7 de mayo de 2017

Leer


En el principio fue una letra. Ni siquiera sabía qué letra era. Se lo tuvo que pensar bastante hasta que lo decidió. Después ya fue una palabra. También le costó decidirse, pero a los pocos minutos ya lo supo, se trataba de la palabra “sonrisa”, que sonaba muy bien y, sin saber por qué todavía, le sonaba a algo luminoso y repleto de buen humor. Un poco más tarde ya se convirtió en frase. Una frase muy humilde y pequeñita al comienzo, pero que cogió fuerza y se hizo orgullosa y muy segura con el tiempo. Una vez afianzada como frase ya se hizo párrafo. Un párrafo valiente que hablaba de libertad y respeto, de amistad y compañía. Más tarde capítulo, un capítulo algo tímido al principio, pero que finalizaba con una seguridad enorme; y, finalmente, y tras mucho esfuerzo, un libro. Un libro completo.

Y hoy, vosotros, lo estáis leyendo. Y disfrutando. Y escuchando.

Y, seguro que, gracias a esta historia. Algunos acabaréis escribiendo. O, por lo menos, soñando.

Los libros nos hacen ver, reír, disfrutar, soñar, vivir.

Los libros nos hacen escribir.

Los que no leen…

Bueno, ellos se lo pierden.