#MalditaGuerra

Porque la Guerra es una mierda, se mire como se mire

"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

Microrrelatos en 3 Capítulos

Disfruta de más de cien historias cortas

La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

28 de julio de 2016

El Sol enamorado


Te he visto socorrer a los poetas,
engrandecer los sueños de los locos,
inspirar amores inauditos
y tejer con tu plata los desastres más hermosos.

He presenciado tu entereza
al otear maravillas o desastres
y tu menguar obstinado cuando he pretendido darte alcance.

Te he visto nacer y morir en tantas vidas
que seré incapaz de recordarlas
pero nunca olvidaré, amada mía, esta pasión con que me embriagas.

27 de julio de 2016

Recitando dos poemas de Pablo Neruda


Creo que debo ser el último de los recitadores en acercarme a Pablo Neruda e incluso de publicar por aquí algunas de las cosas que recito. Hoy vengo con dos poemas, dos poemas pertenecientes a uno de los libros más leídos de todo el mundo, "20 poemas de amor y 1 canción desesperada".

Una amiga de Castillos en el Aire, Loli Pages, me comentó que, lo mismo, estaba bien que recitase a Neruda en alguna ocasión y yo... que soy un chico fácil, pues eso, que aquí tenéis dos de los poemas más famosos de la historia de la literatura.

Espero que os gusten.





25 de julio de 2016

La Curiosidad de la Nigromante


La Criatura se lanzó hacia ella. Pudo esquivarla por unas décimas de segundo. Supo que no tendría la misma suerte en una segunda oportunidad. Tenía que hacer algo si quería sobrevivir. Luchar... ¿cómo se iba a enfrentar con un ser semejante? Debía estar loca cuando pensó que era buena idea atravesar el Portal. Estaba muerta. Lo sabía. Ni siquiera ella debería haber hollado el Abismo. Era una imprudencia, una auténtica locura. Conocía la teoría de cuanto pasaba en este lado de la Creación, pero estar allí en realidad era algo muy diferente. Lo sabía. Sabía que cada plano tenía unas reglas. Y unos custodios. Estaba en el plano más bajo de la existencia. Había creído que su poder sería incontenible allí. Y lo era. Pero no había contado con la presencia de un Digaón. Un Demonio del Abismo.

Un destello oscuro en los ojos del monstruo le indicó que todo estaba sentenciado. Estaba perdida. Actuó por puro instinto. Fue como si el pánico le regalase la velocidad adecuada y necesaria. Solo tenía una meta: sobrevivir. No importaba el cómo. La Nigromante sudaba y temblaba cuando invocó al Leviatán. Al demonio más temible. Al mismísimo señor del Infierno. Y lo hizo un instante antes de ser ella misma devorada por una bestia infernal. El Diagón la miró con extrañeza e incredulidad. Después desapareció en un torbellino de luz y sangre. Un estertor infinito azotó los oídos de la mujer. Sus oídos sangraban. Las piernas no pudieron sostenerla. Y entonces lo vio. Contempló al demonio que ella mismo había despertado. Y supo que no solo ella estaba en peligro. Lo estaba toda la Existencia.

Intentó romper el lazo, desbaratar el vínculo que la uniría desde ese preciso instante al Diablo durante toda la eternidad. No pudo. Había roto el Juramento. Había ido más lejos de lo que debería... no había nada que pudiera hacerse. Mantuvo su poder apenas un segundo más antes de caer en el pozo infinito y formar parte de la Colectividad que sufría en el interior de la bestia. Al atravesar el Portal de regreso ya no era la Nigromante, era un ser diferente. Sus siervos no lo supieron hasta que los devoró uno a uno, lenta y dolorosamente. Después, lo que quedaba del rostro de la mujer esbozó una sonrisa. Tenía un mundo a su disposición. Y ya no existía un Portal capaz de enviarle de vuelta al Abismo...

13 de julio de 2016

Zombis y Sangre


Sangre. Cuando uno piensa en zombis piensa habitualmente en sangre. Pero no he visto ni una gota de sangre desde que empezó esta noche infinita. Puede que haya tenido suerte… o puede que haya olvidado aquello que me hace humano. No he visto sangre, pero sé que se ha derramado. Sé que las calles han sido regadas con la vida de cientos de personas. Supe que estábamos condenados en el mismo momento en el que vi al primero de ellos. Por eso no he visto la sangre, por eso me escondí entre estos barrotes. Por eso evito cualquier contacto con el exterior. Nadie ha entrado aquí. Nadie ha salido. No he visto la sangre. Zombis. Son asquerosos. Películas, libros, pesadillas. Sé lo que son. Por eso he sobrevivido. Por eso no he visto la sangre. Los colgué. Colgué a los que estaban aquí antes. Estaban preparados. Tenían víveres, agua y energía. Para años. Pero yo lo sabía. Tarde o temprano serían zombis. Todos. Por eso me adelanté. Por eso estoy solo. Por eso no veré la sangre. Una cuchilla rasgará la piel de mis muñecas. Me la dejará ver, por fin. Es llamativa y hermosa, la sangre.

Me entrevistan en LIBRIPEDIA

¡Qué duro es responder a una entrevista!

Mi amigo Guillermo de los Mozos ha puesto a trabajar a todo su equipo para preparar una completa entrevista sobre mí... ¿qué os parece? Yo os la dejo por aquí para que la disfrutéis (o la sufráis, nunca se sabe). Gracias Guille y gracias Libripedia.

Parece fácil, pero no lo es en absoluto, no creáis. Estar al otro lado de la pregunta... pues eso, que no es lo mío.

Podéis llegar hasta la entrevista PINCHANDO AQUÍ

La última presa


Kaly se encogió tras las raíces. La noche y la niebla eran sus aliadas. Lo tenía todo previsto. La presa era fácil y estaba dormida. No sería un problema. Un relámpago cruzó la noche y un fugaz pensamiento le hizo medir el abandono de la caza. Lo desechó. Tenían que cazar para sobrevivir, hacía muchas noches que nadie atravesaba el yermo. Tenían que cazar o morirían todos. Sus músculos se endurecieron y sus ojos brillaron con el fulgor de la decisión. A su orden muda se precipitó la caza...

La Manada se lanzó sobre la presa. Una tormenta de pelajes blancos y azules. Desde su escondite Kaly contempló orgullosa el preciso movimiento de sus hijos. La Manada era una magnífica máquina de matar. Esa noche comerían. Esa noche todo cambiaría para ellos. Matarían, comerían y abandonarían el yermo para siempre. Por fin podrían abandonar aquel lugar. Por fin el círculo se cerraría. Mil vidas. Eso era lo que había exigido Krashiak, el Guardián del Yermo, mil almas para que la Manada pudiese abandonar aquel lugar infestado de muerte y abandono. Esa noche, tras décadas de lucha, abatirían a su presa número mil. Kaly las llevaba anotadas, cada una de ellas, en las retinas.

Un brillo plateado fue el primer indicio de que algo iba mal. La sangre y los aullidos lastimeros fueron lo siguiente. La gran loba, jefa de la más temible de las manadas vio cómo sus hijos morían uno a uno ante la criatura que habían elegido como presa. La lucha apenas duró unos segundos. La niebla y la noche se tornaron rojas en las pupilas de Kaly. Después no hubo noche, ni niebla, ni dolor, ni Muerte... solo existía Ella, la presunta presa, una criatura que nunca había habitado en el Yermo. Kaly nunca había visto a una mujer pero algo en lo más profundo de su ser le dijo que era, quizá, un ser tan peligroso o más que el propio Krashiak. La odió y amó al mismo tiempo. Deseó su muerte, pero a su vez su protección. Era extraño, jamás había sentido admiración por otro ser, por otra criatura de la Creación. La mujer desvió su mirada hasta cruzarla directamente con la de la loba, que se encogió un tanto instintivamente. La mujer pensaba en saltar hacia ella y matarla como a sus hijos, la medía con la mirada. Kaly había cazado durante toda su vida, sabía cuándo un depredador evaluaba a su presa antes de atacar. La mujer relajó su postura, hizo un gesto de asentimiento con la cabeza y se giró. Kaly deseó abalanzarse sobre ella, destruirla, devorarla, honrar la sangre y la piel despedazada de sus hijos... pero supo dos cosas, que no era rival para la mujer y que no era la última vez que vería aquellos ojos de fuego. Se marchó, lejos, en busca de la presa que la liberaría de las cadenas del Yermo, jurando que, algún día, ella y la mujer se reencontrarían, quizá en otro tiempo y lugar, pero con un resultado muy diferente...