9 de julio de 2015

Los políticos son los malos de la película


Si fuese político estaría preocupado por muchas cosas: por la corrupción, por la gestión que me ha tocado en suerte, por mis ciudadanos, por mis compañeros, por mi propia imagen, por la ejemplaridad que se me exige, por aquello que publico en medios y redes sociales… hay tantas cosas de las que preocuparse…  pero desde hace unos días me he percatado de algo que sospechaba a medias y que ahora sé a ciencia cierta, porque lo he comprobado empíricamente: los políticos deberían estar muy preocupados por ser los malos de la historia, al menos para los niños de primaria.

Este comentario no surge al albur de mi imaginación ni tras un estudio sociológico previsto, sino de una pregunta ocasional realizada una vez por azar durante la realización de un taller ante casi un centenar de niños y repetida en diversas ocasiones para averiguar con certeza si se trata de algo a refutar o de una idea generalizada y confirmada. Malas noticias, desgraciadamente para los políticos ante la pregunta “¿los políticos son héroes o villanos?”, prácticamente el cien por cien de los niños responde que son villanos (sin dudas, sin temor y a mano alzada además).

Puede que la imagen de nuestros políticos no sea la mejor en las últimas décadas y que la misma política, la manera en la que tenemos de coordinar nuestra sociedad, esté en entredicho en estos días, pero que en varios colegios diferentes los niños y las niñas respondan esto… no sé, a mí me haría replantearme ciertas cosas (o todas las cosas). No hay nada peor que ser un villano para los niños, ellos no entienden de razones para hacer el mal ni de equivocaciones o descuidos, tampoco entienden de ideologías ni de escalas de grises, centros o propuestas… dentro de su inmensa y afortunada complejidad su mente es bastante lógica y simple, o eres bueno o eres malo, no hay más, no cabe otra respuesta. Pues bien, para ellos los políticos son los malos.

Es posible que la mala prensa, las noticias de los últimos años, los comentarios de sus familias, los reniegos de algunos maestros o la propia crisis económica y social tengan algo o mucho que ver en esta idea, pero si yo me dedicase a la política, si fuese político, intentaría por todos los medios ser el bueno de la historia, trabajaría para ser visto como un héroe… al menos ante la visión de los niños que me rodeasen, ¿no se estarán haciendo las cosas mal desde los diversos gobiernos y oposiciones de municipios, comunidades y desde el mismo poder estatal para que se digan estas cosas?

Me fío de los niños. No son mentirosos, no están adscritos a ninguna sigla o partido, no se casan con nadie y son mucho más inteligentes y están más atentos a lo que les rodea de lo que muchos mayores solemos pensar. Lo siento por los políticos y por nuestra sociedad en sí, porque si nuestros niños piensan que son los malos… estamos encaminados al desastre. Quizá habría que realizar de nuevo la prueba, preguntar a los niños lo que opinan… pero creo que tengo suficientes datos como para saber que el pensamiento es demasiado generalizado como para ser solo una anécdota.

Las personas que se dedican a la política, no me importa el ámbito ni el nivel, deberían hacérselo mirar, deberían trabajar mucho mejor su imagen, pero desde la verdad, no desde la fotografía, la cinta y la sonrisa de portada o cubierta de programa electoral, deberían bajar más a la calle y moverse entre las personas para las que trabajan, porque son los políticos los que trabajan para el pueblo y no a la inversa, deberían escuchar mucho más a los niños y deberían, por encima de todo, dejarse de intereses personales o partidistas y convertirse en los adalides de sus ciudadanos, en personas a las que creer y en las que confiar.

Mientras el cien por cien de los niños responda que los políticos son villanos, yo lo siento, pero no me fiaré de ellos. Eso sí, me queda la esperanza de que ahora, que algo está cambiando aunque aún no sepamos qué es… los mismos políticos se replanteen este tipo de opiniones y se percaten de que tienen que cambiar mucho su manera de actuar y gobernar. Si no, con esa opinión infantil, el futuro será algo más oscuro.