2 de julio de 2015

A la pesca del lector



Hubo un tiempo en el que eso de ser escritor se limitaba a poner negro sobre blanco aquellas ideas o pensamientos que uno quería contar por uno u otro motivo, quizá a recorrer el mundo sin abandonar su casa o hacer volar la imaginación de todos aquellos que se acercaban a sus escritos. Hoy ya no se trata de un trabajo “tan simple”. Un escritor no se dedica solo a escribir, además tiene la obligación y el trabajo añadido de captar lectores, de hacer seguidores y de conseguir que el porcentaje que se lleva de cada ejemplar vendido sea lo más abultado posible y le sirva para algo más que para pagarse un bocata de tanto en tanto (mucho más no se pide en este negocio, no creáis), algo que solo logrará si vende muchos ejemplares, por supuesto.

Una de las citas en las que este trabajo adicional se ve mejor reflejado y con mayor significado es una Feria del Libro cualquiera, donde los autores hacen casi de todo con tal de firmar un ejemplar y conseguir un nuevo lector para su causa. En un país como este en el que se publican decenas de libros cada semana se hace muy complicado el destacar por encima del resto y si no eres un autor procedente de la televisión, internet o alguna revista del corazón… si no eres uno de los cuatro o cinco nombres que viven solo de la venta de sus libros dará igual el nombre o la calidad literaria que tengas, estarás abocado a añadirte a la larga lista de los autores en busca de lector y eso de la Feria del Libro se convertirá en el mejor escaparate para sumar algunos lectores tu porcentaje personal. Esto no es malo, yo creo que es incluso divertido, pero sí que nos lleva a situaciones tan curiosas como la que los autores nos convirtamos en algo así como libreros y sumemos así un epígrafe imaginario más a nuestro listado de trabajos necesarios para podernos llamar escritores.

Y es que un escritor es un poco publicista, algo librero, mucho de comercial, una pizca de animador cultural… en fin, son muchos los trabajos requeridos para que uno de tus libros llegue a manos de un lector. Si luego encima lo compra, tienes la suerte de que lo lea y llegas a gustar con lo escrito… habrás triunfado.

Yo no me quejo, con un libro publicado hace escasos tres meses y con una primera vez en esta fiesta librera y social que es la Feria del Libro de Madrid, me siento como un niño con videojuego nuevo y estoy disfrutando mucho de la cita. Cada uno de los días que he ido lo he pasado mejor y lo he pasado muy bien con cada conversación con los curiosos que se acercan a la caseta, muchas veces para conocer el precio de un libro cualquiera o saber si en esta caseta hay un ejemplar del libro que quieren y no han encontrado en otra. Sé de autores que lejos de disfrutarla, llegan a aborrecerla hasta el extremo y deben fingir sonrisas y simpatías para, en ocasiones, encontrarse con el descaro de algunas personas que pretenden conocerles. Algunos ni siquiera van, alegando motivos varios, pero creo que es una fiesta en la que se debe estar si se puede.

La Feria del Libro es un punto de encuentro singular. Lo mismo te topas con una fila larguísima de personas que quieren recibir la firma y el recuerdo de un muñeco de peluche bajo el que se está cociendo una chica o un chico anónimo que ni siquiera sabe qué personaje encarna, que momentos tan extraños como ver en una misma caseta ferial a un grandísimo autor a quien nadie siquiera mira o saluda junto al que se hincha a firmar una criatura televisiva o “youtubetera”, el nuevo filón comercial con el que se han topado las editoriales. Sin duda, la cita merecería un estudio social amplio del que podríamos extraer un buen puñado de conclusiones sobre quiénes somos en conjunto… y creo que muchas serían negativas, además, pero por lo general, yo creo que es uno de esos eventos a los que hay que ir si eres un apasionado del mundo de los libros. Es agotador, pero es fantástico estar por allí entre la lista de autores invitados.

“Tienes que ser algo vendedor, charlar con todo el que se acerque si es posible y tener mucho desparpajo”, más o menos estas fueron las palabras de uno de los primeros libreros que me acogió en una de estas casetas abarrotadas durante la Feria, porque no todas tienen la suerte de estarlo, pero las de literatura infantil y juvenil es raro que no estén llenas en todo momento. Y la verdad es que tengo que decir que me lo tomé al pie de la letra. Charlé, recomendé, sonreí… y lo mejor de todo, disfruté y hasta tuve la suerte de hacerme con algunos nuevos lectores de Sir Wilfredo. 

Yo me lo he pasado muy bien en la Feria, es una de las primeras ocasiones en las que estoy al otro lado y la he disfrutado al máximo. He tenido la suerte de compartir momentos con algunos de los libreros infantiles y juveniles más importantes de Madrid, he conocido a nuevos lectores, he convencido a familias dubitativas y me he topado con muchos amigos escritores, ilustradores, editores y libreros que  ponían su mejor cara y su mejor imagen para intentar que esta 74ª Edición de la Feria del Libro de Madrid sea una gran cita económica y comercial, porque la venta de libros es una de las industrias más importantes de nuestro país y esta es una de las citas en las que editoriales, libreros y autores logran que sus ventas crezcan lo suficiente como para mantenerse, por lo menos hasta que llegue la próxima gran cita librera, el inicio de curso.

Es cierto, ser escritor es mucho más que juntar palabras. Y yo que me alegro, vaya.