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"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

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La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

15 de febrero de 2016

María y el terrible Pelo Morado


Un día, sin previo aviso, el pelo de algunos niños y niñas se empezó a poner morado. Nadie sabía por qué pasaba ni cómo podía curarse, pero cada día aparecían más niñas y niños con el pelo morado y con la mirada triste, porque cuando se te ponía el pelo morado significaba que estabas muy enfermo y que todas las personas que estaba a tu alrededor se pondrían muy tristes y que, seguramente, muy pronto tuvieses que ingresar en un hospital y estar muy triste y cansado hasta que alguien consiguiese dar con el modo de quitarte el color morado del pelo… o el pelo entero.

Fueron muchos los médicos que investigaron sobre el asunto, porque parecía inexplicable el porqué ocurría algo así, ¿cómo podía ser que las células del cuerpo cambiasen de pronto de idea y pusieran los pelos rubios, morenos, castaños o pelirrojos en pelos morados? ¿Por qué eso hacía que los niños enfermasen y tuviesen que ser hospitalizados? Nadie era capaz de dar con la solución, pero los médicos e investigadores intentaban encontrar el modo ya no solo de conseguir que el pelo de los niños y de las niñas volviese a ser como lo era siempre, sino el de saber por qué narices pasaba eso. Pero el dinero que los médicos tenían para investigar era limitado y tenían además otros enfermos, enfermedades y asuntos que investigar y resolver, así que, aunque había muchas personas intentándolo todo, los esfuerzos aún no habían dado resultado del todo.

María se despertó un día con el pelo morado. Primero se sorprendió mucho y pensó que estaba soñando o que alguno de sus dos hermanos le había gastado una broma pesada, pero poco a poco se dio cuenta de que ni dormía ni soñaba no había broma de por medio y se puso muy triste. ¡Tenía el pelo morado! Y sabía muy bien lo que eso significaba, porque se lo había contado su profe Matías, el de Sociales, que era su profesor favorito de todo el colegio y de todo 3º de primaria.

Al llegar a la cocina sus dos hermanos mayores empezaron a llorar al ver su pelo y su padre a gritar como alguien muy triste y enfadado. Tan asustado y enfadado estaba que tiró un jarrón al suelo que se rompió en mil pedazos y provocó que la propia María, que aún no lo había hecho, se pusiese a llorar. Solo su madre se acordó de abrazar, besar y sonreír a María y de decirle que no pasaba nada, que iban a encontrar el modo de hacer que su pelo volviese a ser tan rubio como siempre y que si sonreía sería mucho más fácil el conseguirlo. Porque la sonrisa –le recordó su madre- es una de las mejores medicinas del mundo.

Aunque a María le parecía que sonreír no iba a servirle de mucho lo hizo, porque era una niña muy risueña, porque creía siempre todo lo que le decía su madre (bueno, menos cuando decía que las verduras estaban muy ricas) y porque era muy feliz. Tenía una familia que la quería, una casa preciosa, unos amigos geniales y unas ganas gigantes de ver todo el mundo (de mayor quería ser escritora de ciudades, vamos, que iría de visita a una ciudad y después le dedicaría un libro). Ahora María, con su pelo morado, no sabía si podría cumplir sus sueños…

Sus padres la llevaron al médico y el médico de María se puso a investigar (decían que era uno de los mejores de toda España) mientras María seguía yendo al colegio e intentaba que su vida fuese lo más normal posible, de momento no estaba tan enferma como para ingresar en el hospital pero, como le dijo el médico, solo era cuestión de tiempo. Aun así, María siguió sonriendo y su madre tenía razón, cada vez que sonreía se encontraba mucho mejor.

Pero el médico llamó un día a sus padres para darles una mala noticia, ya no podría investigar más el caso de María, se había gastado en ella todo el dinero del hospital y no podría seguir haciéndolo como hasta entonces, lo que era una mala suerte porque estaba muy cerca de poder saber cómo curar el pelo morado de María y, claro, de todos los otros niños con ese problema.

Ese día María, a quien sus padres le contaban todo lo referente a su enfermedad, fue muy triste al colegio… y se llevó una grandísima sorpresa: sus amigos de clase, todos ellos, incluso el profe Marías, se habían puesto pelucas moradas para darle los buenos días. Así, sin más. Aquel día la sonrisa de María fue tan, tan grande, que su profe decidió saltarse la clase y jugar con sus alumnos a ver cuál de todos era capaz de sonreír con más ganas en el parque que había junto al colegio.

El resto de profesores, al ver a tantas personas con el pelo morado corriendo y jugando en el parque se asomaron a las ventanas, después lo hicieron sus alumnos y poco a poco todas las personas que pasaban por allí. El director salió del colegio muy enfadado al reconocer al profe Matías boca abajo en el columpio. Iba a regañarle y lo mismo le despedía. Pero cuando iba a abrir la boca vio la sonrisa de María y escuchó lo que decía Matías y supo lo que pensaban sus compañeros… y tomó una decisión. El colegio entero iba a bajar al parque a jugar con María, a sonreír. Esa tarde fue la mejor que María estuvo de salud en muchos meses.

Y a la mañana siguiente todo el pueblo se puso pelucas moradas y salió al parque a jugar, a divertirse y a sonreír. Y sin saber cómo alguien decidió dejar algo de dinero en una hucha y otros le imitaron y muchos, muchos más lo siguieron haciendo… y salió en las noticias y en todo el mundo se empezaron a poner huchas con sonrisas y dinero para ayudar a todos los niños que tenían el pelo morado, en especial a María.

Y un día, cuando ya llevaba algunas semanas ingresada en el hospital, a María le dijo su médico que había dado con la solución, que podría quitarle el pelo morado, a ella y a todos los niños del mundo. María se asustó un poco, porque iba a ser la primera en probar esa solución encontrada por su médico, pero sonrió, recordó las sonrisas de quienes la rodeaban y se hizo tan fuerte que hizo sonreír al propio médico. 

Dicen que María volvió a tener el pelo tan largo y rubio como lo tenía antes de que se le pusiese morado, que se hizo una escritora famosa que recorrió el mundo entero y que ayudó a muchos otros niños a que sonriesen y a que su pelo dejase de ser morado pero ¿sabéis qué? Eso ocurrió en otro momento, en otra historia, en otro cuento y quizá, solo quizá, algún día alguien os lo cuente.


8 de febrero de 2016

Las librerías especializadas, enclaves capaces de difundir, emocionar y divertir al mismo tiempo


En estos tiempos de zozobra económica, las pequeñas librerías de barrio se han convertido en auténticos centros culturales capaces de dinamizar su entorno cultural a través de actividades periódicas u ocasionales. La librería dejó hace mucho tiempo de ser solo un lugar en el que comprar un libro.

Javier Fernández Jiménez. Es curioso, la Literatura Infantil y Juvenil es uno de los pilares sobre los que se sustenta el negocio editorial en nuestro país, aunque muy pocas personas la tengan demasiado en cuenta. En España el número de lectores diarios no llega al 30 % y las compras en libros no paran de descender, pero la Infantil y Juvenil es un rayo de esperanza que mantiene vivas las ilusiones y los trabajos de muchísimas personas dedicadas al mundo del libro. Y sin embargo, salvo honrosas excepciones (habitualmente ubicadas en fechas muy señaladas y puntuales), esta literatura es de una invisibilidad mediática que abruma. Ni la televisión ni las radios ni tampoco los periódicos le dedican el mínimo espacio diario (o cuanto menos semanal) que se merecería y así muy es complicado desenvolverse correctamente a la hora de seleccionar una buena lectura.

Es cierto, existen múltiples revistas digitales, blogs de toda clase y condición e incluso decenas de booktubers que podrían hacer las veces de guías y consejeros de un mundo cada día más complejo y completo, pero aún hay muchas personas que o bien desconfían de los medios digitales o bien apenas conocen cómo encontrar fuentes fiables. Y en medio de todo este ninguneo mediático, riqueza editorial, títulos cada vez más difíciles de recordar y autores apenas visibles fuera de un entorno muy concreto existen auténticos faros de la literatura infantil y juvenil: las librerías especializadas.

Y es que estas librerías se han convertido en puntos de información eficaz y segura con la que no naufragaremos nunca más. Las personas que gestionan cada uno de estos centros de diversión e información son verdaderas bases de datos capaces de dar con el título, el autor y el tipo de género adecuados para cada ocasión, así como de dar una serie de pautas y consejos para que nuestros hijos sean cada vez mejores y más ávidos lectores.

Y no solo eso, las librerías de barrio, los pequeños enclaves en los que se refugian los libros en una sociedad que parece mirarles de soslayo desde la atalaya representada por el mundo digital se han convertido además en puntos de difusión y dinamización cultural. Las librerías dejaron hace ya mucho tiempo de ser únicamente negocios en los que se compran y venden libros, son auténticos Centros Culturales. En una sociedad en crisis, en la que los estamentos institucionales han visto cómo menguaban desde los presupuestos hasta las actividades más básicas, las librerías han llegado a convertirse en rincones capaces de suplir la falta de actividad en bibliotecas, centros cívicos o casas culturales. Talleres, encuentros con autores, cuentacuentos, concursos literarios… no hay más que acercarse a una librería cualquiera para ver la inmensa cantidad de elementos atrayentes y de fomento de la lectura que ponen en marcha periódicamente. Ir a una librería, aunque no vayas a comprar un libro, se ha convertido para muchos niños en una rutina más de su semana. Una rutina en la que siempre encuentran elementos interesantes, buenos momentos en compañía de personas estupendas y algo que parece fundamental en la difusión lectora, la sensación de que leer, de que acercarse a un libro cualquiera, es muy divertido y emocionante.

La literatura es grande y acompañada de las pequeñas librerías, gigante.



Artículo publicado en el Nº 6 de Diábolo Magazine - Enero 2016, acompañando a un reportaje sobre algunas de las librerías infantiles y juveniles de Madrid: El Dragón Lector, Kirikú y la Bruja, Didacticalia, Liberespacio, Lita Hormiguita, Luna Lunera y Reino de Bután.