5 de febrero de 2015

El sitio de Nudicus


Fue tan repentino que no supo si lo había visto de verdad. A través del humo y de la sangre había creído distinguir una forma oscura mirándole con una sonrisa malévola. Un ser taimado que disfrutaba de la contienda, un espectador maligno que prometía un futuro desafío. Eduard lo olvidó casi tan rápido como hubo aparecido, aunque noches después lo recordaría en sueños, tan nítido que ya le resultaría imposible olvidarlo. Sin embargo en esos momentos su vida corría peligro, la espada de uno de sus caballeros impidió que un trasgo le decapitase con una hoz oxidada. El rey agradeció la defensa con un reniego y se enfrentó con un nuevo enemigo, no sabía si serían capaces de sobrevivir a aquella gélida noche a las puertas de Nudicus.

Habían acudido a la ciudad en ayuda de su hermano Ricard, que había visto su región invadida por una hueste oscura. No era inhabitual que reducidos grupúsculos de entes monstruosos atacasen ocasionalmente alguna aldea o asesinasen a algún campesino o mercader despistado. Regnivum era un continente peligroso y el norte de las Montañas Heladas era un refugio perfecto para que aquellos seres se parapetaran y ocultaran de los humanos. No obstante esta vez era algo diferente y mucho más peligroso. Varios clanes se habían reunido bajo un mismo estandarte, orcos, trasgos, ogros… e incluso algún troll gigantesco. Se había reunido una fuerza considerable para atacar a los humanos. Dos pueblos habían sido masacrados sin piedad, algo que el rey de Nudicus no estaba dispuesto a dejar sin respuesta. La lucha se había recrudecido y alargado durante días, por lo que Ricard había solicitado ayuda a su hermano. Una alianza interracial como aquella parecía imposible. Algo hacía sospechar que había algo más poderoso detrás del ataque.

Lo que nadie esperaba era que un dragón atacase las murallas heladas de la ciudad y a sus habitantes. Los caballeros llegados de Oblectatium habían llegado a tiempo de contemplar cómo la magia y el hielo de Nudicus repelían a la criatura, un monstruo bermellón, reluciente. Eduard supo pronto que en terreno abierto serían presas fáciles para el dragón. Aunque ocurrió algo que nadie supo explicar y salvó la vida de los valientes integrantes de su ejército. Algo pareció llamar la atención del leviatán logrando que este alzase el vuelo, dejando el ataque en manos de sus no menos malévolos generales y jefes de clan. La batalla se extendió a lo largo de toda la noche, la nieve se empapó con la sangre de amigos y enemigos, la victoria fue demasiado costosa. Y cuando despuntaba el alba, los supervivientes de aquella batalla, héroes de Nudicus y Oblectatium, se encerraron en la Ciudad de Hielo, intentando reponer fuerzas y recomponerse. Desde las almenas heladas de la ciudad, Ricard y Eduard vieron regresar al dragón, acompañado del ejército oscuro más inmenso que nunca habían visto reunido. Casi tres mil criaturas de diversas razas y tamaños, entre las que se encontraban varias gárgolas, que en Telluón cercaron Nudicus, dejando a los últimos guerreros humanos de Regensis encerrados. Solo entonces Eduard comprendió lo que había ocurrido. Habían caído en una trampa.