueño protagonizado por ella misma y que la habría hecho la mujer más feliz del mundo. Desgraciadamente ese sueño se rompió un día en mil pedazos y la mujer se quedó triste y desolada como nunca, aquellos que la conocían la vieron hacerse cada día algo más pequeña, algo más gris y algo más melancólica. Durante algún tiempo fue una arrugada, apagada y solitaria mujer. Pero una noche, antes de dormirse, en el momento justo de apagar la luz de la lamparita de su mesilla, tuvo una gran idea: ella no podría ver su sueño cumplido, aquello había pasado y ya era imposible, no podría ser todo lo feliz como lo habría sido si se hubiese realizado, pero sí podía ayudar a que otras personas cumpliesen los suyos. Aquello sí que podía hacerlo si se lo proponía. A la mañana siguiente aquéllos que la vieron la encontraron más grande, menos gris y mucho más sonriente que nunca. Volvía a tener una esperanza, volvía a tener un sueño. Gracias a ella muchas personas, especialmente niños, sí que consiguieron ver sus sueños cumplidos e incluso ella, muchos años después, mirando hacia atrás, vio que su sueño, realmente, sí que había llegado a cumplirse del todo, e incluso, y eso que tenía ya casi noventa años, tuvo uno nuevo por cumplir, aunque esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.


Ya sabéis que termino Menudo Castillo con un cuentecillo... este es el de la semana pasada. Espero que os guste.