4 de octubre de 2015

¿Recomendar u obligar?, ¿qué es mejor para fomentar la lectura en colegios e institutos?


No habría un mejor ejemplo para conseguir que nuestros niños y jóvenes leyesen que hacerlo nosotros mismos, que nos viesen disfrutar con nuestras lecturas y decidiésemos compartir con ellos nuestras vivencias a lomos de un libro, pero en España no se lee o no se lee lo que debería leerse y claro, no es sencillo que nuestros más pequeños hagan algo que ven que a sus mayores les cuesta hacer o que, directamente, aborrecen y alejan de su día a día, algo que en los medios se obvia y que se ha convertido casi en un elemento denigrado por el común de la sociedad. Aun así, en institutos y colegios, profesores y maestros tienen el complicado trabajo de fomentar la lectura entre sus alumnos, a veces con barreras tan infranqueables como la desigual lucha ante otros frentes, la escasa comprensión lectora o múltiples y variados impedimentos.

Durante años no hubo duda, en clase el profesor elegía el título a leer, un título habitualmente elegido años atrás por algún grupo de profesores o prescriptores, los alumnos estaban obligados a leerlo y después se realizaba un examen, una ficha o algún trabajo similar que demostrase que el título había sido leído por el alumno… Una fórmula que en la actualidad sigue usándose en muchos centros escolares de toda España. Las lecturas infantiles eran variadas y más o menos divertidas, pero una vez llegados al instituto, la cosa estaba clara, había que leer “La Celestina”, “Coplas a la muerte de su padre”, “La Regenta”, “Don Quijote de la Mancha”, “El Lazarillo de Tormes”… eran títulos obligados e imprescindibles según el curso y el profesor, bajo la premisa de que, si de mayores ya no iban a ser lectores, había que conseguir que, al menos, en sus años de juventud, los alumnos hubiesen leído lo más granado de nuestra literatura más clásica.

Ahora existe un debate que pone en tela de juicio esta creencia. Quizá no se haga necesario obligar a los lectores a hollar las páginas de nuestros clásicos (o al menos a leer libros completos de nuestra literatura más universal), quizá sea mejor encontrar títulos que no sean tan excelsos a nivel literario pero logren algo que antes pocas veces se lograba desde el colegio o el instituto, que los niños y los jóvenes amen la lectura, quizá los profesores deban buscar métodos más imaginativos y divertidos para rematar esas lecturas y quizá deban contar además con el apoyo de los padres, los medios de comunicación y las instituciones gubernamentales para conseguirlo. Quizá es mucho más importante el tener en cuenta los gustos de los alumnos que las creencias, a menudo obsoletas, de sus mayores.

Estas y muchas otras ideas se desgranan de la conversación mantenida en el primer programa de la quinta temporada de La Biblioteca Encantada, de Radio 21, en el que se reunieron 15 apasionados del mundo de la literatura infantil y juvenil de una franja de edad que iba de los 10 a los 70 años y que se convirtió en un interesante debate con multitud de opiniones, posturas y recomendaciones. Un programa que acogió a escritores, profesores de secundaria, maestros de primaria, concejales, libreros, periodistas, expertos en literatura infantil y juvenil y alumnos de primaria y secundaria. Una reunión en la que estuvieron presentes José Andrés Villota, Pilar Pérez, Elena Martínez Blanco, Rafael Rodríguez, Santiago García-Clairac, Javier G. Valverde, José Carlos Atienza, Rubén Serrano, Mónica Martín, Alba, Lucía, Nuria, Carol, Carlota… y que se convirtió en un foro que demostró por sí mismo los beneficios de la lectura: no hubo palabras más altas que otras, no se interrumpió el turno de palabra, se entendió claramente cada mensaje, no hubo discusiones ni encontronazos… en fin, una conversación que dio gusto moderar y que prácticamente no requirió de ello en ningún momento.

De la conversación me gustaría extraer algunas ideas importantes que, estoy seguro, deberían formar parte de nuestro día a día como fomentadores de la lectura. La lectura debe ser entendida por encima de todo como un divertimento y un elemento de ocio, nunca como un castigo. El mejor ejemplo es el que cada familia ofrece a sus niños y jóvenes. En el colegio es beneficioso que todos los niños lean un mismo libro, pero llegados al instituto debería haber algo más de libertad de tanto en tanto. Los profesores deben encontrar fórmulas adecuadas y divertidas para rematar y trabajar una lectura más allá del típico examen o ficha por escrito (que suele sentar muy mal realizar casi siempre). Los medios de comunicación deberían ser aliados y amigos en el fomento de la lectura, algo que, por desgracia no es hoy una realidad… y muchas ideas más que os invito a buscar y reflexionar por vosotros mismos.

Leer a Cervantes es importante como lo es hacerlo a Quevedo, Becker o Camilo José Cela, es cierto… conocer nuestra literatura más clásica es emocionante y necesario, ¿por qué no lograr que los lectores de nuestro país se acerquen a ella con una sonrisa y con ganas de conocer mucho más sobre su literatura que aborreciéndola de antemano?, ¿por qué no hacer una sociedad amante de los libros antes que una que piense que son objetos que roban su tiempo? 

Al menos el debate sigue abierto, que no es poco, la verdad.



Si te interesa escuchar el programa en cuestión, puedes hacerlo en Castillos en el Aire o en Ivoox.