3 de abril de 2016

Bruce Willis debería hacer de Cervantes


Cervantes, un antihéroe de acción

Estoy convencido, si Miguel de Cervantes fuese anglosajón sería protagonista de varias películas de aventuras y de acción, de hecho, creo que Bruce Willis sería un excelente actor para hacer de él. Los personajes de Willis tienen siempre un aire de perdedor, de persona que sigue adelante a pesar de todos los golpes que se lleva, que continúa afrontando lo que venga con estoicismo y con tesón. Un tipo que se lleva todas las bofetadas del mundo y que sigue poniendo la cara, aunque de paso suelte él mismo algún golpe y que, de pura constancia, termina estando en todas partes… pues bien, a mí, el bueno de Cervantes me recuerda a algunos personajes de Willis, o viceversa, pero el creador del Quijote es español, así que, tiene poco reconocimiento y pocos homenajes, aunque para ser de este singular país llamado España, tiene bastantes, eso también es verdad.

Tiene algo extraño este rincón del mundo que parece esconder a sus celebridades, ahogarlas tras risas y jolgorios, tras fiestas y tradiciones más o menos populares, tras un velo de día a día que oculta lo mejor que hemos dado. Científicos, escritores, aventureros, pintores, músicos… tenemos tanta categoría en nuestros protagonistas que deberíamos de tener una mitología propia, un Olimpo nacional, una multitud de héroes idealizados y aprovechados todo lo posible, pero no somos anglosajones, no sabemos utilizar la prensa y la fama para elevar nuestro “producto nacional”, solo para tirarnos los trastos los unos a los otros y para podernos pelear a gusto con nosotros mismos. El otro día escuchaba hablar de Marcelino Saez de Sautola, el primer investigador que habló en todo el mundo del arte paleolítico, alguien que fue insultado, ninguneado y aborrecido por sus vecinos, por la propia Ciencia y, por supuesto, por la Iglesia, que no podía admitir que el hombre antiguo fuese capaz de soñar y de crear. Años después se demostró que Sautola tenía razón, los científicos franceses así lo reconocieron (y para que un francés reconozca un error…). Debería haber sido convertido en un héroe nacional, en toda una celebridad, aunque fuese después de fallecido… ¿quién en toda España conoce a este hombre?, ¿cuántas calles, plazas o centros educativos llevan su nombre?, ¿quién sabe que la primera persona en todo el mundo que habló de un arte rupestre era español?

La figura de perdedor 
que adopta casi siempre 
Willis sería ideal para 
afrontar el papel de Cervantes

A Cervantes le pasa algo parecido. De hecho, si por los españoles fuese, su obra no habría pasado de ser una comedia burlona y repleta de divertimentos. Aquí tuvo mucho éxito nada más ser publicada, es cierto, pero como objeto de mofa y de risa. De disfraz y de juerga (eso de la charanga y la pandereta no es una afirmación gratuita) Tuvieron que ser los ingleses, una vez más, los que le diesen la importancia que merecía la primera novela moderna de la historia. Nosotros no supimos apreciar en vida a Cervantes y tuvo que ser ya Benito Pérez Galdós (Siglo XIX) quien convirtiese nuestra novela más universal en un elemento importante dentro de nuestra literatura… cuando ya gozaba de ese prestigio en buena parte del mundo. Somos curiosos los españoles, ¿verdad?

Pero me desvío del tema, ¿por qué digo que Cervantes podría ser un fantástico antihéroe y que podría ser llevado al cine por Bruce Willis (por ejemplo)? Porque su vida es una continua aventura o una continua desventura. Es una pena que sepamos tan poco de quién fue Cervantes. He hecho la prueba, no hablo de oídas, he preguntado qué sabemos de él y las respuestas siempre afirman saber que fue el autor de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, alguno se atreve a hablar de Lepanto y de que él era manco (pocos saben que en realidad solo tenía la mano izquierda inservible). Muy pocos me han hablado de “La Galatea” o de “Las Novelas Ejemplares” o de las obras que escribió para el teatro… y nadie o casi nadie me ha hablado de lo mejor de Cervantes, de sus aventuras, de su propia vida

España no es un país 
que cuide a sus grandes 
figuras o que alabe sus 
propias hazañas

Y es que este hombre no tuvo que inventar mucho para escribir su obra cumbre porque había visto, escuchado y vivido casi todo lo que cuenta. Él mismo fue un Quijote, un hombre que creía en la patria, en los valores de ser español, en una manera de hacer las cosas… y que se llevó tantos palos por ello como el propio Alonso Quijano, tantos que acabó siendo más Sancho Panza y se dejó llevar por la corriente de los tiempos. Huido de España de joven cuando era un valor afianzado para entrar en la Corte como poeta, amante de la escritura de Garcilaso de la Vega, soldado de asalto, héroe en la Batalla de Lepanto, de la que se llevó tres disparos de arcabuz y una mano inservible, preso en Árgel durante cinco años con cuatro intentos de huida y sus consiguientes penas de muerte conmutadas, recaudador de cosechas para la Armada Invencible, marido de una mujer de posibles en Esquivias con la que apenas convivió, amante de mujeres, vinos y viajes, gran conversador, preso en la España del Siglo XVII, quizá el primer autor pirateado de la historia… hay quien dice que incluso instigador del derrocamiento fracasado de Felipe II. En fin, solo son pinceladas de una vida repleta de aventuras y de grandes odiseas dignas de centenares de novelas o grandes películas de aventuras.

Haced una pequeña prueba, 
¿Cuántas películas conocéis
sobre Miguel de Cervantes?

Nosotros tenemos que conformarnos, al menos por el momento, con una estupenda serie de 1981 avalada por el Premio Nobel Camilo José Cela, algún guiño cinematográfico o ese pequeño regalo que nos ofreció la serie “El Ministerio del Tiempo” en su capítulo “Tiempo de Hidalgos” donde, quizá por primera vez, pudimos ver a un Cervantes humano y un tanto alejado de su propia creación, esa que ha devorado una fama que Cervantes buscó durante toda su vida (quizá ante la envidia que tenía de Lope de Vega) y que encontró tiempo después de su muerte, aunque pocos sepamos en realidad quién fue ese hombre que adoptó el apellido de un primo lejano para pasar a la posteridad y ser recordado para siempre como Miguel de Cervantes Saavedra.