23 de junio de 2017

Perdido


Constatar que estaba perdido provocó que Sharlz perdiese cualquier atisbo del terror que le había sometido durante los últimos días. Había huido a través del bosque y el desierto. Había corrido durante el día y la noche. Había atravesado un par de ríos e incluso se había refugiado en la choza de una familia a la que aterrorizó para que le permitiesen ocultarse junto a ellos. Pero al final... estaba rodeado. A pesar de la carrera y del sacrificio. A pesar de haber puesto todas sus fuerzas en fugarse. No tenía escapatoria. Y eso hacía que, de repente, tuviese ganas de luchar o, al menos, de morir como debía hacerlo.

Nunca había sido demasiado valiente. Es más, entre los suyos era conocido como un consumado cobarde. Y, aun así, Sharlz supo que, llegado ese momento, debía afrontar su final como alguien que sabía que no era. Si tenía que morir, lo haría como un guerrero. Antes de dejarse ver y lanzarse a la carga, recordó al niño, ese tierno y pequeño niño arrebatado a una madre demudada por el horror. Suspiró. Tendría que haber sido más cuidadoso. Y sin embargo… Aún podía saborearlo. No se arrepentía de nada. Con un chirriante sonido, extrajo su oxidado y sucio alfanje de la cubierta metálica en la que llevaba tantos años descansando. Y se levantó en toda su estatura. Era un cobarde. Eso era indudable, pero era un cobarde enorme. La media docena de humanos que llevaba días tras sus pasos recularon instintivamente al ver toda su envergadura y monstruosidad.

La noche fue testigo mudo del único instante de valor en el corazón del troll. Un búho ululó cuando la criatura se lanzó a la carga. Si iba a morir, lo haría matando. Oreg el Cruel, el dios de los trolls, premiaba a los suicidas. O eso decían los chamanes… Sharlz nunca había destacado por su valor. Tampoco por su destreza en la lucha. La refriega apenas duró un par de minutos. A los pocos días, una partida de cazadores enanos se topó con un tenebroso y maloliente mausoleo compuesto por un alfanje oxidado, una cabeza de troll brutalmente golpeada y la palabra “Cobarde” grabada en una piedra.