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"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

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La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

13 de julio de 2015

El Rey que mandaba...


Quiso el rey que todos sus vasallos se acostaran a las nueve de la noche y durante un tiempo todos le obedecieron. Quiso el rey que todos sus súbditos comiesen tres veces al día, a las nueve de la mañana, las dos de la tarde y las ocho y durante un tiempo todos le obedecieron. Quiso el rey que todas las personas de su reino arasen las tierras desde las diez de la mañana hasta la una y desde las cuatro de la tarde hasta las siete y media. Y durante un tiempo, todos le obedecieron… hasta el día en el que los niños del reino aprendieron a leer. Entonces descubrieron que en otros reinos había personas que no comían más que una vez al día y en otros había personas que jugaban y disfrutaban por la noche y en otros los había incluso que llegaban a reyes habiendo nacido como campesinos… ese día, el día en el que los niños aprendieron a leer empezó a terminarse el gobierno de aquel rey que siempre decía qué tenían que hacer los demás.

9 de julio de 2015

Los políticos son los malos de la película


Si fuese político estaría preocupado por muchas cosas: por la corrupción, por la gestión que me ha tocado en suerte, por mis ciudadanos, por mis compañeros, por mi propia imagen, por la ejemplaridad que se me exige, por aquello que publico en medios y redes sociales… hay tantas cosas de las que preocuparse…  pero desde hace unos días me he percatado de algo que sospechaba a medias y que ahora sé a ciencia cierta, porque lo he comprobado empíricamente: los políticos deberían estar muy preocupados por ser los malos de la historia, al menos para los niños de primaria.

Este comentario no surge al albur de mi imaginación ni tras un estudio sociológico previsto, sino de una pregunta ocasional realizada una vez por azar durante la realización de un taller ante casi un centenar de niños y repetida en diversas ocasiones para averiguar con certeza si se trata de algo a refutar o de una idea generalizada y confirmada. Malas noticias, desgraciadamente para los políticos ante la pregunta “¿los políticos son héroes o villanos?”, prácticamente el cien por cien de los niños responde que son villanos (sin dudas, sin temor y a mano alzada además).

Puede que la imagen de nuestros políticos no sea la mejor en las últimas décadas y que la misma política, la manera en la que tenemos de coordinar nuestra sociedad, esté en entredicho en estos días, pero que en varios colegios diferentes los niños y las niñas respondan esto… no sé, a mí me haría replantearme ciertas cosas (o todas las cosas). No hay nada peor que ser un villano para los niños, ellos no entienden de razones para hacer el mal ni de equivocaciones o descuidos, tampoco entienden de ideologías ni de escalas de grises, centros o propuestas… dentro de su inmensa y afortunada complejidad su mente es bastante lógica y simple, o eres bueno o eres malo, no hay más, no cabe otra respuesta. Pues bien, para ellos los políticos son los malos.

Es posible que la mala prensa, las noticias de los últimos años, los comentarios de sus familias, los reniegos de algunos maestros o la propia crisis económica y social tengan algo o mucho que ver en esta idea, pero si yo me dedicase a la política, si fuese político, intentaría por todos los medios ser el bueno de la historia, trabajaría para ser visto como un héroe… al menos ante la visión de los niños que me rodeasen, ¿no se estarán haciendo las cosas mal desde los diversos gobiernos y oposiciones de municipios, comunidades y desde el mismo poder estatal para que se digan estas cosas?

Me fío de los niños. No son mentirosos, no están adscritos a ninguna sigla o partido, no se casan con nadie y son mucho más inteligentes y están más atentos a lo que les rodea de lo que muchos mayores solemos pensar. Lo siento por los políticos y por nuestra sociedad en sí, porque si nuestros niños piensan que son los malos… estamos encaminados al desastre. Quizá habría que realizar de nuevo la prueba, preguntar a los niños lo que opinan… pero creo que tengo suficientes datos como para saber que el pensamiento es demasiado generalizado como para ser solo una anécdota.

Las personas que se dedican a la política, no me importa el ámbito ni el nivel, deberían hacérselo mirar, deberían trabajar mucho mejor su imagen, pero desde la verdad, no desde la fotografía, la cinta y la sonrisa de portada o cubierta de programa electoral, deberían bajar más a la calle y moverse entre las personas para las que trabajan, porque son los políticos los que trabajan para el pueblo y no a la inversa, deberían escuchar mucho más a los niños y deberían, por encima de todo, dejarse de intereses personales o partidistas y convertirse en los adalides de sus ciudadanos, en personas a las que creer y en las que confiar.

Mientras el cien por cien de los niños responda que los políticos son villanos, yo lo siento, pero no me fiaré de ellos. Eso sí, me queda la esperanza de que ahora, que algo está cambiando aunque aún no sepamos qué es… los mismos políticos se replanteen este tipo de opiniones y se percaten de que tienen que cambiar mucho su manera de actuar y gobernar. Si no, con esa opinión infantil, el futuro será algo más oscuro.



3 de julio de 2015

Reivindico la lectura de tebeos como "lecturas recomendadas"


O cómics si eres muy moderno

El otro día me sucedió una cosa muy curiosa en la Feria del Libro de Madrid, mientras tenía la suerte de firmar en la caseta de una librería estupenda, la de Didacticalia. Un niño de unos 8 o 9 años, que iba acompañado de su hermano pequeño, se asomó a la caseta con curiosidad, no me pude resistir y le pregunté si le gustaba leer. Me miró con cara de higo. Tras él pudo escucharse una voz algo decepcionada, la de su madre, que decía “No, no le gusta leer, solo lee tebeos” (lo mismo dijo cómics, pero yo me voy a permitir hoy el uso de la palabra “tebeo”, que es una palabra entrañable y que me trae muy buenos recuerdos, espero que no os moleste a los amantes de las novelas gráficas o las historietas). Junto a la madre caminaba el padre, algo malhumorado por esa manía de su hijo por leer historias contadas a través de viñetas y bocadillos (esa fue la sensación que a mí me dio, por lo menos). Claro, yo, que soy un amante de los tebeos de toda la vida y que no sería lector hoy sin la existencia de Mortadelo, Filemón, Zipi, Zape, Sacarino, Rompetechos, Superlopez… y tantos y tantos amigos de mi infancia, no pude menos que animar a ese niño a que siguiese leyendo tebeos, siempre, porque los tebeos son una puerta abierta a otras lecturas. Muchos autores de hoy lo son precisamente por haber sido grandes lectores de tebeos (algunos lo seguimos siendo ahora mismo).


Y después de esta mini aventura con un pequeño devorador de tebeos que me cayó la mar de bien, después de que la madre de mi nuevo colega mirase a su marido con esa mirada de “¿ves?, si ya te decía yo…”, después de que la cara de higo se convirtiese en un gesto de sorpresa, me decidí por fin a escribir este artículo que lleva rondando por mi cabeza algunos meses, el que habla de la necesidad de que los tebeos se aprovechen en los colegios (e institutos) como lectura recomendada.

A nadie se le escapa ya (espero) que los tebeos son Literatura con mayúsculas, quizá no todos y quizá con algunas restricciones en ciertos casos, pero en una sociedad que empieza a averiguar (por fin) que, lo mismo, recomendar clásicos de siempre no es la mejor manera de hacer lectores y que, puede, leyendo historias divertidas y que nos gustan es más fácil que leamos un libro completo en vez de buscar resúmenes por internet, creo que se hace necesario también el hecho de recomendar a los responsables de que los niños lean eso de recomendar buenos y divertidos tebeos. 

Hay quien mira al tebeo de reojo, pensando que es una lectura menor o que no contiene los valores básicos de la buena literatura… bueno, a todas esas personas les enseñaría un par de docenas de grandes joyas literarias del mundo del tebeo y les preguntaría si en Ciencias se empieza enseñando Ingeniería Molecular o lo que se hace es mostrar lo que es una molécula… lo mismo ocurre con la buena literatura, para que un niño llegue (de mayor) a leer obras universales y lecturas tan apasionantes e impresionantes como esas que ahora todos tenéis en mente en este momento (cada uno tendrá las suyas, por lo que me abstengo de añadir ninguna), ha tenido que forjar su gusto lector a través de toda una suerte de lecturas más básicas y divertidas que, lejos de ahuyentarle del mundo de la lectura, le hayan convertido en un lector apasionado que disfruta cuando lo hace. No podemos olvidar que la lectura es un modo de ocupar nuestro momento de ocio, de disfrutar con nuestro tiempo libre, si no disfrutamos cuando lo hacemos… ¿cómo nos vamos a poner a leer con la de cosas que hacen que nos lo pasemos bien?

...



2 de julio de 2015

A la pesca del lector



Hubo un tiempo en el que eso de ser escritor se limitaba a poner negro sobre blanco aquellas ideas o pensamientos que uno quería contar por uno u otro motivo, quizá a recorrer el mundo sin abandonar su casa o hacer volar la imaginación de todos aquellos que se acercaban a sus escritos. Hoy ya no se trata de un trabajo “tan simple”. Un escritor no se dedica solo a escribir, además tiene la obligación y el trabajo añadido de captar lectores, de hacer seguidores y de conseguir que el porcentaje que se lleva de cada ejemplar vendido sea lo más abultado posible y le sirva para algo más que para pagarse un bocata de tanto en tanto (mucho más no se pide en este negocio, no creáis), algo que solo logrará si vende muchos ejemplares, por supuesto.

Una de las citas en las que este trabajo adicional se ve mejor reflejado y con mayor significado es una Feria del Libro cualquiera, donde los autores hacen casi de todo con tal de firmar un ejemplar y conseguir un nuevo lector para su causa. En un país como este en el que se publican decenas de libros cada semana se hace muy complicado el destacar por encima del resto y si no eres un autor procedente de la televisión, internet o alguna revista del corazón… si no eres uno de los cuatro o cinco nombres que viven solo de la venta de sus libros dará igual el nombre o la calidad literaria que tengas, estarás abocado a añadirte a la larga lista de los autores en busca de lector y eso de la Feria del Libro se convertirá en el mejor escaparate para sumar algunos lectores tu porcentaje personal. Esto no es malo, yo creo que es incluso divertido, pero sí que nos lleva a situaciones tan curiosas como la que los autores nos convirtamos en algo así como libreros y sumemos así un epígrafe imaginario más a nuestro listado de trabajos necesarios para podernos llamar escritores.

Y es que un escritor es un poco publicista, algo librero, mucho de comercial, una pizca de animador cultural… en fin, son muchos los trabajos requeridos para que uno de tus libros llegue a manos de un lector. Si luego encima lo compra, tienes la suerte de que lo lea y llegas a gustar con lo escrito… habrás triunfado.

Yo no me quejo, con un libro publicado hace escasos tres meses y con una primera vez en esta fiesta librera y social que es la Feria del Libro de Madrid, me siento como un niño con videojuego nuevo y estoy disfrutando mucho de la cita. Cada uno de los días que he ido lo he pasado mejor y lo he pasado muy bien con cada conversación con los curiosos que se acercan a la caseta, muchas veces para conocer el precio de un libro cualquiera o saber si en esta caseta hay un ejemplar del libro que quieren y no han encontrado en otra. Sé de autores que lejos de disfrutarla, llegan a aborrecerla hasta el extremo y deben fingir sonrisas y simpatías para, en ocasiones, encontrarse con el descaro de algunas personas que pretenden conocerles. Algunos ni siquiera van, alegando motivos varios, pero creo que es una fiesta en la que se debe estar si se puede.

La Feria del Libro es un punto de encuentro singular. Lo mismo te topas con una fila larguísima de personas que quieren recibir la firma y el recuerdo de un muñeco de peluche bajo el que se está cociendo una chica o un chico anónimo que ni siquiera sabe qué personaje encarna, que momentos tan extraños como ver en una misma caseta ferial a un grandísimo autor a quien nadie siquiera mira o saluda junto al que se hincha a firmar una criatura televisiva o “youtubetera”, el nuevo filón comercial con el que se han topado las editoriales. Sin duda, la cita merecería un estudio social amplio del que podríamos extraer un buen puñado de conclusiones sobre quiénes somos en conjunto… y creo que muchas serían negativas, además, pero por lo general, yo creo que es uno de esos eventos a los que hay que ir si eres un apasionado del mundo de los libros. Es agotador, pero es fantástico estar por allí entre la lista de autores invitados.

“Tienes que ser algo vendedor, charlar con todo el que se acerque si es posible y tener mucho desparpajo”, más o menos estas fueron las palabras de uno de los primeros libreros que me acogió en una de estas casetas abarrotadas durante la Feria, porque no todas tienen la suerte de estarlo, pero las de literatura infantil y juvenil es raro que no estén llenas en todo momento. Y la verdad es que tengo que decir que me lo tomé al pie de la letra. Charlé, recomendé, sonreí… y lo mejor de todo, disfruté y hasta tuve la suerte de hacerme con algunos nuevos lectores de Sir Wilfredo. 

Yo me lo he pasado muy bien en la Feria, es una de las primeras ocasiones en las que estoy al otro lado y la he disfrutado al máximo. He tenido la suerte de compartir momentos con algunos de los libreros infantiles y juveniles más importantes de Madrid, he conocido a nuevos lectores, he convencido a familias dubitativas y me he topado con muchos amigos escritores, ilustradores, editores y libreros que  ponían su mejor cara y su mejor imagen para intentar que esta 74ª Edición de la Feria del Libro de Madrid sea una gran cita económica y comercial, porque la venta de libros es una de las industrias más importantes de nuestro país y esta es una de las citas en las que editoriales, libreros y autores logran que sus ventas crezcan lo suficiente como para mantenerse, por lo menos hasta que llegue la próxima gran cita librera, el inicio de curso.

Es cierto, ser escritor es mucho más que juntar palabras. Y yo que me alegro, vaya.