25 de julio de 2016

La Curiosidad de la Nigromante


La Criatura se lanzó hacia ella. Pudo esquivarla por unas décimas de segundo. Supo que no tendría la misma suerte en una segunda oportunidad. Tenía que hacer algo si quería sobrevivir. Luchar... ¿cómo se iba a enfrentar con un ser semejante? Debía estar loca cuando pensó que era buena idea atravesar el Portal. Estaba muerta. Lo sabía. Ni siquiera ella debería haber hollado el Abismo. Era una imprudencia, una auténtica locura. Conocía la teoría de cuanto pasaba en este lado de la Creación, pero estar allí en realidad era algo muy diferente. Lo sabía. Sabía que cada plano tenía unas reglas. Y unos custodios. Estaba en el plano más bajo de la existencia. Había creído que su poder sería incontenible allí. Y lo era. Pero no había contado con la presencia de un Digaón. Un Demonio del Abismo.

Un destello oscuro en los ojos del monstruo le indicó que todo estaba sentenciado. Estaba perdida. Actuó por puro instinto. Fue como si el pánico le regalase la velocidad adecuada y necesaria. Solo tenía una meta: sobrevivir. No importaba el cómo. La Nigromante sudaba y temblaba cuando invocó al Leviatán. Al demonio más temible. Al mismísimo señor del Infierno. Y lo hizo un instante antes de ser ella misma devorada por una bestia infernal. El Diagón la miró con extrañeza e incredulidad. Después desapareció en un torbellino de luz y sangre. Un estertor infinito azotó los oídos de la mujer. Sus oídos sangraban. Las piernas no pudieron sostenerla. Y entonces lo vio. Contempló al demonio que ella mismo había despertado. Y supo que no solo ella estaba en peligro. Lo estaba toda la Existencia.

Intentó romper el lazo, desbaratar el vínculo que la uniría desde ese preciso instante al Diablo durante toda la eternidad. No pudo. Había roto el Juramento. Había ido más lejos de lo que debería... no había nada que pudiera hacerse. Mantuvo su poder apenas un segundo más antes de caer en el pozo infinito y formar parte de la Colectividad que sufría en el interior de la bestia. Al atravesar el Portal de regreso ya no era la Nigromante, era un ser diferente. Sus siervos no lo supieron hasta que los devoró uno a uno, lenta y dolorosamente. Después, lo que quedaba del rostro de la mujer esbozó una sonrisa. Tenía un mundo a su disposición. Y ya no existía un Portal capaz de enviarle de vuelta al Abismo...