12 de febrero de 2017

Un segundo

El trasgo vio el cuello desnudo de la elfa y sintió un deseo irrefrenable de lanzarse hacia ella. Quería saltar, morder, desgarrar y masticar... saborear la sangre caliente de una guerrera de la Antigua Raza era un deleite del que había escuchado leyendas e historias desde niño. Se lo pensó un segundo. La mujer era imponente y ni siquiera el ogro había logrado derrotarla. Ese instante de duda le salvó la vida. Ella había adivinado su pensamiento y le señalaba con una espada que se antojaba cálida y mortal. Ella se distrajo mirándole, hacía décadas que nadie, ni siquiera un elfo, veía un trasgo. Se decía que se habían extinguido. Esa distracción solo duró un segundo, como la vacilación del trasgo había solo eso, un único segundo. A la elfa le costó la vida. Dos trolls surgieron de las paredes graníticas de la cueva y enraizaron sus piernas a la roca. La mujer supo que no tenía escapatoria y por primera vez dejó apreciar un rictus de terror en la cara. Ese fue el momento. Shazarl aún esperó a que dos de sus hermanos muriesen bajo la hoja luciente. Pero, como era previsible, la guerrera terminó por ceder ante el ímpetu de dos docenas de trasgos hambrientos. Sonrió, dejando ver unos colmillos afilados y casi tan relucientes como la espada marchita de la mujer. Mientras saboreaba la sangre caliente supo que esa elfa solo sería la primera...