12 de enero de 2017

Ojalá que en Primaria no se lea lo mismo que se practica la Educación Física


El Gobierno quiere que se lea más en los colegios. O eso es lo que ha manifestado y, algunos, hemos leído en los periódicos, el Secretario de Estado de Cultura, Fernando Benzo. Y enfatizo la palabra “ALGUNOS” porque, según un informe confeccionado por la Federación de Gremios de Editores de España, cuatro de cada diez españoles apenas leen nada.

“La lectura en España”, ese es el nombre del informe que ha impulsado una noticia que se repite en nuestros medios de comunicación y en nuestras redes sociales. Ya sabéis, una repetición de imágenes y de titulares que solemos ver de pasada y sin profundizar demasiado. Un estudio que ha conseguido que el secretario de Estado pronuncie una frase muy llamativa, pero poco halagüeña, un titular, que se dice, pretende que se “iguale el tiempo dedicado a la lectura en los colegios con el que se dedica a la práctica de la Educación Física”… lo que querrá decir, muy poco. Porque la Educación Física tiene un horario muy escaso en la primaria, de hecho, la media es de 53 horas anuales en España, vamos, entre un 3 y un 6% del “currículo mínimo recomendado”… 

El secretario de Estado de Cultura ha afirmado que no quiere que ese tiempo de lectura que “recupere el que existía en tiempos pasados en las etapas iniciales de la Educación” sea a través de una asignatura específica y que no sabe cómo se puede compatibilizar esa idea de que se lea más con la pérdida continua de las Humanidades en el periodo educativo… vamos, que yo creo que, una de dos, o está algo perdido o nos ha dicho algo que todos queremos escuchar, pero que nadie sabe poner en marcha…

¿Qué vamos a leer en clase? ¿Vamos a conseguir que los enunciados de los problemas de matemáticas sean más literarios? ¿Vamos a aprender a multiplicar con poemas? ¿El clima y los órganos de nuestro cuerpo se van a contar con metáforas y aliteraciones? ¿Los maestros se dedicarán a leer fragmentos de literatura en clase de Ciencias?

No sé bien si es tan difícil conseguir que se lea… creo que hay centros que lo consiguen sin apenas esfuerzo (o, mejor aún, con mucha ilusión y con muchas ganas). Bibliotecas, Clubes de Lectura, Colegios, Librerías… a veces parece tan fácil, que no entiendo cómo no se logra más. 

Esta misma mañana me preguntaba una amiga cómo conseguir que su niña leyese más, una niña de 5 años. Yo me he reído, tener esa preocupación a los 5 años es algo que me parece divertido. No pasa nada. Con 5 años es difícil que uno se ponga a leer un libro. Otra cosa es que juguemos con el libro, lo manoseemos, miremos de arriba abajo hasta la última de sus ilustraciones, conozcamos al detalle ese mordisco que hicimos sin querer a una de sus páginas… y recordemos ese momento en el que compartimos ese libro con alguien que nos quiere y que nos acompaña en la lectura.

Creo que, una vez más, el Gobierno y sus ideas van por detrás. Llevad libros a los colegios, llevad a sus autores, haced que los niños tengan un trato diario con los unos y con los otros. Que conozcan al escritor de ese libro que tienen en las manos tan bien como conocen al tercer suplente de la portería de un equipo de fútbol de segunda división (como mínimo). Que disfruten de la lectura, que jueguen con ella, que se adentren en las historias con ánimo de diversión. Que no piensen que son herramientas de estudio y de aprendizaje, sino de ocio y recreo. Veréis cómo leemos más. Olvidémonos por unos años de Quijotes, Lazarillos, Celestinas y Regentas… o, mejor aún, tengámoslos a nuestro lado, para que sepamos de dónde vienen las historias que tanto disfrutamos hoy. Démosles a nuestros chavales libros actuales, de autores vivos, de autores cercanos y fáciles de encontrar incluso en un paseo por la calle. Convirtamos la lectura en un juego. Seguro que, más de la mitad de esos jugadores infantiles seguirán jugando de mayores. 

Yo me adentré en la lectura jugando con tebeos, con novelas infantiles, con poemas y cuentos escuchados en la radio… como muchos adolescentes intenté pasar de puntillas por muchos de los libros que me obligaron a leer en el instituto (de hecho, lo logré en algunas ocasiones…), pero seguí leyendo mis historias, esas que me apasionaban y me emocionaban, que me atrapaban y hacían disfrutar de mi propio tiempo de ocio.

Ese es el secreto. Olvidarnos de las obligaciones y convertirlas en devociones. Si a un niño no se nos ocurre ponerle a ver películas de Cine Mudo o grandes clásicos del cine, por eso de que, si no, de mayores no van a conocer ese bagaje cultural, ¿por qué lo hacemos con los libros? Los niños ven cine, ven buen cine, cine de actualidad, de hoy, y, con un poco de suerte, querrán saber por qué existe hoy ese cine que les gusta y se adentrarán más allá… o no, nunca se puede saber, ¿por qué nos cuesta tanto que hagan lo mismo con la lectura?

Señor secretario de Estado de Cultura, Don Fernando Benzo. Para leer, para seguir leyendo, para convertirnos en Lectores, con mayúsculas, hay que amar a los libros, nada más. Y hacerlo desde muy pequeños. No es una cuestión de horarios o de cuotas. De obligaciones o currículos. Es una cuestión de imaginación, cariño, compromiso, ilusión y buenas elecciones.