El blog de Javier Fernández Jiménez

18 de enero de 2015

El sueño roto


Hubo una vez una mujer que tuvo un sueño, un sueño repleto de esperanza. Era un sueño protagonizado por ella misma y que la habría hecho la mujer más feliz del mundo. Desgraciadamente ese sueño se rompió un día en mil pedazos y la mujer se quedó triste y desolada como nunca, aquellos que la conocían la vieron hacerse cada día algo más pequeña, algo más gris y algo más melancólica. Durante algún tiempo fue una arrugada, apagada y solitaria mujer. Pero una noche, antes de dormirse, en el momento justo de apagar la luz de la lamparita de su mesilla, tuvo una gran idea: ella no podría ver su sueño cumplido, aquello había pasado y ya era imposible, no podría ser todo lo feliz como lo habría sido si se hubiese realizado, pero sí podía ayudar a que otras personas cumpliesen los suyos. Aquello sí que podía hacerlo si se lo proponía. A la mañana siguiente aquéllos que la vieron la encontraron más grande, menos gris y mucho más sonriente que nunca. Volvía a tener una esperanza, volvía a tener un sueño. Gracias a ella muchas personas, especialmente niños, sí que consiguieron ver sus sueños cumplidos e incluso ella, muchos años después, mirando hacia atrás, vio que su sueño, realmente, sí que había llegado a cumplirse del todo, e incluso, y eso que tenía ya casi noventa años, tuvo uno nuevo por cumplir, aunque esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.


Ya sabéis que termino Menudo Castillo con un cuentecillo... este es el de la semana pasada. Espero que os guste.

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