#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

Microrrelatos en 3 Capítulos

Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

27 de abril de 2015

El loco de la radio

Había quien decía que estaba loco, porque eso de llevar un programa de radio a un colegio ¡para hablar de libros! Parecía una auténtica locura, pero él seguía llevándolo al cole una y otra vez, y en cada ocasión intentaba sorprender a los chicos y chicas con algo diferente. Había niños que se dormían, otros que se aburrían un puñado y algunos más que se tiraban todo el tiempo que duraba el programa pensando en las albóndigas que su madre o su padre les iba a poner para comer, incluso había siempre uno que pensaba en la alineación del Barcelona para el partido de la semana. Aunque eso a él no le importaba, porque en cada ocasión había una persona, solo una, que pensaba que eso de leer o escribir estaba mucho mejor de lo que había pensado hasta ese momento y que decidía hacerlo desde ese mismo momento. Y dicen que hubo una niña que, gracias a esa locura, se convirtió en ilustradora y que hizo felices a miles de niños en todo el mundo con sus ilustraciones, sobre todo con las de un dragón de colores que llevaba estrellas a los niños que no tenían dónde dormir y que… bueno, lo dejaremos por esta vez, porque esa, amigos, es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.

25 de abril de 2015

Los sueños de Ahmed

A veces las cosas son así, no te las esperas y… pasan. Otras veces no pasan, también es verdad. Ahmed sabía que así era la vida, lo había aprendido a base de batacazos diversos, pero él seguía luchando por sus sueños, continuaba batallando por lo que creía que era justo, no paraba de esgrimir todas sus ilusiones y sueños por aquello en lo que creía. Así que, al final, sin esperárselo ya, sucedió, que es algo que suele pasar cuando uno trabaja firmemente y con un propósito en la cabeza, otras veces no pasa, es verdad, pero ahora lo que cuenta es que, en su caso, ocurrió. No le preguntéis cómo fue ni por qué, Ahmed solo podría responderos que pasó, sin más, pero tampoco sin menos. El caso es que lo consiguió y eso hizo que sus sueños creciesen y que luchase por cosas que parecían aún más complicadas y difíciles. Tanto luchó, tanto soñó y tanto peleó que incluso logró algo que nadie en el mundo entero habría imaginado que pudiera hacerse y que le convirtió en alguien sumamente conocido aunque esa, amigos, es otra historia, y deberá ser contada en otra ocasión.

21 de abril de 2015

Encuentro de Magos

El anciano elfo llamó a la puerta con sus nudillos elegantes y arrugados por el paso de los años. Sabía que el dueño de la casa no iría a abrirle la puerta y que tampoco se encontraría ante un aprendiz o criado que lo hiciera, pero uno no podía entrar en la casa de Muchamagia sin llamar a la puerta, eso era algo que sabían hasta los magos más inexpertos de Telluón. El sonido de unas campanillas juguetonas irrumpió en el ambiente. El pasillo estaba en penumbras, pero se adentró sin ningún temor en sus sombras y dejó que su figura fuese tragada por la oscuridad. No fue capaz de calcular ni el tiempo ni la distancia que deambuló por el mágico y sinuoso pasaje. De improviso se encontró en una salita de estar demasiado pequeña para una casa como esa, pero demasiado grande para lo que aparentaba desde fuera. Se extrañó. Era la primera vez que se veía en la necesidad de acudir a ese lugar y todo para él era asombroso, a pesar de ser uno de los seres más poderosos y sabios del mundo.

Sobre una mesilla descubrió la taza aún humeante de una infusión, acompañada por una taza vacía y una jarra tan vieja como el resto del mobiliario. Colgado de un perchero descubrió un sombrero puntiagudo, demasiado estrafalario para su gusto. Se quedó embobado mirando el sombrero, incapaz de decidir si se trataba de un sombrero azul con estrellas amarillas o amarillo con estrellas azules. Durante varios minutos no pudo hacer más que mirar la extraña prenda y preguntarse por el poder del dueño de aquella morada. Y así habría seguido durante mucho tiempo más de no ser por la brusca interrupción de una tos fingida.

Supo que Muchamagia estaba allí, sentado en un sillón orejero dirigido a una ventana y demasiado alto como para dejar ver lo que ocultaba. El ser más poderoso de la Creación, el mago más impresionante, el sabio más aclamado, el… ¿abuelo en ropa interior? Inaldrim, el Sabio Elfo, no supo nunca si aquello había sido una visión o la realidad, pero habría jurado que había visto al más grande de los magos en ropa interior, sin embargo en ese instante podía apreciar que el anciano iba ataviado con una túnica semejante a su sombrero.

Era la primera vez que podía ver al mito viviente. Muchamagia aparentaba fragilidad y locura, eso lo sabía bien, pero tras su apariencia estrafalaria se encontraba un ser realmente poderoso. Tenía la cara muy delgada, surcada por decenios de sabiduría (vamos, arrugas, de toda la vida), su barba, blanca y despeinada, era tan larga que le cubría buena parte del pecho, apenas tenía pelo en la cabeza y sus ojos chispeaban entre alegres y alocados. Inaldrim no supo qué opinar sobre aquel ser que siempre, desde que era un joven aprendiz de mago, había querido conocer. Iba a hablar, intentó realizar una reverencia e incluso abrió la boca para emitir un saludo, pero Muchamagia se adelantó, tan imprevisible como su magia, tan extravagante como su mundo…

-Sabía que vendrías, Inaldrim, sabía que vendrías… ¿quieres un té?
-Yo…
-Venga, venga. No seas melindroso. Siéntate aquí, frente a este pobre viejo y recuérdame cómo es el mundo…
-Pero, ¿dónde?

Un sillón gemelo al de Muchamagia se apareció frente al de este. Inaldrim no tuvo más remedio que sentarse y aceptar el té.

-Lleva más azúcar del que debería tomar y, sí, me has descubierto, lleva un poquito de licor de miel, pero bueno, supongo que me lo perdonarás.
-Gran Mago, yo…
-Tómatelo, te vendrá muy bien. Además, se acercan tiempos oscuros, amigo mío, hay que sonreír antes de que llegue lo que tiene que llegar…
-Pero…
-El Oeste se está levantando, Inaldrim… la oscuridad vuelve a tomar forma. Ella… no es lo suficientemente fuerte como para irrumpir en Telluón, aún no… pero sus vástagos. Se acerca una guerra.
-¿Una guerra? Yo solo he escuchado rumores de batallas en tierras de los hombres y ellos siempre están enfrentados unos a otros. ¡Es imposible que…!
-Sí, los hombres son egoístas y belicosos. Siempre parecen querer más de lo que tienen. No como vosotros, los elfos, que sois más… más… más… ¡desprendidos! Sí, eso, desprendidos. Pero no, en esta ocasión no son los hombres los que acechan la paz del mundo. Es algo más siniestro y espantoso.
-Yo solo venía…
-Ya te daré otro día la receta para el reúma. Hoy te necesito para otra cosa.
-Pero…

Muchamagia se incorporó en el sillón y sus ojos parecieron chispear de furia durante unas décimas de segundo. Inaldrim enmudeció.

-El mundo está en serio peligro. Nunca, desde la Guerra de los Dragones, hemos estado en un peligro semejante. La Oscuridad… crece. Mis girasoles están marchitos. La magia dolorida… tienes que hacerme un favor.
-¿Un favor?
-Sí, hay un chico… es muy joven e inexperto. De hecho dicen que no es demasiado espabilado ni demasiado fuerte ni demasiado ágil ni demasiado valiente… y sin embargo es nuestra última esperanza.
-¿Un… un… héroe?
-Sí, un Héroe. Especialmente porque se trata de alguien que no es para nada especial, pero realizará proezas extraordinarias, de eso puedes estar seguro. Un héroe de verdad.
-¿Y qué puedo hacer yo?
-Debes escucharle y ayudarle. Debes conseguir que los elfos le escuchen, aunque creo que eso es algo en lo que se puede apañar muy bien él solo.
-¿Cómo le reconoceré?
-Es fácil, Inaldrim. Te parecerá muy poca cosa y sin embargo, te sorprenderá. Es un joven bastante… sorprendente.
-¿Y cómo se llama ese humano?
-Wilfredo… Sir Wilfredo de Montesquiau. Me han dicho los gorriones que anda perdido por una zona pantanosa de Regdraconinsa, aunque con este muchacho, nunca se sabe…

19 de abril de 2015

Primera imagen pública de "La gran aventura de Sir Wilfredo"

Tras meses de gestación, tras un buen puñado de correcciones, tras revisiones incontables y tras un trabajo (creo que es el más difícil de todos) de secretismo juguetón, ya os puedo decir lo que llevo queriendo contaros desde hace un montón de meses, ¡¡¡que la editorial Diquesí publica "La gran aventura de Sir Wilfredo", o por lo menos la primera parte de su odisea, porque estamos hablando de una trilogía.

Tras una serie de casualidades afortunadas, la ilusión de mi estupenda editora, María José Gómez y el trabajazo de Santiago García-Clairac a nivel ilustración (veréis qué ilustraciones tan impresionantes tiene este libro), además de curro de la maquetadora (Estella) y de un montón de profesionales, ya solo quedan unos días para que podáis juzgar el resultado.

La verdad es que el vértigo empieza a ser evidente, yo estoy muy ilusionado con esta historia (que escribí por primera vez hace ya una década o así, soy muy malo con las cuentas) y el público al que está dirigido en un principio es de lo más complicado, porque la idea es que lo disfruten niños y niñas de entre los 8 y los 10 años (aunque lo puede leer casi cualquiera).

No os quiero contar mucho más (de momento), ya habrá tiempo para ello. Solo quería deciros lo contento que estoy de poder decir esto por fin y que es un auténtico orgullo compartir "cartel" con esta gama de grandes creadores (y los que se vienen a Diquesí, madre mía), además de tener la inmensa fortuna de contar con la casualidad de publicar una novela de caballeros andantes precisamente en el año en el que se cumple el 4º centenario de la publicación de la segunda parte de la más famosa novela de caballeros de toda la historia, "Don Quijote de la Mancha".