8 de febrero de 2015

Sombras sobre Tirol


Tirol era la ciudad más peligrosa de Regdraconinsa, un puerto de tercera en el que solo atracaban los mercaderes más osados o ingenuos de Telluón. Nido de mercenarios y traficantes, no era un lugar recomendable para extraños o débiles. Si no tenías nada que ofrecer o una buena espada o daga que supieses manejar con soltura, lo mejor que podías hacer era permanecer lo más alejado posible de allí. Ni siquiera la Guardia de Plata osaba adentrarse en los mugrientos y grisáceos edificios de Tirol. Enanos y hombres se disputaban la hegemonía de la ciudad, aunque el verdadero amo y señor del puerto era Legash, un semi-ogro enorme al que respetaban propios y extraños...

El imaginario trono desde el que se gobernaba la ciudad portuaria estaba situado en una taberna infecta regentada por dos trasgos. En Tirol se aceptaba la presencia de algunas criaturas odiadas en las tierras de los hombres,.. siempre y cuando se tratase de renegados de sus propias tribus y creencias, así que era relativamente sencillo encontrar trasgos, orcos e incluso algún ogro dedicado al tráfico ilegal más suave o menos comprobable. Y allí, en el habitual salón de audiencias de Legash irrumpió una mañana Arid, un niño de unos diez años que malvivía en el puerto realizando pequeños hurtos a extranjeros desprevenidos o realizando recados ocasionales para el semi-ogro o algún mercader atracado en el puerto...

El enorme gobernante se levantó de un salto, dispuesto a abofetear al muchacho por su insolencia. Una gran jarra de cerveza espumosa se desparramó por el suelo de la taberna. Haría que aquel niño insensato la pagase con su trabajo. Le caía bien y le había protegido en muchas ocasiones, pero era del todo inaceptable aquella impertinencia, todo el mundo en Tirol sabía que para hablar de Legash el comerciante había antes que pedir audiencia a través de sus lacayos. Aquel mocoso acababa de incumplir la ley más rígida de toda la ciudad portuaria. Sin embargo, cuando el semi-ogro escuchó el mensaje del pequeño interrumpió la bofetada en el acto. Aquello que más temía estaba a punto de ocurrir. Las sombras se cernían sobre el mundo de los hombres. Él y todos los renegados que habían traicionado su cultura ancestral estaban condenados. Una era de terror y oscuridad estaba a punto de comenzar y por primera vez en su vida no supo qué hacer ni de qué lado combatir. Lo que supo, sin ningún lugar a dudas, fue que Tirol y todo el que permaneciese en aquel puerto del sureste de Regensis, sería arrasado pronto, muy pronto…