17 de enero de 2016

La Fiesta de los Quintos sigue creciendo en Navas del Rey


Las Ramas, una fiesta que cada día despierta más ilusión entre los pequeños "caseros"

Hace años que vivo en Navas del Rey y muchos más desde que la pisé por primera vez. Siempre había escuchado hablar de su famosa Fiesta de las Ramas (o de los Quintos), una fiesta que a mí, ahora que ya no hay Mili (yo sí que la hice) me parecía algo caduco y poco útil para la vida social de un municipio moderno, algo que tarde o temprano estaba condenado a desaparecer poco a poco, a convertirse en un recuerdo de los más mayores. La imagen que siempre había tenido de los Quintos era la de chavales que acababan de llegar a la mayoría de edad bebiendo como locos, tirando petardos, cortando árboles sin sentido y pintando las calles de su pueblo… vamos, una locura de desfase y desenfreno permitido por las autoridades que no podía persistir, que se acabaría desgastando con el paso del tiempo. Hoy tengo una idea muy diferente del significado de una fiesta capaz de aglutinar a la mayor parte de los vecinos de un pueblo en un único cometido y de poner de acuerdo a una inmensa mayoría.

No me he convencido de esto por haber estado de fiesta con los Quintos o por tener algún familiar involucrado en ella, ni siquiera por habérmelo pasado muy bien este año o haber investigado algo más sobre sus raíces históricas. No, me he convencido de la trascendencia que tiene al ver cómo la miran los más pequeños de Navas del Rey y cómo se disfruta de ella en compañía de cualquiera que tengas a tu lado sin importar quién sea, cómo convierte otras fiestas tradicionales en elementos que se pueden desechar en pos del disfrute máximo de este ritual casi sagrado por el que todos los niños del municipio quieren pasar cuando sean mayores y que se admira desde la más tierna infancia.

Porque creo que ese es el secreto de la tradición de Las Ramas, es un ritual trascendente, de paso, una iniciación hacia la edad adulta, una despedida en compañía de todos los que te quieren y te rodean en el día a día de la niñez para entrar en un periodo de la vida totalmente diferente y al que se llega mejor con una sonrisa (y quizá con una buena resaca) que con dudas y temores. 

He visto más ilusión en la mirada de los niños al ver esos camiones repletos de ramas dispuestas a ser quemadas en la última noche del año que en la llegada de sus majestades los Reyes Magos (y no exagero nada). Este año no ha habido bueyes, pero cuando los hay es también un regreso a ese pasado de dónde venimos y que no deberíamos olvidar. Es una fiesta colectiva en la que todo el pueblo quiere participar (al menos en su inmensa mayoría) y en la que no falta todo lo que hace que un municipio se una en un hecho trascendente para su futuro. Un enclave en el que los mayores muestran el camino a los jóvenes y estos se reflejan en las pupilas de los niños como algo que quieren llegar a conseguir. Los Quintos o las Ramas es una tradición que, al menos en Navas del Rey, pervivirá durante mucho tiempo, se ha colado muy profundamente en las raíces del municipio mismo, en los corazones de todos aquellos que viven en él su niñez y en el recuerdo de los que la vemos desde fuera porque no la hemos vivido en nuestras propias carnes, pero la disfrutamos viendo la felicidad y la entrega de aquellos que la han mamado desde la niñez y la aman como la mayor fiesta de su propio pueblo.

PD. "Caseros/as" es el gentilicio de aquellos que viven en Navas del Rey, cuyo nombre era antaño Las Casas.