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"La gran aventura de Sir Wilfredo - El asedio de las sombras"

Una novela para disfrutar de las princesas y de los caballeros.

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La importancia de las librerías

Artículo publicado en Diábolo Magazine

27 de noviembre de 2016

La niña de los cartones


La primera vez que Raúl se encontró con Belén ni siquiera se atrevió a mirarla. La niña estaba sentada en el bordillo de un portal que había justo frente al colegio al que iba, vestía una ropa muy sucia, tenía el pelo enmarañado y olía bastante mal. Desde la ventana de su clase, Raúl sí tuvo el valor suficiente como para otear a aquella niña tan extraña que se sentaba entre cartones y papeles. Al lado de la pequeña, que tendría más o menos 9 años, como él, descubrió la figura de un anciano con sombrero. Un señor muy, muy viejo con una barba larguísima que vestía una gabardina rota y deslucida.

Durante dos semanas Raúl pasó al lado de Belén sin atreverse a mirarla. No tenía el suficiente coraje como para hacerlo. Y eso que, cada día, cuando llegaba al colegio, se asomaba a la ventana y miraba a la niña fascinado y sorprendido por su presencia. No sabía por qué, pero se sentía profundamente atraído por aquella chica y, especialmente, por su historia, porque había algo de lo que Raúl estaba seguro, tras esas ropas rotas y tras esos cartones y papeles, más allá del pelo sucio y enmarañado o de la botella vacía del anciano, había una historia. Probablemente una historia triste.

Casi dos semanas después de haberla espiado por primera vez ocurrió algo inesperado, la niña miró hacia el colegio justo en el momento en el que el niño se asomaba. Y le vio. Vio que un niño se asomaba a la ventana y la miraba descaradamente. Raúl metió la cabeza de forma apresurada y trató de pasar la mañana como si nada hubiese pasado. Pero aquel día su vida cambió para siempre.

Y es que, al salir de clase se encontró con Belén cara a cara. Ella le miraba con sorpresa y con una infinita curiosidad. También parecía algo enfadada. Los ojos de la chica chispeaban con un fuego que habría sido capaz de hacer arder a Raúl, a quien las mejillas sí que le ardieron y el corazón le dio un vuelco cuando ella se plantó delante de su camino y le gritó que por qué la espiaba. No fue un primer encuentro muy agradable, la verdad, pero aquel fue el primer día que hablaron. Solo fue una especie de discusión de un solo sentido, solo eso, pero fue el principio de muchas cosas más. Como casi todas las cosas, algo tiene que empezar a ponerlas en marcha.

Algunas semanas después, cuando Belén se sentaba con Raúl en clase, tras muchas aventuras y muchas cosas que no cabrían en este cuento, la niña le contó quién era, de dónde venía y por qué llevaba tantos días viviendo en la calle, entre cartones, por fin le hizo partícipe de su secreto, de su Historia, pero ¿sabéis qué? Eso ocurrió en otro momento, en otra historia, en otro cuento y quizá, solo quizá, algún día alguien os lo cuente.

10 de noviembre de 2016

El capitán del equipo se vuelve a llevar a la chica


Pues hala. Ha ganado Trump. ¿Os ha sorprendido? A mí, desde luego, también. ¡Y mucho! Aunque… Quizá podamos unir este triunfo al del Brexit en el Reino Unido o al NO a la Paz elegido en Colombia… el caso es que hay quien empieza a pensar que la Democracia no funciona, que no puede ser que votemos tan mal, que nos equivocamos al hacerlo… ¿cómo puede ser, dicen muchos, que alguien manchado de corrupción siga ganando elecciones?, ¿por qué cae bien alguien que hace tanto mal?, ¿por qué se elige lo que se aleja tanto del sentido común?, ¿cómo puede ser el presidente del país más poderoso del mundo una persona que despierta tantos recelos y que parece tan poco… apto para ser presidente incluso de su comunidad de vecinos?

¿Es que nos hemos vuelto locos? ¿Es que la Democracia está fallando? Hay muchas personas que piensan que esto está ocurriendo... ¿no será la Educación lo que falla?

Es cierto que en el caso de estas elecciones de EEUU parece que no se ha votado a uno de los dos candidatos, sino en contra de uno de los dos… algo así como lo que pasó en España hace dos elecciones o incluso más… porque en España somos expertos en votar a la contra. Pero es evidente que algo pasa, en todo el mundo, para que esto vaya como va y para que ocurran estas cosas… hay quien habla de la crisis como motivo. Se habla del “Populismo” como un mal endémico… quizá es que la gente ya esté harta de que le vendan motos que no entienden… y, si por lo menos saben de qué les están hablando… pues eso. Cuando las cosas van mal y hay alguien que nos dice lo que queremos escuchar, aunque sea mentira y aunque vaya vestido de palabras y pensamientos soeces y chabacanos… pues nos convence. Casi entre en lo normal. La demagogia es muy fácil de utilizar en una sociedad idiotizada y poco crítica.

Lo mismo hay quien se ofende escuchando esto. Si es así, si te has ofendido, enhorabuena, perteneces al cada vez más escaso núcleo de población con capacidad de pensamiento crítico y de no tragar con cualquier cosa. Enhorabuena, te repito. Y, aun así, es una desgracia ser así en un mundo como este. En una sociedad conformista y especuladora. 

Adormilada tras toda una serie de informaciones diarias y circos continuos. Donald Trump, el nuevo presidente de los EEUU (si es que no impugna los resultados él mismo) es un personaje televisivo y cinematográfico, un “showman”, alguien que sabe llegar al gran público, un Silvio Berlusconi venido a más o un Jesús Gil venido a menos… porque don Jesús era mucho don Jesús… la televisión y el cine nos mantienen horas y horas pegados a sus diversas pantallas. Nos tienen hipnotizados. Nos llevan a dónde les apetece a través de las diversas mareas de opinión que quieren fomentar… y aunque los medios han querido cerrar las vías a Trump, han llegado demasiado tarde. Porque una amplia población estadounidense (especialmente en zonas rurales), quiere ser Trump, aspira a serlo.

Así que, en esta ocasión se han unido el Populismo y la Demagogia, con la televisión, con la simpatía ofrecida por un personaje que representa algunos de los valores que siempre hemos visto en los norteamericanos a través del cine y de la televisión… un tipo campechano, exitoso, con dinero… un triunfador. El típico capitán del equipo que se acuesta con todas las chicas casi sin pretenderlo, el que todo el mundo admira y adora, el que va siempre bien peinado y acapara todas las miradas y palmaditas en la espalda… Trump es el capitán del equipo. Estoy convencido de que muchos de los votantes de Trump querrían estar en su pellejo, poder ejercer su poder como quisiesen y cuando quisiesen…

En las películas el chico normal, el de "a pie" termina llevándose a la chica y el protagonismo... en la vida real (algo que también nos cuentan las películas) eso no es así, el Capitán del equipo sigue ganando la partida. Especialmente en las zonas rurales (que es la inmensa mayoría de Norteamérica)

La verdad, no sé de qué nos extrañamos. Ha ganado Trump… al menos este señor va de cara. Nos dice en todos los morros que quiere hacer lo que quiera y cuando quiera, que puede hacerlo porque tiene todo el dinero del mundo para hacerlo, porque es un ganador y porque tiene la simpatía de todos aquellos que quieren ser como él. Porque es el espíritu americano personificado, con torre propia incluida. Una persona que se jacta de ser capaz de disparar a alguien en la calle y que nadie le recrimine nada…

Desgraciadamente, amigos, este es el mundo que nos va a tocar vivir. Me gustaría haber tenido la oportunidad de conocer a algunos de los votantes de Trump y preguntarles por sus lecturas… en un mundo de lectores, de personas inquietas, de pensadores críticos… Donald Trump no tendría cabida más que en los shows televisivos que le gustan o en sus múltiples negocios. Nunca, jamás, en la política. Aunque, quién sabe, en un mundo así, quizá Hillary Clinton ni siquiera habría optado a la presidencia tampoco.

En la sociedad del twitt, del pensamiento rápido y superficial, no hay sitio para personas que piensen. Solo hay lugar para impulsos y deseos a corto plazo.

Ojalá no hayamos llegado aún al punto de no retorno. Ojalá…

Y dicho todo esto, nadie puede aún juzgar a Trump, una cosa es lo que se dice para denigrar al rival político o para llegar al gran público y otra diferente es gobernar de verdad. Veremos...